Usualmente las negrillas y subrayados son nuestros.

lunes, enero 28, 2008

Nota biográfica del primer economista

*
Las negrillas, sangrías y separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio.

Véase completa y relacionada en:

http://www.eumed.net/cursecon/economistas/Abenjaldun.htm

Abenjaldun (Ibn Haldún o Jaldún) (1332-1406)

Su nombre completo es Abu Zaid Abdurrahman Ibn Jaldún al-Hadramí. Algunos lo consideran, con fundamento, el verdadero padre de la ciencia económica. Es probable que muchas de sus ideas fueran transmitidas a Europa través de los dominicos de la Escuela de Salamanca.

Las ideas económicas de Abenjaldún se desarrollan a lo largo de su libro al-Muqaddimah, y más especialmente en los capítulos donde considera la vida de las ciudades.
Descubre en la dinámica del mercado el germen de las crisis culturales. Analiza una serie de conceptos económicos -entre ellos, los de población, precio, beneficio, lujo, y formación de capital- y traza su interrelación. Aboga por un sistema de libre competencia y condena toda intervención de parte del sultán en las actividades agrícolas, industriales o comerciales del pueblo.
Nació el 27 de mayo de 1332 en Túnez (entonces capital de la Ifriqiyya) en el seno de una familia árabe-española, que vivió mucho tiempo en la Sevilla musulmana y cuyos miembros fueron prominentes funcionarios de las administraciones omeya, almorávide y almohade hasta 1228, año que emigraron a Ceuta.

Uno de sus antepasados fue el geómetra, astrónomo y médico sevillano Abu Muslim Ibn Jaldún (m.1057). El historiador cordobés Ibn Hayyán (987-1076) dice: «La familia Jaldún es hasta el presente una de las más ilustres de Sevilla. Ha brillado siempre por el elevado rango que ocupan sus miembros en los mandos militares y en las ciencias».

Sus padres murieron cuando tenía quince años, durante la epidemia de peste bubónica conocida como «La peste negra» de 1347-1348, que se cobró más de cien millones de vidas solamente en Europa y causó también estragos en Túnez.

Abenjaldun participó muy activamente en la política y gestión públicas de diversos países del ámbito musulmán de su época. Como consecuencia de una conspiración en la que participó contra el sultán mariní Abu ‘Inán (gobernó entre 1348-1358), fue encarcelado durante dos años (758-759 H./1357-1358). Estuvo al servicio de varios príncipes del Magreb y de al-Ándalus.

Entre 1363 y 1374 vivió en Fez, en Sevilla (embajador musulmán ante la corte de Pedro el Justiciero), en Granada, (donde llegó a ser Señor de Elvira), en Bugía y en Biskra (Constantina, Argelia).
De este modo descubrió sobre el terreno el desmembramiento social y político del Occidente musulmán, lo que reforzaba su gusto por el estudio y la reflexión.
Muy impresionado por la muerte de su gran amigo y colega, el médico, historiador y místico granadino de la escuela shií, Lisanuddín Ibn al-Jatib (1333-1375), estrangulado en la cárcel de Fez, se refugió durante cuatro años (776-780 H./1375-1379) en el castillo de Qalat-Ibn-Salama, en el sudoeste de Frendah (46 kms. al oeste de Tiaret, Orán, Argelia). Terminó allí la primera redacción de su Al-Muqaddimah. Regresó a la ciudad de Túnez, pero para enseñar y acabar la primera redacción de la llamada «Historia Universal» (en árabe Kitab al-‘ibar: "Libro de los bereberes").

Una intriga tramada por los celosos enemigos de su éxito, le obliga esta vez a marchar a Egipto, donde ocupará —también con numerosas vicisitudes— el cargo de Gran Cadí (Juez supremo) en la administración de los sultanes mamelucos.

Posteriormente, residió un tiempo en Damasco (1399-1401) y durante el asedio de esta ciudad por los invasores mongoles (enero y febrero de 1401), salvó la vida gracias a su fama y a la admiración que Timur Lang (Tamerlán ) tenía por los sabios.

Finalmente, se estableció como magistrado en El Cairo y fue profesor de la Universidad de Al-Azhar. Falleció el 17 de marzo de 1406 y fue sepultado en el cementerio de los sufíes de esta ciudad.

Su obra cumbre es el Kitab al-‘ibar ("Libro o Historia de los bereberes" también conocida como «Historia universal»).

Está dividida en tres partes. Una es su propia autobiografía (al-Ta’rif bi-Ibn Jaldún).

La parte más famosa es al-Muqaddimah ("Los prolegómenos"), que ha sido traducida a todos los idiomas.

Ibn Jaldún comienza por establecer las reglas de la crítica histórica que permiten fijar con certeza los hechos; entra el tema de su materia estableciendo la gran división entre pueblos de tribus nómadas y sedentarias; describe la formación de las ciudades, la influencia que ellas ejercen sobre sus habitantes, el nacimiento de todo poder por el espíritu del seno de la familia, la fundación de imperios y las causas de su decadencia; la naturaleza de los diferentes especies de reinos, del califato y del imamato, es decir, del poder temporal y del poder espiritual del califa.
*

Los precios según Ibn Jaldun

*
Ibn Jaldun es considerado por algunos como el primer economista en la historia de la ciencia. Este trabajo atestigua la importancia y meticulosidad con que trató los problemas económicos.

Las leyes de oferta y demanda están expresadas en su embrión.

Pero también es importante señalar que a Ibn Jaldún se le considera un precursor de la Sociología.

Queda sellada la relación de la Economía con la Sociología desde sus inicios en las obras de Ibn Jaldún.

Es el primero, al parecer en hacer una clasificación de las necesidades en indispensables, complementarias y superfluas.

SOBRE LOS PRECIOS (DE ARTÍCULOS Y MERCANCÍAS) EN LAS CIUDADES

En los mercados se encuentran las cosas que son necesarias para los hombres; en primer lugar, las que les son indispensables y que sirven para la alimentación, como el trigo y los demás productos análogos, tales como legumbres, garbanzo, guisantes verdes y otros granos alimenticios, así como las plantas empleadas como sazonamiento, tales como la cebolla, el ajo y otras hierbas del mismo género. Asimismo se encuentran las cosas de necesidad secundaria y superfluas, tales como los condimentos, las frutas, las vestimentas, los utensilios de menaje, los arneses, los productos de diversas artes y los materiales de construcción.

Si la ciudad es grande y encierra numerosa población, los artículos alimenticios de primera necesidad, y todo lo que se entiende dentro de esta categoría, son baratos; pero los superfluos, tales como los condimentos, las frutas y demás cosas similares, son caros. Lo contrario ocurre en las ciudades de pocos habitantes y de escaso progreso. He aquí la razón: los cereales son indispensables para la alimentación del hombre: por tanto sobran los motivos para que cada quien trate de abastecerse de ellos; nadie dejaría su casa sin un aprovisionamiento suficiente para un mes o un año, pues la mayor parte de las gentes, si no la totalidad, se ocupan de la provisión de cereales, tanto los citadinos como los que residen en las cercanías. Norma invariable. Además, cada jefe de familia se hace de provisiones que exceden generalmente de sus necesidades, excedente que bastaría a un buen número de habitantes de esa ciudad. De tal suerte la existencia en dichos granos alimenticios supera a la exigencia de la población; y por consiguiente baja su precio en el mercado, excepto en algunos años en que las influencias atmosféricas perjudican a su producción. Ahora si los habitantes, con el temor de una tal desdicha, no acaparan a tiempo esos cereales, se brindarían graciosamente y sin compensación, debido a su gran abundancia por el crecido número de la población.

En cuanto a los demás artículos, como condimentos, frutas y otras cosas por el estilo, cuya necesidad no es tan común y cuya producción no requiere el trabajo de toda la población, ni siquiera de la mayor parte.

Sin embargo en una ciudad de considerable desarrollo social, de bastantes exigencias del lujo, habrá suficientes motivos para que estos artículos tengan mucha demanda y cada quien procure proveerse de ellos tanto como sus medios le permitieran. La cantidad que de ellos exista en la ciudad se vuelve completamente insuficiente; los compradores se hacen numerosos y esas cosas, de por sí limitadas, se escasean totalmente. Entonces los interesados se aglomeran, luchan porfiadamente por lograrlas, y los opulentos, teniendo más menester de ellas que el resto de la población, las pagan a excesivos precios. De ahí la causa de su encarecimiento.

Por cuanto respecta a las artes, el encarecimiento de sus productos en las ciudades muy pobladas, estriba en tres razones:

1ª. la crecida demanda, a consecuencia del lujo que allí prevalece y que es siempre en relación con la importancia del desarrollo social;

2º. las altas pretensiones de los obreros, que no quieren trabajar ni fatigarse mientras que la abundancia de los artículos alimenticios que existen en la ciudad les permite mantenerse con poco costo;

3º. el gran número de individuos que viven en la abundancia y que, teniendo menester de que otros trabajen para ellos, toman a sus servicios a gentes de diversos oficios.

Por estos motivos, los artesanos reciben mayores salarios que el valor real de sus labores; se lucha a porfía con los competidores, a fin de apropiarse de los productos del trabajo, y de ahí resulta que los obreros y los artesanos se vuelven muy exigentes y ponen un alto precio a sus servicios. Esto absorbe una gran parte de los recursos que poseen los habitantes de la ciudad.

En las pequeñas ciudades, de poca población, los artículos alimenticios son escasos, debido al poco trabajo y al temor a la carestía, cosa que induce a los habitantes a acaparar todos los granos que puedan alcanzar. Lo cual conduce a la carencia de los granos (en el mercado) y a la subida de su precio para los que desean comprarlos. En cuanto a los artículos de necesidad secundaria, su demanda es bien exigua, dado el corto número de los habitantes y sus raquíticos medios; por eso dichos artículos son muy poco buscados entre ellos y se venden bien baratos.

Por otra parte, los comerciantes, al fijar los precios a los granos, toman en cuenta los derechos e impuestos que se les asigna en los mercados y en las puertas de la localidad, a nombre del sultán; tampoco olvidan la contribución impuesta por los receptores sobre todos los efectos vendibles. Por ello los precios son más elevados en las ciudades que en los campos, donde los impuestos y demás derechos son insignificantes o no existen. Todo lo contrario en las ciudades (los impuestos son numerosos y pesados), particularmente en la época en que la dinastía reinante se inclina hacia su ocaso.

Además, al establecer los precios de los artículos alimenticios, se incluyen inevitablemente los cuidados especiales que pueda exigir la labranza: tal ocurre actualmente en España.

La población musulmana de ese país, al dejarse arrebatar sus buenas tierras y sus fértiles provincias por los cristianos, se vio empujada al litoral y reducida a las comarcas más accidentadas, impropias para la agricultura y poco favorables a la vegetación. De ese modo se encuentra obligada a preparar minuciosamente estas tierras para el cultivo, a fin de obtener algunas cosechas regulares. Los trabajos de esta índole ocasionan fuertes gastos y requieren el empleo de diversos accesorios de los cuales algunos, como el abono, por ejemplo, son bastante costosos.

Por tanto los gastos de labranza son muy elevados entre los musulmanes de España y cuentan necesariamente en el precio de venta.

De ahí la carestía que reina en esa parte del territorio español, desde que los cristianos forzaron a dicha población a retroceder hacia el litoral.

Cuando los hombres hablan de la elevación de precios en España, la atribuyen a la escasez de víveres y cereales; pero se equivocan, porque, de todos los pueblos del mundo, los españoles son los más industriosos y los más hábiles. Toda la gente entre ellos, desde el sultán hasta el hombre del pueblo, poseen una finca rústica o una fanega que explotan. Las únicas excepciones son los artesanos, los profesionales y los hombres venidos al país con la intención de hacer la guerra santa. El sultán asigna incluso a estos voluntarios, a título de sueldo y manutención, unas tierras que pudieran proporcionarles la subsistencia, a ellos y a sus caballos. Pero la verdadera causa de la carestía de los granos en el medio ambiente de los muslimes españoles es aquella que acabamos de señalar. Todo lo opuesto son las circunstancias en el país de los bereberes: la vegetación bien frondosa, el suelo fértil y no exige ningún apresto dispendioso; las tierras cultivadas muy extensas y toda la gente posee su porción. De ahí resulta que los víveres son baratos en esta región. Y Dios determina las noches y los días.

Tomado de:

http://www.eumed.net/cursecon/textos/abenjaldun-soberano.htm


Nota: Introducción a la historia universal. (Al Muqaddimah). Estudio preliminar, revisión y apéndices de Elias Trabulse, México, 1977. pp. 507-509, 643-645 Alojado en "100 textos de Economía"

sábado, enero 26, 2008

Principios de Economía Política

*
Los Principios de Economía Política es la obra más conocida de Marshall.

Posiblemente pueda decirse que Marshall construyó el edificio de la Economía Política Subjetiva (en el sentido de que el valor de las cosas es creado por el consumidor individual) fusionando la teoría económica del mercado de Smith y Ricardo con el formalismo de la matemática. Fué un paso más, en el alejamiento de la economía de la teoría del valor trabajo. Pero fué un paso de especial importancia cruzando el reino de la producción, de lo social y lo político hacia el reino de la circulación y la matemática.

Los principios de Marshall pueden leerse en:

http://www.econlib.org/library/Marshall/marP.html

*

viernes, enero 25, 2008

Teoría positiva del capital

Para estudiar los fundamentos del neoliberalismo, la lectura de La Teoría Positiva del Capital, parece ser necesaria, el texto completo en inglés y en línea, en:

http://www.econlib.org/library/BohmBawerk/bbPTC.html

Riqueza de las Naciones, texto completo

*
Al parecer el texto completo de la Riqueza de las Naciones, en inglés, puede leerse en línea en:

http://www.bibliomania.com/2/1/65/112/frameset.html

Y siempre en inglés que tiene la virtud de ser el idioma original de la obra, y probablemente con una mejor presentación para su lectura completa en línea, la Riqueza de las Naciones y la Teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith puede encontrarse en:

http://www.econlib.org/library/Smith/smWN.html
*

Sistema y modelo económico


*
Sistema y Modelo Económico

Un antecedente

La diferencia conceptual entre Sistema y Modelo Económico, la presentamos por escrito, por primera vez, en Coordinación Universitaria de Investigación Científica, CUIC, Documento de Trabajo, Universidad de El Salvador, Año 3, Nos. 13-14, Noviembre 1988-Enero 1989.

Recapitular la distinción entre sistema y modelo económico tiene importancia en la actual coyuntura electoral pues a nuestro juicio, lo que se debe y puede transformar es el Modelo Neoliberal aunque no así el Sistema Capitalista. Por ello retomaremos el planteamiento.

Dos conceptos

Una cosa es el Sistema Económico y otra el Modelo Económico.

El Sistema Económico es el funcionamiento general, articulado, regularizado de una economía. El capitalismo y el socialismo como sistemas funcionan con ciertas leyes generales de creación y distribución del excedente económico, en cada uno de los países en donde se desarrollan. El sistema económico puede decirse que es la base o el modo de producción que está compuesto de relaciones técnicas y sociales de producción que conjugan las de distribución y consumo.

Existen básicamente dos sistemas económicos en la actualidad: el capitalista y el socialista. Cada uno de ellos experimenta flujos y reflujos, avances y retrocesos.

El modelo económico es el funcionamiento específico, particular en términos históricos o teóricos de un sistema económico.

El modelo económico puede ser considerado desde dos ángulos: uno referido a determinada forma real y temporal en que funciona el sistema económico y otro a una formulación abstracta, simbólica y cuantitativa del funcionamiento real o supuesto de una economía. Cuando nosotros nos referimos al cambio del modelo económico consideramos los dos aspectos: el cambio histórico y el teórico, considerando el primero como el central.

Relación crítica

Una crisis del sistema implica necesariamente una crisis del modelo pero lo inverso no sucede con este grado de "fatalidad". Puede existir una crisis del modelo sin que ello implique una del sistema aunque se vea afectado en diferentes aspectos.

Pero también pueden los cambios en el modelo conducir a cambios en el sistema, sobre todo si en el proceso, objetiva y subjetivamente, se transforman relaciones sociales de producción cruciales.

Nos parece que el concepto de sistema es comprehensivo, incluyente del concepto de modelo o dicho en otros términos el modelo es un sub conjunto del sistema y condensa sus propiedades básicas en un contexto histórico determinado.

En el modelo se refleja la necesidad del cambio económico con más inmediatez que en el sistema. El modelo transformado puede conducir a la consolidación o a la modificación del sistema.

Posibilidad histórica del modelo neoliberal y coyuntura electoral

Las discusiones económicas y políticas giran en torno al modelo neoliberal en que funciona un sistema capitalista o un sistema de mercado en la actualidad.

En el caso de El Salvador, Centroamérica, el desarrollo del sistema capitalista periférico ha llegado a límites críticos haciendo sucumbir los modelos de desarrollo implementados hasta la fecha: agro exportador, sustitución de importaciones, reforma-contrainsurgente y en la actualidad se profundiza la crisis el modelo neoliberal.

Sin embargo el desarrollo de la sociedad y economía nacional y la situación histórica nacional e internacional no indican posibilidades (que se expresan en correlaciones de fuerzas políticas y sociales) de una transformación del sistema.

Como lo sabemos por elementos de Economía Política, la transformación económica y social no es producto exclusivo de una voluntad individual o colectiva políticamente organizada. El cambio del sistema económico en una sociedad está sujeto al desarrollo objetivo de leyes de la economía y la historia que se materializan en una coyuntura determinada, con una correlación nacional e internacional de fuerzas. Las fuerzas productivas se transmutan en fuerzas políticas solamente en determinadas condiciones y determinaciones históricas.

La necesidad de darle respuesta sistematizada en la década del 80 a una serie de cardinales problemas económicos y sociales conllevó a un conflicto bélico. En esta dirección es necesario plantearse para los instrumentos económicos (planes, políticas, proyectos) una imagen modelada de lo que se pretende construir o modificar.

En la vida política de la sociedad salvadoreña y en su dinámica electoral, el problema del modelo económico ha sido, es y será, implícitamente o explícitamente, siempre un punto de especial importancia. Desde luego que a veces otros aspectos como la coyuntura electoral, adquieren temporalmente importancia dominante con relación al modelo económico.

En la actualidad como a principios de la década del 90 del siglo XX con la firma de los Acuerdos de Paz, existe una peculiar coyuntura electoral que podría conducir a una redefinición del modelo económico: el modelo neoliberal ha generado los más grandes desequilibrios macroeconómicos en la historia de El Salvador.
*

¿Inviabilidad del Socialismo?

En la época de Mises el Socialismo no solamente era viable, sino que era una realidad. Todo sistema económico surge entre flujos y reflujos, así surgieron los imperios esclavistas, los reynos medioevales, los imperios capitalistas y así están viabilizándose los sistemas socialistas. Pruebas y errores históricos.

Mises nos quiere convencer de que la humanidad ya "topó" y que no existe en el horizonte mejor forma de organización social que la propiedad privada de los medios de producción. No se preocupa de siquiera describir y mucho menos analizar las desastrozas situaciones humanas, sociales y económicas y hasta ecológicas ha que ha llevado la propiedad monopólica de mercado.

Mises no recuerda que el principio socialista, al parecer no formulado por Marx ni por Engels, de que la sociedad debe organizarse conforme el principio de "a cada quién según su trabajo y su capacidad" está vigente, para el socialismo real y para el capitalismo real. Si tanto le preocupa a Mises mantener las diferencias sociales, la teoría socialista las postula solamente que no basada en la explotación enraízada en la propiedad privada de los medios de producción.

Pero Mises "toma el rábano por las hojas" y evita el análisis de la retribución al trabajo diferenciado como factor de la construcción del socialismo, sus obstáculos y perspectivas, su viabilidad por medio de la lucha social constante. Y sitúa su principal crítica en la ausencia de cálculo económico, de pérdidas y ganancias, en la sociedad socialista. Como no hay cálculo económico socialista se justifica la explotación capitalista.

El mismo sistema capitalista ha desarrollado mecanismos de análisis costo beneficio para aquellos casos en que la rentabilidad no puede medirse en términos estrictamente monetarios. Los "precios sombra" son una expresión de una ganancia social aunque no monetaria. Y en el mismo caso del ferrocarril de Mises, sin duda le ocasionaría controversia si hubiera vivido para conocerlo, el hecho de que un país, neoliberal hasta la médula como Taiwan, construye su ferrocarril transisleño con utilidades negativas o pérdidas a costa del Estado, para según las noticias entregarlo al sector privado cuando reporte utilidades positivas o ganancias. En Centromérica tenemos ejemplo claro de que si bien el Estado no es la panacea administrando tampoco la empresa estatal es ineficiente, per se. Costa Rica es un país que desde 1949 estatizó la energía eléctrica, las telecomunicaciones y los seguros y la empresa privada ahora quiere "caerle" a tales empresas precisamente porque son altamente viables y rentables. El problema de fondo es como se distribuyen las ganancias, o el valor agregado, o el excedente, o la plusvalía, si de manera pública o de manera privada, no cómo se realiza el cálculo económico que por lo demás a nuestro juicio no es la raíz definitoria de la distribución del ingreso nacional.

El artículo extractado de Mises en:

http://www.cedice.org.ve/detalle.asp?id=1135

LA INVIABILIDAD DEL SOCIALISMO

Ludwig von Mises

Se piensa con frecuencia que si el socialismo actualmente no funciona, ello se debe a que nuestros contemporáneos no poseen aún las necesarias virtudes cívicas, y que los hombres, tal como son actualmente, son incapaces de poner en el desempeño de las tareas que el estado socialista les asigne el mismo celo con que realizan su diario trabajo bajo el signo de la propiedad privada de los medios de producción, pues, en régimen capitalista, saben que es suyo el fruto de su trabajo personal y que sus ingresos aumentan cuanto uno más produce, reduciéndose en caso contrario. Por el contrario, en un sistema socialista el que personalmente se gane más o menos no depende ya casi de la excelencia del propio trabajo; en efecto, cada miembro de la sociedad tiene teóricamente asignada una determinada cuota de la renta nacional, sin que varíe de forma apreciable por el hecho de que se trabaje con desgana o con ahínco. La gente piensa que la productividad socialista ha de ser por fuerza inferior a la de la comunidad capitalista.

Así es, en efecto. pero no es éste el fondo de la cuestión. Si fuera posible en la sociedad socialista cifrar la productividad del trabajo de cada camarada con la misma precisión con que se puede conocer, mediante el cálculo económico, la del trabajador en el mercado, podría hacerse funcionar el socialismo sin que la buena o mala fe del individuo en su actividad productiva tuviera que preocupar a nadie. Podría entonces la comunidad socialista determinar qué cuota de la producción total corresponde a cada trabajador y, consiguientemente, cifrar la cuantía en que cada uno ha contribuido a ella. El que en una sociedad colectivista no sea posible efectuar semejante cálculo es lo único que, al final, hace que el socialismo sea inviable.

La cuenta de pérdidas y ganancias, instrumento típico del régimen capitalista, es un claro indicativo de si, dadas las circunstancias del momento, se debe o no seguir adelante con todas y cada una de las operaciones en curso; en otras palabras, si se está administrando, empresa por empresa, del modo más económico posible, es decir, si se está consumiendo la menor cantidad posible de factores de producción. Si un negocio arroja pérdidas, ello significa que las materias primas, los productos semielaborados y los distintos tipos de trabajo en él empleados deberían dedicarse a otros cometidos, en los que se produzcan o bien mercancías distintas, que los consumidores valoran en más y estiman más urgentes, o bien idénticos productos, pero con arreglo a un método más económico, o sea, con menor inversión de capital y trabajo, por ejemplo, cuando el tejer manualmente dejó de ser rentable, ello no indicaba sino que el capital y el trabajo invertido en las instalaciones de tejido mecánico eran más productivos, por lo que era antieconómico mantener instalaciones en las que una misma inversión de capital y trabajo producía menos.

En el mismo sentido, bajo el régimen capitalista, si se trata de montar una nueva empresa, fácilmente se puede calcular de antemano su rentabilidad. Supongamos que se proyecta un nuevo ferrocarril; cifrado el tráfico previsto y las tarifas que aquél puede soportar, no es difícil averiguar si resultará o no beneficiosa la necesaria inversión de capital y trabajo. Cuando ese cálculo nos dice que el proyectado ferrocarril no va a producir beneficios, hay que concluir que existen otras actividades sociales que reclaman con mayor urgencia el capital y el trabajo en cuestión; en otras palabras, que todavía no somos lo suficientemente ricos como para efectuar tal inversión ferroviaria. El cálculo de valor y rentabilidad no sólo sirve para averiguar si una determinada operación futura será o no conveniente; ilustra además acerca de cómo funcionan, en cada instante, todas y cada una de las divisiones de las diferentes empresas.

El cálculo económico capitalista, sin el cual resulta imposible ordenar racionalmente la producción, se basa en cifras monetarias. El que los precios de los bienes y servicios se expresen en términos dinerarios permite que, pese a la heterogeneidad de aquéllos, puedan todos, al amparo del mercado, ser manejados como unidades homogéneas. En una sociedad socialista, donde los medios de producción son propiedad de la colectividad y donde, consecuentemente, no existe el mercado ni hay intercambio alguno de bienes y servicios productivos, resulta imposible que aparezcan precios para los aludidos factores denominados de orden superior. El sistema no puede, por tanto, planificar racionalmente, al serle imposible recurrir a un cálculo que sólo puede practicarse recurriendo a un cierto denominador común al que pueda reducirse la inaprehensible heterogeneidad de los innumerables bienes y servicios productivos disponibles.

Contemplemos un sencillo supuesto. Para construir un ferrocarril que una el punto A con el punto B, cabe seguir diversas rutas, pues existe una montaña que separa A de B. La línea ferroviaria podría ascender por encima del accidente orográfico, contornear el mismo o atravesarlo mediante un túnel. Es fácil decidir, en una sociedad capitalista, cuál de las tres soluciones sea la procedente.

Se cifra el costo de las diferentes líneas y el importe del tráfico previsible. Conocidas tales sumas, no es difícil deducir qué proyecto es el más rentable. Una sociedad socialista, en cambio, no puede efectuar un calculo tan sencillo, pues es incapaz de reducir a unidad de medida uniforme las heterogéneas cantidades de bienes y servicios que es preciso tomar en consideración para resolver el problema. La sociedad socialista está desarmada ante esos problemas corrientes, de todos los días, que cualquier administración económica suscita. Al final, no podría ni siquiera llevar sus propias cuentas.

El capitalismo ha aumentado la producción de forma tan impresionante que ha conseguido dotar de medios de vida a una población como nunca se había conocido; pero, nótese bien, ello se consiguió a base de implantar sistemas productivos de una dilación temporal cada vez mayor, lo cual sólo es posible al amparo del calculo económico. Y el cálculo económico es, precisamente, lo que no puede practicar el orden socialista. Los teóricos del socialismo han querido, infructuosamente, hallar fórmulas para regular económicamente su sistema, prescindiendo del cálculo monetario y de los precios. Pero en tal intento han fracasado lamentablemente.

Los dirigentes de la ideal sociedad socialista tendrían que enfrentarse a un problema imposible de resolver, pues no podrían decidir, entre los innumerables procedimientos admisibles, cuál sería el más racional. El consiguiente caos económico acabaría, de modo rápido e inevitable, en un universal empobrecimiento, volviéndose a aquellas primitivas situaciones que, por desgracia, ya conocieron nuestros antepasados.

El ideal socialista, llevado a su conclusión lógica, desemboca en un orden social bajo el cual el pueblo, en su conjunto, sería propietario de la totalidad de los factores productivos existentes. La producción estaría, pues, enteramente en manos del gobierno, único centro de poder social. La administración, por sí y ante sí, habría de determinar qué y cómo debe producirse y de qué modo conviene distribuir los distintos artículos de consumo. Poco importa que este imaginario estado socialista del futuro nos lo representemos bajo forma política democrática o cualquier otra. Porque aun una imaginaria democracia socialista tendría que ser forzosamente un estado burocrático centralizado en el que todos (aparte de los máximos cargos políticos) habrían de aceptar dócilmente los mandatos de la autoridad suprema, independientemente de que, como votantes, hubieran, en cierto modo, designado al gobernante.

Las empresas estatales, por grandes que sean, es decir, las que a lo largo de las últimas décadas hemos visto aparecer en Europa, particularmente en Alemania y Rusia, no tropiezan con el problema socialista al que aludimos, pues todavía operan en un entorno de propiedad privada. En efecto, comercian con sociedades creadas y administradas por capitalistas, recibiendo de estas indicaciones y estímulos que su propia actuación ordenan. Los ferrocarriles públicos, por ejemplo, tienen suministradores que les procuran locomotoras, coches, instalaciones de señalización y equipos, mecanismos todos ellos que han demostrado su utilidad en empresas de propiedad privada. Los ferrocarriles públicos, por tanto, procuran estar siempre al día tanto en la tecnología como en los métodos de administración.

Es bien sabido que las empresas nacionalizadas y municipalizadas suelen fracasar; son caras e ineficientes y, para que no quiebren, es preciso financiarlas mediante subsidios que paga el contribuyente.

Desde luego, cuando una empresa pública ocupa una posición monopolista —como normalmente es el caso de los transportes urbanos y las plantas de energía eléctrica— su pobre eficiencia puede enmascararse, resultando entonces menos visible el fallo financiero que suponen. En tales casos, es posible que dichas entidades, haciendo uso de la posibilidad monopolista, amparada por la administración, eleven los precios y resulten aparentemente rentables, no obstante su desafortunada gerencia. En tales supuestos, aparece de modo distinto la baja productividad del socialismo, por lo que resulta un poco más difícil advertirla. Pero, en el fondo, todo es lo mismo.

Ninguna de las mencionadas experiencias socializantes sirve para advertir cuáles serían las consecuencias de la real plasmación del ideal socialista, o sea, la efectiva propiedad colectiva de todos los medios de producción. En la futura sociedad socialista omnicomprensiva, donde no habrá entidades privadas operando libremente al lado de las estatales, el correspondiente consejo planificador carecerá de esa guía que, para la economía entera, procuran el mercado y los precios mercantiles. En el mercado, donde todos los bienes y servicios son objeto de transacción, cabe establecer, en términos monetarios, razones de intercambio para todo cuando es objeto de compraventa. Resulta así posible, bajo un orden social basado en la propiedad privada, recurrir al cálculo económico para averiguar el resultado positivo o negativo de la actividad económica de que se trate. En tales supuestos, se puede enjuiciar la utilidad social de cualquier transacción a través del correspondiente sistema contable y de imputación de costos. Más adelante veremos por qué las empresas públicas no pueden servirse de la contabilización en el mismo grado en que la aprovechan las empresas privadas. El cálculo monetario, no obstante, mientras subsista, ilustra incluso a las empresas estatales y municipales, permitiéndoles conocer el éxito o el fracaso de su gestión. Esto, en cambio, sería impensable en una economía enteramente socialista no podrían jamás reducir a común denominador los costos de producción de la heterogénea multitud de mercancías cuya fabricación programaran.

Esta dificultad no puede resolverse a base de contabilizar ingresos en especie contra gastos en especie, pues no es posible calcular más que reduciendo a común denominador horas de trabajo de diversas clases, hierro, carbón, materiales de construcción de todo tipo, máquinas y restantes bienes empleados en la producción. Sólo es posible el cálculo cuando se puede expresar en términos monetarios los múltiples factores productivos empleados. Naturalmente, el cálculo monetario tiene sus fallos y deficiencias; lo que sucede es que no sabemos con qué sustituirlo. En la práctica, el sistema funciona siempre y cuando el gobierno no manipule el valor del signo monetario; y, sin cálculo, no es posible la computación económica.

He aquí por qué el orden socialista resulta inviable; en efecto, tiene que renunciar a esa intelectual división del trabajo que mediante la cooperación de empresarios, capitalistas y trabajadores, tanto en su calidad de productores como de consumidores, permite la aparición de precios para cuantos bienes son objeto de contratación. Sin tal mecanismo, es decir, sin cálculo, la racionalidad económica se evapora y desaparece.

Texto de Ludwig von Mises publicado en Viena en 1927, en su obra Liberalismo.

La Vida de Ludwig von Mises

BIBLIOGRAFIA DE LUDWIG VON MISES

1. Ludwig von Mises, "The Theory of Money and Credit" (Indianapolis: Liberty Classics, 1981). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "Teoría del dinero y del crédito" (Madrid: Aguilar, 1936)

2. Ludwig von Mises, "Bureaucracy" (Yale University Press, 1944). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "Burocracia" (Madrid: Unión Editorial, 1974)

3. Ludwig von Mises, "Theory and History" (Yale University Press, 1957). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "Teoría e historia" (Madrid: Unión Editorial, 1975)

4. Ludwig von Mises, "Epistemological Problems of Economics" (Princeton: Van Nostrand, 1960)

5. Ludwig von Mises, "Socialism: An Economic and Sociological Analysis" (Indianapolis: Liberty Fund, 1981). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "El Socialismo" (México: Ed. Hermes, 1961)

6. Ludwig von Mises, "The Free and Prosperous Commonwealth" (Princeton: Van Nostrand, 1962). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "Liberalismo" (Barcelona: Planeta-Agostini, 1994)

7. Ludwig von Mises, "The Ultimate Foundation of Economic Science" (Princeton: Van Nostrand, 1962)

8. Ludwig von Mises, "Human Action: A Treatise on Economics" (Chicago: Henry Regnery, 1966). Traducción al castellano: Ludwig von Mises, "La acción humana. Tratado de economía" (Madrid: Unión Editorial, 1995)

9. Ludwig von Mises, "Nation, State and Economy" (New York University Press, 1983)

10. Ludwig von Mises, "Epistemological relativism in the social sciences" en H. Shoeck y J. Wiggins comps., "Relativism and the Study of Man" (Princeton: Van Nostrand, 1961)

El Socialismo según Mises

Una reseña del libro Socialismo de Mises:

1. La aportación más decisiva.

2. El mercado es lo único viable, para este señor.

3. Es toda una teoría de la sociedad.

Con estas referencias será un placer necesario estudiarlo e iniciar una valoración crítica.

La reseña:

http://www.librerialexnova.com/fichalibro.php?isbn=978-84-7209-439-0

En esta ya su quinta edición, El Socialismo (escribe Von Hayek) constituye la aportación más decisiva de Ludwig von Mises. Cuando apareció por primera vez en 1922, «su impacto fue muy profundo. Alteró gradual, pero fundamentalmente, la perspectiva de toda una generación y desafió el pensamiento de muchos jóvenes idealistas».

Con esta obra, ya clásica, Ludwig von Mises, en palabras de François Perroux, «ha aportado una contribución excepcional a la crítica del socialismo». Pero Socialismo es mucho más que una simple crítica al socialismo en sus diversas formas. Su ambición va mucho más allá de demostrar que una sociedad construida al margen del mercado es inviable porque en ella es imposible el cálculo económico y por consiguiente la solución racional de los problemas económicos. Para poder fundamentar su crítica, Mises se adentra en los campos, no sólo de la economía, sino también de la sociología, la filosofía y la historia, haciendo gala de una prodigiosa información en el análisis de problemas radicales como los de la propiedad, la producción y la distribución, la posición del individuo en la sociedad, la naturaleza de la colaboración social, la estructura de la acción humana, la evolución histórica, la función de los intereses y los ideales, la relación entre socialismo e instituciones sociales, entre socialismo y ética, la relación histórica entre socialismo y fascismo, entre socialismo y liberalismo y varios más: toda una teoría de la sociedad, con plena vigencia en la actualidad, a pesar de ciertas apreciaciones coyunturales sobre el socialismo dominante en su tiempo y a pesar también de las transformaciones que el socialismo ha experimentado en los últimos cincuenta años y del abandono de muchos de sus dogmas.

ÍNDICE

Prólogo;
Prefacio a la segunda edición alemana;

Introducción;

Primera parte. Liberalismo y socialismo;

Segunda parte. La economía de la comunidad socialista:

Sección I. El Estado socialista aislado;
Sección II. Relaciones externas de la comunidad socialista;
Sección III. Diversas formas de socialismo y pseudo-socialismo;

Tercera parte. La doctrina de la inevitabilidad del socialismo:

Sección I. La evolución social;
Sección II. La concentración del capital y la constitución de los monopolios como etapa preliminar del socialismo;

Cuarta parte. El socialismo como exigencia moral;

Quinta parte. El destruccionismo;

Conclusión. El papel histórico del socialismo moderno;

Epílogo.

Mises como Girondino

Un blog con datos de personalidades liberales y neoliberales:

http://girondinos.blogspot.com/2005/10/ludwig-von-mises.html

Aquí se encuentran más datos de Mises. Y una descripción de sus planteamientos económicos. Básicamente refiere que en el socialismo, por no existir un sistema de precios, no se pueden calcular los costos. ¿No se pone la cosa al revés, que los costos de producción son el origen de los precios?.