28.5.13

EL IMPERIALISMO Y SUS “ASOCIOS”

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Las negrillas son para efectos de estudio.
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LA ALTERNATIVA AL IMPERIALISMO Y SUS “ASOCIOS” 

Oscar A. Fernández O. 

Generalmente, por desconocimiento o intencionalmente se presentan los conceptos de capitalismo, imperialismo, globalización y neoliberalismo como fenómenos independientes, lo cual no es así. Estas cuatro formas socioeconómicas no existen independientemente uno del otro. El primero es un régimen económico, el segundo es la actitud y doctrina de dominio del primero, el tercero es la tendencia de los mercados consecuencia de la aplicación del régimen económico llamado capitalismo y de la apropiación concreta del planeta por las corporaciones imperiales. Finalmente, el neoliberalismo es un proyecto de renovación del capitalismo que postula la reducción del estado, en lo social y económico, a su mínima expresión. 

Hoy ha vuelto a hablarse de imperialismo, felizmente. Sin embargo, por imperialismo se piensa sólo en el aspecto del dominio de un Estado, en la utilización de sus recursos humanos, políticos, económicos y militares para subordinar a otros Estados y territorios. Por obvios motivos, desde nuestra región se piensa en Estados Unidos, pero esto es limitado. Se pierde de vista al imperialismo también como el dominio nuclear del capital financiero sobre la reproducción económica de los países, y aclarando que por capital financiero no sólo nos referimos al capital especulativo, sino a la fusión de todas las actividades del capital en su reproducción concentrada y centralizada. El capital financiero utiliza el poder de los Estados imperialistas para facilitar y asegurar su penetración territorial, pero opera por múltiples canales como exportación de capital, de mercancías, tecnología, y en la expropiación y apropiación de riquezas naturales y de plusvalía. 

Lenin fue el único que amplió sustancialmente el círculo de problemas que estudia la economía política marxista del capitalismo. Al examinar las relaciones económicas entre el capital y el trabajo asalariado, estimándolas las principales de la época contemporánea, la teoría del imperialismo incluye en el objeto de su investigación, además, las relaciones de explotación entre la oligarquía financiera y otras capas de la sociedad burguesa, las relaciones internacionales de dominación de la oligarquía financiera y la actividad económica del Estado burgués llamada a reproducir y mantener el existente régimen capitalista. 

De modo que cuando la geopolítica se reduce a la diplomacia y a los vínculos estatales con el gobierno de Estados Unidos y sus agencias, sin vislumbrar el dominio del gran capital transnacional, se establecen caracterizaciones incompletas o equívocas sobre los grados de subordinación al imperialismo o de autonomización respecto a él. 

A pesar de la emprendida variedad de realidades sociopolíticas, sostenemos la hipótesis de que las estrategias dominantes siguen avanzando en una reconfiguración del capitalismo en la región y en la creación de una nueva hegemonía burguesa, llamada post-capitalismo (Stolowicz 2011). Salvo contadas excepciones y por ello muy apreciables, se piensa desde el punto de vista del capital. Se está legitimando una concepción de desarrollo bajo el dominio del gran capital transnacional, sea de origen externo o criollo. Se está legitimando una concepción del Estado como soporte material e institucional de ese “neo desarrollo”. Y, explotando como “oportunidad” sus efectos destructivos, está en marcha una reestructuración social funcional, también legitimada como la construcción de un “nuevo bienestar social” (¡!). 

El neo desarrollismo es un modelo primario-exportador pirata y depredador en manos del gran capital. Como en varios países los principales recursos naturales están todavía bajo propiedad jurídica estatal, sea porque no se han privatizado formalmente, o incluso cuando se han re-nacionalizado, sin que se altere la propiedad jurídica estatal se privatiza su uso o explotación. Es lo que el Banco Mundial denominó, en 1996, “post-privatización”. 

Las inversiones público-privadas tienen la ventaja para el capital, que el Estado otorga seguridad jurídica a las inversiones, le garantiza las ganancias y su remisión hacia el exterior, y además con contratos de larga duración. Casi siempre con exención de impuestos y de pago de previsión social, así como exención de pago de servicios, en modalidades de zonas francas. La seguridad jurídica incluye también que el gobierno evitará, por las buenas o por las malas, conflictos laborales. 

En la última década, las transnacionales entendieron que se trataba de un negocio redondo aunque tuvieran que tratar con gobiernos que les establecen alguna reglamentación, sea en pagar más impuestos o en cumplir ciertas disposiciones laborales. Pese a ello es un negocio seguro pues además tiene apoyo político. 

En buena medida éste ha sido el origen de la reactivación económica y de la capacidad de los gobiernos de centroizquierda y centroderecha para contener los efectos de la crisis. Es lógico que al mejorar en algo el ingreso, sea por los empleos que se generan temporalmente, sea por el asistencialismo gubernamental mediante el uso de impuestos, los gobiernos que impulsan el «nuevo desarrollo» obtengan apoyo electoral de los más pobres. 

Aun cuando el bloque de poder se reconfigure con nuevas fracciones que permitan ciertos márgenes de mediaciones políticas, la fracción hegemónica, la que condiciona la reproducción económica es el gran capital transnacional, asociado o no con capitales locales. 

Hemos construido una historia y un trabajo común que permitió algunos avances, particularmente en América Latina, donde logramos frenar alianzas neoliberales y concretar alternativas para un desarrollo socialmente justo y respetuoso de la naturaleza. Juntos, los pueblos de todos los continentes libramos luchas donde nos oponemos con gran energía a la dominación del capital, que se oculta detrás de la promesa de progreso económico del capitalismo y del eufemismo de la “gobernabilidad”. 

Sin embargo, los pueblos de todo el mundo sufrimos hoy los efectos del agravamiento de una profunda crisis del capitalismo, en la cual sus agentes (bancos, transnacionales, conglomerados mediáticos, instituciones internacionales y gobiernos neoliberales) buscan potenciar sus beneficios a costa de una política intervencionista y neocolonialista. Guerras, ocupaciones militares, tratados neoliberales de libre comercio, “medidas de austeridad” expresadas en paquetes económicos que privatizan los bienes comunes y los servicios públicos, rebajan salarios, reducen derechos, multiplican el desempleo, aumentan la sobrecarga de las mujeres en el trabajo de cuidado y destruyen la naturaleza. 

En la recomposición del capitalismo en América Latina también se está procesando una reestructuración de la sociedad que favorece la dominación del gran capital, que ha logrado crear consensos activos y pasivos mediante nuevas formas de mediación, distintas a las clásicas contempladas por la sociología política, pero efectivas; aun donde tienen menor legitimidad los gobiernos, crean mediaciones explotando el miedo y haciendo de la pobreza y el desempleo una «oportunidad» para las estrategias conservadoras. 

El tema de la inseguridad es alimentado deliberadamente para legitimar el uso de la fuerza pública y privada, que desde luego está al servicio de los intereses del capital. Hasta se usan las epidemias para que se acepten con gratitud los estados de excepción. Y una nueva doctrina de seguridad nacional ahora civil o democrática, consustancial a la preservación de los derechos del capital, se está imponiendo en todo el continente, dando protagonismo mayor a las fuerzas armadas con ese fin incluso en países de gobiernos “progresistas”. 

En palabras de Samir Amin, o se sale de la crisis del capitalismo o se sale del capitalismo en crisis. La política internacional revolucionaria es un dato esencial para constituir los proyectos nacionales revolucionarios. En esta época de máxima internacionalización histórica del capital es absolutamente necesario que tengamos en cuenta la marcha de la lucha de clases en el mundo. Otra cuestión a tener en cuenta es la integración. 

Las ideologías del capitalismo o los ideólogos del capitalismo, plantean ante la crisis del capitalismo las siguientes soluciones, por un lado más capitalismo, más privatización, más mercantilización, más consumismo, más explotación irracional y depredadora de los recursos naturales y más protección a las empresas y a las ganancias privadas. Por otro lado menos derechos sociales, menos salud pública, menos educación pública gratuita y menos protección a los derechos de las personas, hoy las sociedades, los pueblos de los países desarrollados viven dramáticamente la crisis capitalista creada por su propio mercado. 

Los gobiernos capitalistas creen que salvar a los bancos es más importante que salvar a los seres humanos y salvar a las empresas es más importante que salvar a las personas. 

No es una discusión entre maximalismo o gradualismo, como algunos pretenden, sino de la dirección hacia adonde se camina, aunque sea paso a paso. Es un asunto de trazar el norte estratégico. No hay que confundir gradualismo con cambio de dirección. En esto la derecha no se pierde, piensa estratégicamente para definir sus tácticas. Decía el Banco Mundial en 1991 que “hacer el ajuste a lo largo del tiempo no significa que la introducción de las reformas sea en sí misma gradual”. Esto significa que cada paso, aunque lento, es decisivo según el modo como se da, para que pueda llevar al siguiente paso. 
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