3.3.08

Maestro de economistas latinoamericanos

Silva Herzog es maestro de economistas de latinoamérica. Probablemente es uno de los estudiosos de la ciencia que más ha contribuido a difundir y cimentar la personalidad propia, independiente, de la ciencia económica y su carácter social. Es clásica su "Homilía para Futuros Economistas", cuya tercera edición, realizada en 1963, por la Facultad de Economía de la Universidad de El Salvador, fué dedicada por el autor a los alumnos de esta institución. La primera edición de "Homilía..." apareció en 1956 (Cuadernos Americanos).

Un párrafo profundo de Silva Herzog:

"(...) la utilidad de las matemáticas para el economista. Lo reconozco sin reserva allguna. Pero no es lo mismo reconocer que las matemáticas son herramientas útiles y aún indispensables al economista, que sostener que la Economía es una ciencia matemática porque se ocupa de cantidades. Entre una y otra postura, entre una y otra concepción la distancia es inmensa.

A mi parecer el punto de vista de Sismondi, se aproxima más a la verdad que los puntos de vista de Jevons y de Say; pero se hubiera aproximado más todavía, si hubiera escrito que la Economía es una ciencia social que estudia cómo se producen y distribuyen los bienes materiales y cómo debieran producirse y distribuirse; si hubiera añadido que su objeto no es la riqueza por la riqueza misma, sino un medio para mejorar al hombre en todos los aspectos esenciales de su existencia individual y colectiva."

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Jesús Silva Herzog

(San Luis Potosí, México, 1892-Ciudad de México, 1985) Economista mexicano.

En 1910, año en que estalló la Revolución, fue enviado por su familia a Nueva York para cursar estudios de economía.

De regreso en su ciudad natal comenzó a ejercer el periodismo en El Demócrata y Redención, y estuvo cerca de ser fusilado por sus divergencias con el ideario constitucionalista de Venustiano Carranza.

En 1922 se graduó en economía por la Escuela de Altos Estudios de la Universidad Nacional. A partir de entonces, su influencia en la vida pública del país fue constante.

Preocupado por la enseñanza de su especialidad, fundó el Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas y la Revista Mexicana de Economía, institución que dirigió de 1940 a 1942.

Como investigador se interesó por la historia de la economía y temas como la reforma agraria y la cuestión petrolera. Petróleo mexicano. Historia de un problema (1941), El pensamiento económico en México (1947) y El agrarismo mexicano y la reforma agraria (1959) son sus tratados más destacados.

En este discurso se perfila la trayectoria de Silva Herzog al tiempo que se realiza una síntesis muy precisa del carácter social de la economía con extractos de trabajos de economistas como Keynes.

Discurso de la entrega de los Premios en Investigación Económica Mtro. Jesús Silva Herzog Versión 2000

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Rendirle un homenaje al Mtro. Jesús Silva Herzog a través de los Premios en Investigación que otorga en su nombre el Instituto de Investigaciones Económicas es reconocer sus aportaciones a la Ciencia Económica.

Nuestra ciencia no rinde frutos como quisiéramos, el mundo se convulsiona y la producción crece por largos periodos para ir declinando poco a poco y destruir sus propias fuerzas productivas.

La construcción sobre la destrucción de la tecnología, los avances de la innovación y la ciencia. Así, nuevamente, vuelve a crecer la producción pero no se distribuye equitativamente, ni de forma tal que posibilite el desarrollo de las capacidades productivas y creativas de toda la población.

Sin embargo, a lo largo del siglo XX el pensamiento científico en economía ha tenido importantes aportaciones al conocimiento que se genera en las ciencias sociales y las llamadas ciencias duras para la comprensión de los procesos económicos y sus determinaciones.

Aún más, se registró un crecimiento impensable en otras épocas de académicos y profesionales dedicados de tiempo completo al trabajo de esclarecer múltiples fenómenos económicos. Así, el campo mismo de la ciencia económica también se acrecentó.

En México, todavía al inicio del siglo pasado se debatía si la economía tenía un campo específico de estudio o si debía enseñarse en las aulas de las escuelas de derecho y contaduría. Sin embargo, en muy pocos años la ciencia económica avanza hasta alcanzar aportaciones sustanciales y no cabe duda de que hoy conocemos más acerca de la economía mexicana, sus procesos, determinaciones y perspectivas.

Los grandes temas económicos en debate durante el siglo pasado fueron precisamente los problemas del desarrollo, nuestro Instituto tempranamente supo encaminar sus esfuerzos en la línea que marcaba el mayor desafío a la ciencia económica.

A pesar de los importantes avances alcanzados por la ciencia económica en nuestro país, con las contribuciones nuestras y de otros centros académicos y científicos, las aceleradas transformaciones económicas y la presencia de viejos y nuevos problemas, mantienen vigente el desafío del desarrollo.

Existe una necesidad social y política de alcanzar un mínimo de bienestar social y económico para toda la población, que sólo es viable cuando los procesos económicos son deliberadamente encaminados a ello.

La ciencia económica a pesar de las grandes aportaciones que ha dado a la humanidad no ha logrado la distribución de la riqueza que permita en la mayoría de la población que todo ser humano mantenga un mínimo de alimentación y reciba servicios de salud indispensables. Es decir, que cada individuo en nuestra sociedad tenga la oportunidad de trabajar y que todo aquel que desee trabajar pueda hacerlo en condiciones que permitan a la sociedad beneficiarse de todas las capacidades productivas y creativas de su fuerza laboral.

Con otro nivel de retribución al trabajo, su efecto multiplicador sobre la demanda, pero también sobre la vida social y democrática del país, se percibiría de manera casi inmediata y podría gestar las bases económicas detonantes del propio crecimiento económico. Sin embargo, no es la ciencia económica la que distribuye la riqueza, sino las decisiones de política económica.

El uso eficiente de los recursos productivos es un principio que no está a discusión, como tampoco el hecho de que los recursos naturales son finitos. Lo que sí está a discusión y pone en peligro la vida de la sociedad y del propio planeta es seguir aplicando políticas públicas irracionales que no permiten mejorar la calidad de vida. ¿Cómo lograr un desarrollo económico sostenido con equidad?. Esta pregunta se formula a cada momento y en cada contexto histórico ha encontrado múltiples respuestas; es parte de una discusión profunda de lo que han sido la economía y el pensamiento económico desde hace más de 2,900 años.

Hesíodo, el poeta griego, escribió un poema económico “Los trabajos y los días”; quinientos años después, Jenofonte escribió “La Economía” y otro libro “Medios de aumentar las rentas públicas de Atenas”.

Posteriormente, en el “Deuteronomio”, último libro del Pentateuco, atribuido a Moisés, se establece el pago de diezmos y primicias. Estas son las primeras obras de las que se tiene noticia en las cuales se tratan principios de la economía.


Las aportaciones a la economía política van desde Antonio de Montchrétien con su libro “Tratado de la Economía Política” hasta el libro de Carl Menger que también abarca los “Principios de Economía Política”.

Cabe destacar la obra “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith cuyos antecedentes se encuentran en Francois Quesnay, Mercier de la Riviere, Dupont de Nemours y el abate Baoudeau. Carlos Marx considera a William Petty el verdadero fundador de la economía política junto con John Locke y David Hume. No podríamos dejar de mencionar las aportaciones de David Ricardo en su libro “Principios de Economía Política y Tributación”. Puede afirmarse que Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill y Robert Malthus, son los fundadores de la economía clásica inglesa. Carlos Marx estudió seriamente a Smith y Ricardo, a los socialistas franceses y a los utopistas y filósofos alemanes Feuerbach y Hegel que hicieron aportaciones sustanciales a la ciencia de la economía política.

Recientemente, William Stanley Jevons en su libro “La Teoría de la Economía Política”, junto con Walras y Menger fundan la escuela austríaca y la corriente de los marginalistas. John Maynard Keynes en la introducción de las “Obras Escogidas de Alfred Marshall” cita que “la economía es una ciencia fácil en la que son muy pocos lo que logran destacarse”. Es el propio Keynes quien en “Teoría General de la Ocupación, el interés y el dinero” escribió “No es natural para una población, en que son tan pocos los que disfrutan de las comodidades de la vida, acumular de una manera tan enorme.”, y agrega “Las clases laboriosas no quieren ya privarse de tantas cosas y las clases ricas, que ya no confían en el futuro, pueden disfrutar más plenamente de sus libertades de consumo mientras les dure y llega la hora de la confiscación”.


Es precisamente por la comprensión de la dinámica de las asimetrías y desigualdades características del proceso económico que en sus obras Keynes destaca la importancia del papel del Estado como regulador del proceso económico.

Los grandes pensadores de la economía del siglo XX: Schumpeter, Kalecki, Harrod, Minsky, Perroux, Hayek, Friedman, Leontief se enfrentan al desafío de estructurar de manera coherente el alcance del acto económico que finalmente define el campo de la ciencia económica, pero también se enfrentan a la idea de una mayor o menor regulación del estado.

La ciencia económica hoy tiene que analizar desde la perspectiva de la física los fenómenos caóticos de los sistemas complejos, el carácter no aleatorio de las fluctuaciones de precios en los mercados financieros. Se propone que la economía es caótica, y que los ciclos económicos, a intervalos irregulares, son inevitables. "...las ecuaciones de la economía tendrán que estar basadas en las leyes más complicadas que rigen los elementos económicos básicos: la naturaleza humana y algunas de sus producciones..." "La teoría del caos, basada en principios de globalidad, holísticos, de no-equilibrio y de inestabilidad limitada, proporciona modelos y técnicas para el estudio de las emergentes organizaciones fractales, informales o amorfas, que practican el aprendizaje complejo en la oportunidad y gestionan la innovación y la creatividad. Al ocuparnos de la aplicación del caos a los mercados financieros, se pone de manifiesto el acortamiento del tiempo de predicción que, a veces, queda reducido al mínimo".

Las corrientes en América Latina de los institucionalistas, los cepalinos, los dependentistas y sobre todo el legado y la herencia de las obras del Mtro. Jesús Silva Herzog, también quedan signadas por estas definiciones.

Si regresamos a la lectura de la “Homilía para Futuros Economistas”, cuando el Mtro. Jesús Silva-Herzog piensa en el futuro del economista, él señala lo siguiente, “ ... el ideal supremo de un economista mexicano o latinoamericano en general, estriba en decir las cosas bien y hacerlas mejor, en amar a su patria con hondo y desinteresado amor, en servir a su pueblo con la mira de elevar sus condiciones culturales y materiales, y, por último, luchar sin tregua consigo mismo para hacer de la propia vida algo así como una obra de arte....esperemos que la palabra economista, quiera decir en el próximo futuro, por su íntimo y recóndito significado esencial, arquitecto de pueblos”.

En nuestro días se renueva con distinto vigor el reto para la ciencia económica que es precisamente “...el desempleo en inmensa escala y la organización del ocio entre una parte considerable de los habitantes de la Tierra”. Parece sin embargo necesario reiterar, aún en el curso de enfrentar el debate económico, el principio de libertad que rige a toda sociedad, a todo país, a la Universidad y a nuestra comunidad académica en el marco de la ciencia económica. Tal principio es indispensable para el avance del pensamiento científico, por cuanto que, tanto las corrientes dogmáticas como los apologéticos de la reacción, deben quedar en el pasado y morir cada día que resurgen, especialmente en las comunidades académicas comprometidas con la ciencia y con el bienestar de las mayorías.

Por lo tanto, con la entrega de los premios en investigación económica, no sólo debemos refrendar nuestra misión institucional, que es el estudio de la ciencia económica, sino nuestro compromiso con la sociedad por ser ésta una universidad pública, que vive de lo que la sociedad le otorga.

Asimismo es necesario retribuirle, con investigaciones y estudios que permitan transformar la realidad económica de nuestro país y de América Latina, y con el compromiso de que nuestra generación deberá legar a nuestros hijos la posibilidad de una mejor distribución del ingreso y un desarrollo económico más justo y equitativo.

Muchas gracias, felicidades.

Ciudad Universitaria, 22 de Mayo de 2001.

Dra. Alicia Girón González.