Usualmente las negrillas y subrayados son nuestros.

27.4.10

Abenjaldún, nota biográfica


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Las negrillas, sangrías, supresión y separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio.

Tomado de:

Wikipedia, la enciclopedia libre

Ibn Jaldún (...)

Ibn Jaldún o Ibn Khaldoun (...). Conocido habitualmente como Abenjaldún (...) (nacido el 27 de mayo de 1332 y fallecido el 19 de marzo de 1406), fue un famoso historiador, sociólogo, filósofo, economista, demógrafo y estadista árabe. Nació en lo que actualmente es Túnez, aunque era de origen andalusí. Su familia fue dueña de la Hacienda Torre de Doña María en la actual Dos Hermanas (Sevilla).

Es considerado como uno de los fundadores de la moderna historiografía, sociología , filosofía de la historia, economía, demografía y las ciencias sociales en general.

Es fundamentalmente conocido por su obra Muqaddima o Prolegómenos a su vasta Historia de los árabes, que constituye un temprano ensayo de filosofía de la historia y de sociología, disciplina esta última de la que a menudo es considerado antecesor.

El gran historiador inglés Arnold J. Toynbee ha dicho que "Ibn Jaldún concibió y formuló una filosofía de la historia que es sin duda el trabajo más grande que jamás haya sido creado por una persona en ningún tiempo y en ningún país".[1]

Biografía

Ibn Jaldún, cuya familia tuvo que abandonar Sevilla cuando fue tomada por los castellanos en 1248, vivió en el momento histórico cuando el Islam comenzaba su decadencia.

Luego de haber fracasado en sus ambiciones políticas y de haber sido perseguido y encarcelado, Ibn Jaldún dedica el resto de su vida a estudiar y reflexionar sobre los hechos sociales, económicos e históricos.

Este conocimiento será el que volcará en su obra. Para ello, desde 1388 se instala en El Cairo (Egipto) donde se dedica a la enseñanza y a la investigación en varias universidades (madrasas), especialmente en la prestigiosa Al-Azhar. No obstante, tiene que volver a la arena política cuando Tamerlán asedia Damasco y recurre al prestigioso Ibn Jaldún para entrevistarse con él, aunque no tuvo éxito (1401).

Muchos años antes, en 1363, gracias a su amistad con Ibn al-Jatib quien lo llamó cuando se encontraba en Fez, Ibn Jaldún desempeñó una misión diplomática en favor del reino de Granada, en el otro extremo del Mediterráneo, más específicamente, en Sevilla ante Pedro I de Castilla, el Cruel.[2]

Su obra

La obra principal de Ibn Jaldún es el Libro de la evidencia, registro de los inicios y eventos de los días de los árabes, persas y bereberes y sus poderosos contemporáneos (...) que está dividido en siete libros.

El primero de ellos es la Muqaddima o Prolegómenos, que prologa al resto de la obra, aunque posteriormente ha sido tratado como una obra independiente.

Los libros del dos al cinco cubren la historia de la Humanidad hasta los tiempos de Ibn Jaldún. Los libros seis y siete cubren la historia de los pueblos bereberes y del Magreb. Su historia es, como el mismo lo afirma, una Historia Universal y abarca el análisis de historias de otros pueblos como los asirios, hebreos, griegos y romanos.

Entre los aportes a la economía de Ibn Jaldún, se incluye el descubrimiento de la dinámica de los mercados. Analiza también conceptos económicos fundamentales como población, precio, beneficio, lujo, y formación de capital. Todos estos conceptos son analizados en sus obras, donde también traza las interrelaciones entre ellos.

Para Ibn Jaldun, la historia es el análisis de las civilizaciones tanto en el aspecto externo como interno: externamente, a través del relato cronológico de los hechos; internamente, mediante un análisis lógico e interrelacionado de los acontecimientos históricos para ubicar sus consecuencias en el presente y las tendencias de futuro.

En lo relativo a la sociología, es particularmente interesante su concepción sobre la existencia de un conflicto central (ciudad versus desierto). Debido a su análisis de los conflictos sociales, sociólogos modernos de la teoría del conflicto como Ludwig Gumplowicz, Gustav Ratzenhofer y Franz Oppenheimer han demostrado un creciente interés en Ibn Jaldún.

La importancia del método de conocimiento racionalista empleado por Abenjaldún del todo acorde con su condición de creyente, pero sin subordinar el conocimiento y la interpretación de la realidad a las descripciones contenidas en el Corán o en los hadices. "Abenjaldún pone entre paréntesis a Dios", resume Charfi. En el libro sexto del Muqaddima o los Prolegómenos, queda claro que es la reflexión fundada sobre la experiencia lo que permite literalmente al hombre hacerse tal por encima de un mundo animal sujeto a los sentidos.

Cabe admitir por cuestión de fe una forma de conocimiento superior, estrictamente espiritual, propio de los ángeles, pero sin incidencia alguna sobre el conocimiento humano.

Es sobradamente conocida la utilización de este criterio para explicar el carácter cíclico de las civilizaciones, y a su núcleo, la interacción conflictiva entre el modo de vida nómada y el urbano o civilizado. Lo es menos la profundización que lleva a cabo Abenjaldún en el análisis de una vida nómada, adscrita al mundo árabe, sin concesión alguna y en la cual va incluida una interpretación de la génesis del Islam de cuya vigencia dan cuenta especialistas como Patricia Crone.

Dotado de una fuerza propia, derivada de la cohesión grupal o asabiyya, el mundo árabe nómada es violento, depredador y en principio incapaz de formar un imperio. Todo cambia, sin embargo, cuando sobre esa rudeza de costumbres incide la religión llevada por un Profeta a sus corazones: "Entonces la unificación más cabal se lleva a efecto entre ellos poniéndolos en condiciones de efectuar las conquistas y de fundar un imperio."[3]

Unos de los principales aportes de Ibn Jaldún a la historiografía es su ruptura con el concepto anterior. Ni en el mundo antiguo, ni en la Edad Media, tanto en Occidente como en el mundo musulmán, existe un antecedente en relación al concepto de historia de Ibn Jaldún. Su manera de enfocar el devenir histórico así como todos los elementos que influyen en el mismo es muy similar al que siglos después establecerían los Annales dirigidos por Marc Bloch, Lucien Febvre o Fernand Braudel. En ambos casos, se puede decir que realizan una historia social, en la cual el ser humano es el protagonista, no un individuo sino toda la colectividad. Se puede decir sin ningún temor que Ibn Jaldún es el "padre" de la historia en el concepto contemporáneo de esta disciplina.

Referencias

1.↑ Arnold Toynbee, Estudio de la Historia
2.↑ Ibn Jaldun. Auge y caída de los imperios
3.↑ Elorza, Antonio. Los errores de Dios, El País, 21 de octubre de 2006

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Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Ibn_Jald%C3%BAn"
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26.4.10

Teoría de Lenin sobre la Economía de Mercado

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TEORIA LENINISTA DEL MERCADO
Evaristo Hernández
Diciembre 2001

Existe un cuerpo teórico de Marx y de Lenin, constituido por conceptos, categorías y leyes. De tal cuerpo teórico y práctico, del marxismo-leninismo, se desprende ideología, política y ciencia.

El marxismo-leninismo es también una ciencia, especialmente aplicada en la economía, la política, la sociología y la filosofía y partiendo de ésta última, al campo de las ciencias naturales (recuérdese la Dialéctica de la Naturaleza de Engels).

En el campo de la Economía como ciencia Marx investigó el funcionamiento y desarrollo de la economía capitalista, a través de una categoría: el capital; y tomó como modelo a Inglaterra de su época.

Lenin estudió el capitalismo de Rusia a finales del siglo XIX utilizando una categoría: el mercado.

La decisión de Lenin de estudiar el mercado interno de Rusia, no fue arbitraria. Existía una discusión entre los revolucionarios sobre las causas económicas que posibilitaban el socialismo. Los populistas, teóricos revolucionarios de alto nivel agrupados en esta corriente de la época de Lenin, sostenían que el socialismo era posibilitado porque el mercado capitalista interno era estrecho y falto de desarrollo. Lenin sostuvo que el socialismo era posible, contrariando las tesis populistas, porque el mercado se estaba desarrollando y no estrechando como sostenían los populistas.

De la discusión sobre si el mercado se estrechaba o se ensanchaba se sacaban conclusiones para el trabajo político: los populistas sostuvieron que el trabajo político principal, conforme al análisis económico era el de organizar a los campesinos y Lenin que el trabajo político principal era el de organizar a los obreros. El campesino es producto de la falta de desarrollo del mercado y el obrero es producto de la presencia desarrollada del mercado.

Lenin demostró técnica y científicamente que existía desarrollo del mercado interno en la Rusia de su época, y que la cantidad de obreros era creciente, siendo por lo tanto la misión de los revolucionarios la organización de la clase obrera principalmente. Y proyectó que la revolución tendría dos fases: la revolución democrática en proceso hacia la revolución socialista, hacia la plena o total democracia.

Probablemente el más exhaustivo análisis económico en toda su generosa producción teórica, lo realizó Lenin en El Desarrollo del Capitalismo en Rusia, subtitulado Proceso de Formación del Mercado Interior para la Gran Industria.

Lenin fue ante todo, un político revolucionario, pero también un científico del marxismo, y le quedó tiempo para investigar exhaustivamente y escribir una obra técnico-científica, insistimos, probablemente la más completa de sus creaciones en el campo de la economía, cuando estuvo preso por un largo período, a finales del siglo XIX, siendo todavía un joven de unos 30 años.

Manejó teoría, metodología, análisis estadístico-económico detallado y exhaustivo, con gráficos. Realizó un gran aporte a la ciencia económica pura y aplicada.

Expuso sus planteamientos en un voluminoso estudio de más de mil páginas, con un instrumental analítico estadístico y sociológico que todavía impresiona por el dominio teórico y técnico. Profundidad en el conocimiento de la teoría económica y sociológica y manejo técnico de la estadística, con estratificaciones y cálculos que aún hoy, serían difíciles contando con el auxilio de computadoras.

La vigencia de sus planteamientos puede enumerarse como sigue:

a) Metodológicamente es una obra maestra que presenta las relaciones entre niveles sumamente abstractos de la ciencia económica y sociológica y de la ciencia política.

De una discusión y análisis serio sobre la clase social a organizar para la toma del poder, si los campesinos o los obreros, en la discusión política surge la necesidad de investigar una categoría de la economía: el mercado.

A partir del análisis económico denso se encuentran planteamientos que enriquecen y esclarecen posiciones políticas. Una vinculación de ciencia aplicada a la política y economía en la formulación de planteamientos estratégicos.

b) Teóricamente es una obra que deslinda campos explícitamente con la teoría económica burguesa y pequeño burguesa. Lenin criticó la teoría pequeño burguesa de los populistas y de Sismonde de Sismondi. Rastreó en la historia de la teoría económica los orígenes de la concepción del mercado de los populistas y la encontró en Sismondi a quien estudió y criticó en otro trabajo.

De la teoría del mercado de Lenin se desprende que la teoría económica burguesa trabaja con la apariencia y no con la esencia del fenómeno: las leyes de la oferta y la demanda y de la satisfacción del consumidor, no pueden presentarse si no hay mercancías. Sin mercancías no hay mercado, decía Lenin.

c) Generó un cuerpo coherente de teoría del mercado desde el punto de vista marxista.

Explicó cuando el mercado se convierte en mercado capitalista.

Explicó metodológicamente, porqué no se puede hablar de realización de la plusvalía en el mercado externo ya que lo se realiza es la mercancía y no solamente la plusvalía y porque en el análisis no se pueden separar el sector I del sector II en los esquemas de reproducción ampliada en el sentido de que solamente se producen bienes de consumo en los países periféricos.

Estableció relaciones de causalidad entre la producción de mercancías, la división del trabajo, la diferenciación en el campo y la ciudad; creó métodos y técnicas de análisis de dinámica de estratificación campesina e industrial; diferenció aplicadamente la fábrica de la industria manufacturera; examinó el crecimiento de la población industrial a expensas de la agrícola (la reducción de la población rural y el crecimiento de la población en industria y servicios).

En este estudio finalizado en 1899, Lenin relevó la importancia de la composición orgánica del capital en el desarrollo del mercado, es decir, que el desarrollo capitalista tiene su crecimiento debido a la relación entre el capital constante y el variable, c/v, o sea la relación técnica o tecnológica entre medios de producción y fuerza de trabajo (en la segunda mitad del siglo XX le dieron a Solow el Premio Nóbel de Economía por descubrir el determinante impacto de la tecnología en la productividad), y determinó estadística y geográficamente los elementos cruciales del proceso de proletarización o de ampliación y profundización de relaciones sociales de producción basadas en el salario en Rusia.

Pero una cuestión importante es que todo esto, concatenado dio a luz a un todo coherente, a una teoría marxista de la dinámica del mercado. Debido a esta contribución teórica podemos decir con propiedad que existe una teoría marxista de la economía de mercado.

Naturalmente que no es lo mismo analizar el desarrollo capitalista desde la dimensión de la categoría mercado, como lo hizo Lenin, que desde la dimensión de el capital, como lo hizo Marx así como también no es lo mismo analizar Inglaterra que Rusia aunque sean estudiadas ambas en el siglo XIX.

d) Todas estas aportaciones constituyen una guía, vigente para el análisis económico.

Son categorías y leyes presentes en la actualidad, en sus aspectos esenciales.

Incluso cuando en procesos económicos y sociales contemporáneos se presentan hechos y datos que pueden conducir a negar o cuestionar las leyes y categorías propuestas por Lenin, se encuentran explicaciones comprensivas al observar en su conjunto la teoría marxista y leninista del mercado.

Por ejemplo: en la década del 80 se redujo la población urbana de Nueva York, para irse a una zona rural hasta entonces, al Silicon Valley. Pero esta migración al reves, de la ciudad al campo, se produjo porque, precisamente el Valle Silicon se estaba industrializando con las compañías de alta tecnología en computación.

La ley de la migración de lo rural a lo urbano, se cumple incluso cuando pueblos como Intipucá, en El Salvador del siglo XX, por ejemplo, puedan tener más migrantes hacia Estados Unidos que hacia San Salvador, la capital del país.

Naturalmente que la teoría es un punto de referencia, pero su esencia, sus categorías y leyes orientan válidamente el análisis hasta hoy y su consistencia se puede demostrar y aplicar.

e) Es relativamente fácil imaginar lo que este estudio le sirvió a Lenin en su actividad política. Tenía un panorama muy preciso, estadística, geográfica, sociológica, política y económicamente del proceso de proletarización y sus expresiones prácticamente de todos los centros urbanos y en proceso de urbanización importantes de la Rusia de su época. Un conocimiento de las reivindicaciones que emanaban de los procesos de diferenciación agrícola, industrial y de los servicios. Una estratificación social, geográfica y económica del poder. Tendencias y necesidades de las personas que emigraban del campo a la ciudad. Este bagaje de conocimientos, en su visión dinámica y de conjunto, le permitió fijar con precisión y coherencia los planteamientos democrático burgueses de la primera fase de la revolución en que se asentó la revolución socialista que el mismo dirigió.
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Economía Matemática

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Las negrillas, sangrías y separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio.

Tomado de:

http://mzuluaga.wordpress.com/2006/12/24/economia-matematica/

ECONOMIA MATEMATICA

Por Mario Zuluaga

El uso de la matemática en los análisis económicos data del siglo XIX, Leon Walras (1834-1910), Agustin Cournot, (1801-1877) y William Jevons (1835-1882) fueron de los primeros economistas que hicieron uso sistemático de aquéllas en el estudio de fenómenos económicos.

Ya en ese entonces, aquellos economistas encontraban el uso de la matemática en su novel ciencia como una osadía que daría a su disciplina tintes de rigor científico y respetabilidad.

Veamos lo que decía W.S. Jevons en su obra Teoría de la Economía Política, [1]:

"Muchos objetarán, sin duda, que las nociones de que tratamos en esta ciencia no son susceptibles de medición alguna.

No podemos pesar, ni aforar, ni poner en tubo de ensayo los sentimientos; no existe una unidad de trabajo, sufrimiento o placer.

De esta manera, podría parecer como si una teoría matemática de la economía tuviera que estar necesariamente privada para siempre de datos numéricos.

A esto respondo, en primer lugar, que no hay nada menos indigno de confianza en la ciencia que un espíritu sin curiosidad ni esperanza. En materias de esta índole, aquellos que desesperan son, casi invariablemente, quienes nunca han intentado tener éxito. Podría mostrarse abatido quien hubiera pasado su vida en una tarea difícil, y sin un destello de esperanza; pero la opinión popular contraria a la extensión de la teoría matemática tiende a desalentar de hecho cualquier intento de emprender tareas que, aunque difíciles, un día u otro deben ser realizadas."

Hoy en día casi todos los economistas, en casi todas las universidades del mundo, se sienten muy cómodos y seguros de las conclusiones que sacan de un análisis matemático aplicado a su disciplina. No obstante, existen corrientes importantes de pensamiento económico que consideran la inutilidad de la matemática en la economía, yendo aún más lejos, cuando afirman que la matemática en los análisis económicos conduce a errores insalvables.

Quizás, es la escuela austríaca de economía, los seguidores de Ludwig Von Mises y Friedrich A Von Hayek, los más contundentes contradictores de la economía matemática.

Lawrence Klein, Premio Nobel de Economía de 1980, afirmaba que las contribuciones no matemáticas a la economía son vagas, burdas y torpes.

Esta desproporcionada afirmación nos muestra la animosidad de la discusión entorno al uso de la matemática en la economía.

También, Gérard Debreu, (1921-2004), premio Nobel de Economía de 1983, uno de los más importantes representantes de la economía matemática moderna, afirmaba que el carácter inflexible de la matemática lo llevaba a encontrar supuestos cada vez más débiles y conclusiones cada vez más fuertes que lo condujeran a explicaciones económicas sencillas.

Sin duda alguna los análisis estadísticos de datos son de gran utilidad para los economistas. Conocer el comportamiento de los precios del petróleo, o el café, o cualquier otro bien, en los últimos 50 años ha de ser de una importancia inmensa para sugerir tendencias y variaciones.

Pero una cosa es la estadística y otra muy distinta el análisis matemático.

Con estadísticas podemos descifrar lo que ha acontecido, no lo que acontecerá. Con el análisis matemático pretendemos entender lo que vendrá.

Los economistas quisieran que su ciencia tuviese los rasgos característicos de la física, es decir, desean disponer de teorías que les permitan predecir futuros acontecimientos económicos. Y para ello optan por el uso intensivo de la matemática.

La matemática es quizás la herramienta más rigurosa, seria y difícil de las que dispone la razón humana.

No existe en la historia del pensamiento humano un relato de interacción de conceptos y procedimientos coherentemente articulados, línea a línea, que iguale a una composición matemática.

Un teorema de la matemática no admite fisuras lógicas ni interpretaciones contradictorias.

Sin embargo no sobra advertir que su uso descuidado, o su incomprensión, es fuente inagotable de disparates bellamente presentados.

La enorme mayoría de los pensadores sociales olvidan que la matemática no afirma nada ni se refiere a cosa alguna. Bertrand Russell decía que las Matemáticas pueden ser definidas como aquel tema en el cual ni sabemos nunca lo que decimos ni si lo que decimos es verdadero. Esta frase, que parece peyorativa, encierra un conocimiento profundo de la actividad matemática. La matemática establece relaciones entre objetos y conceptos abstractos sin preguntarse por su valor de verdad absoluto. Cuando en matemáticas decimos que si es verdadera la proposición P entonces también lo es la proposición Q, no estamos diciendo que las proposiciones P y Q son siempre verdaderas, simplemente estamos estableciendo una relación de causalidad entre ellas. Es por ello que todos los teoremas de la matemática empiezan con la partícula condicional si.

En otras palabras, la matemática no va más allá de los principios elementales de la lógica formal (el sentido común, tan escaso entre los ingenieros sociales) Pero lo más peligroso del pensamiento de las ciencias sociales lo advertimos cuando la simbología de la matemática es trasplantada a aquéllas.

Por ejemplo: cuando en el lenguaje coloquial decimos que la dicha (d), concepto benthamiano harto vago, depende o está en función, de la confianza (c), algunos economistas no dudan en escribir que d = F(c), poniendo su concepto en términos de una ecuación matemática. De allí en adelante todo es confusión y disparates. Van más lejos: como la dicha y la desdicha son emociones humanas que se intercalan, no dudan en afirmar que la función F, que no sabemos cómo opera, habrá de ser una aplicación periódica. Algunos, más osados y sin ningún empacho, dirán que su período debe ser 2π, o algo por el estilo. Otros, aún más animados con la matemática, dirán que la desconocida función F ha de ser sen(x) o cos(x), por ejemplo. Una vez construído el monstruo y puesto a circular en el mundo del análisis matemático debemos estar dispuestos a escuchar cualquier cantidad de conclusiones delirantes, mismas que se traducen en recomendaciones, las más de las veces acatadas por gobernantes despistados.

Otro ejemplo importante lo encontramos en las funciones de utilidad.

La utilidad es otro concepto de vaga definición pues aquello que es útil para una persona no lo es para otra; no existe una definición universal de lo que debemos entender por utilidad.

No obstante los economistas escriben u = F(x), en donde x determina la cantidad del bien que causa la utilidad. La función F es desconocida y tampoco tenemos una idea coherente de lo que significa una unidad de utilidad o satisfacción.

Pero ello no es lo más grave, lo más perturbador lo encontramos cuando las parejas (u,F(x)) son representadas en un gráfico continuo en un plano cartesiano, sabiendo que la variable x fluctúa en el conjunto de los números naturales {1,2,3,…} y no en el conjunto de los números reales.

Y van más allá: afirman que la desconocida función F es derivable y que su derivada F´(x), la utilidad marginal, es decreciente. O aún más estruendosamente, que su segunda derivada F´´(x) es negativa.

Tratar de hacer cálculo diferencial e integral en un universo de aplicaciones definidas sobre el conjunto de los números naturales {1,2,3…} es un dislate de mayúsculas proporciones.

Desde el punto de vista de la teoría de la medida, dichas funciones son todas equivalentes a la aplicación nula.

También, creer que conocemos los valores o las “utilidades” de las aplicaciones en los intervalos abiertos (1,2), (2,3),…ctc es auto engañarse, y suponer, además, que dichas aplicaciones son derivables o continuas en aquellos intervalos es pecar contra el sentido común y la economía.

Por ejemplo: supongamos que podemos asignarle unidades de utilidad al bien automóvil, digamos. Sé entonces – lo estoy suponiendo – que conozco la utilidad de 1 automóvil, dos automóviles, tres…ctc. ¿Es razonable pensar que conozco la utilidad de 21/18 de automóvil, o peor aún de π automóviles? (π =3.1416….)

Otro abuso de la simbología matemática en los análisis microeconómicos lo vemos en las curvas de oferta y demanda. Con datos estadísticos se puede establecer cómo se comportó la demanda y la oferta de un determinado bien, más no es posible decidir cómo lo será en el futuro pues el comportamiento humano en materia de elección de preferencias es impredecible. Además de lo anterior, asignarle a las funciones de oferta y demanda propiedades de continuidad y derivabilidad no deja de ser un error intelectual. Una de las grandes preocupaciones de la teoría macroeconómica son los estados de equilibrio; muchos de ellos vienen representados como los puntos estacionarios de sistemas dinámicos; estos puntos representan estados “muertos” en el plano de fases y muy pocas veces representan estados de equilibrio. Es frecuente que dichos puntos sean puntos de ensilladura o repulsores que, más bien, representan puntos de desequilibrio incapaces de describir un escenario económico real.

Son muchos más los ejemplos que podemos poner en los cuales el uso de la simbología matemática se presta para análisis equivocados. Finalmente, pongamos el caso de las funciones de preferencias. La idea es asignarle a cada bien un número real que indique el grado de preferencia del consumidor. Lo esencial aquí es ordenar las preferencias en términos del orden que conocemos para el conjunto de los números reales. La característica de esta relación de orden estriba en la ley de tricotomía y su transitividad. Me explico: dados dos números x e y, uno, y sólo uno, de los tres casos siguientes habrá de cumplirse, x = y, x > y, x <> w y w > z entonces x > z. Pretender que las preferencias del consumidor se comportan con estas reglas es creer que la raza humana se compone de autómatas. Entre dos bienes, un consumidor puede no preferir ninguno, por ejemplo. Entre una galleta y un helado un consumidor puede preferir la galleta, entre el helado y una fruta puede preferir el helado, pero entre la fruta y la galleta puede preferir la fruta. No hay tal transitividad.

Como decía Ludwig Von Mises: La acción humana no es matematizable. Representar las relaciones de la economía a punta de símbolos matemáticos equivale a interpretar la novena sinfonía de Beethoven con el sólo uso de un tambor.

Las tonterías a las que se puede llegar con la aplicación de la matemática en la economía no tienen límites y linda con lo cómico.

El Doctor Antonio Pulido San Román, econometrista de la Universidad Autónoma de Madrid, nos relata en [2] que John Eatwell, economista de la Universidad de Cambridge, afirmaba que si el mundo no es como el modelo, pues peor para el mundo.

Y a fe que ha sido peor para el mundo. También nos relata don Antonio que en una ocasión en la que le reclamó a un economista, recién doctorado de una prestigiosa universidad norteamericana, que el modelo econométrico que proponía era incongruente con la realidad económica española, esto fue lo que recibió por respuesta: …que el problema no estaba en el modelo, que era correcto, sino en que la economía española no funcionaba como debía. ¿Desde cuando viene todo este tumulto de disparates? Pues desde Jevons, quien reclamaba la presencia de los matemáticos en su disciplina.

Los matemáticos, que no les importa la economía pues es una ciencia social alejada de sus preocupaciones profesionales, se han tomado las aulas de las academias de economía, no para aclarar sino para influir.

Los economistas le han abierto sus puertas pues han encontrado en las matemáticas fetiches incuestionables. La bondad de la matemática la encontramos, con derroche de abundancia, en otras disciplinas como la física y las ingenierías, no en las ciencias sociales.

Referencias

[1] William Stanley Jevons Teoría de la Economía Política, SIGMA, El mundo de las Matemáticas, Antología de James R. Newman, vol 3, Grijalbo, 1968.

[2] Antonio Pulido San Román. Posibilidades y limitaciones de la Matemática en la Economía, Cuadernos del fondo de investigación Richard Stone, No 1, Junio de 2002.

[3] Gene Callahan, Logical Economics vs. Mathematical Economics, http://www.mises.org/story/616[4] Gary Galles, The Uses and Abuses of Math, http://blog.mises.org/archives/004665.asp

[5] Robert Wutscher, Foundations in economic methodologies: The use of mathematics by mainstream economics and its methodology by Austrian economics, http://www.mises.org/journals/scholar/Wutscher.pdf
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18.4.10

Marx y Leontief

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Un examen matermáticamnte formalizado de la teoría del valor trabajo de Marx, a la luz de las concepciones de la matriz insumo producto de Leontief, puede leerse en:

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Acumulación de Capital según Rosa Luxemburgo

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Una visión panorámica de la vida y el aporte de Rosa Luxemburgo a la teoría de la Acumulación del Capital, se puede leer en:

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Los esquemas de reproducción de Marx

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Un estudio sobre los esquemas de reproducción del capital social en su conjunto, de Marx, puede leerse en:

http://www.revista.unal.edu.co/index.php/ceconomia/article/view/12061/12673
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William Thompson, datos biográficos

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El comentario inicial, las negrillas, citas en bloque y separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio.

Gerard Stavenhagen (Historia de las Teorías Económicas, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 1959) en una de las mejores síntesis que conocemos de las teorías económicas básicas desde el mercantilismo hasta Keynes, dice que Owen era el "maestro" de Thomson, y que partiendo de las teorías de Owen, desarrolló una teoría de la plusvalía, anterior a Marx. En realidad, a partir de este artículo, queda claro, que la teoría de la explotación de Thompson, proviene de la evolución que realizó de los estudios de Ricardo, con un pensamiento clasista muy claro y definido y con una concepción comunista del cooperativismo, a diferencia de Owen. Incluso se señala en este artículo que la palabra comunista fué usada por vez primera en el mundo moderno, para distinguir a Thompson y sus seguidores de Owen y los suyos.


Tomado de:

http://es.wikipedia.org/wiki/William_Thompson

William Thompson (Cork, 1775 - Rosscarbery, condado de Cork), 28 de marzo de 1833) fue un político, economista, filósofo y reformador social irlandés, promotor y socio del movimiento cooperativo inglés, cuyas concepciones influyeron en los organizadores de los sindicatos de trabajadores y en Karl Marx.

Vida

Era hijo de uno de los comerciante más prósperos de Cork, Alderman John Thompson, quien fue además alcalde de la ciudad en 1794. William heredó de él en 1814 una finca cerca de Glandore, al occidente de Cork y en vez de aceptar el papel de rentista ausentista, compartió su tiempo con los arrendatarios e invirtió en innovaciones agrícolas, servicios y educación para los niños, tratando de buscar el mejoramiento de la calidad de vida de las familias.

Afectado por problemas de salud desde temprana edad, Thompson se convirtió desde la adolescencia en abstemio y vegetariano. Su muerte fue causada por una afección pulmonar.

Ideas

Estudió con entusiasmo a los escritores del Siglo de las luces, en especial a Condorcet y se inspiró en las ideas de igualdad y democracia de la Revolución francesa, lo cual le ganó el calificativo de "Republicano Rojo".

Thompson simpatizaba con el utilitarismo de Jeremy Bentham, con quien estableció amistad, visitando su casa en 1821 y 1822. Mantuvo correspondencia con David Ricardo, quien influenció notoriamente su pensamiento y escritos. Polemizó en cambio con William Godwin y con las que consideraba "especulaciones mecánicas" de Thomas Malthus. Propuso el concepto de Ciencia Social para sintetizar la combinación de los conocimientos de la Economía Política con el materialismo científico y las concepciones del utilitarismo con una moral racional.

Contribución a la economía política

La polémica con Godwin y Malthus llevó a Thompson a Londres, para realizar una investigación sobre el papel de la distribución en la economía política, publicada en 1824 como Una investigación acerca de los Principios de la Distribución de la Riqueza.[1] Así como a David Ricardo, Thompson había estudiado las obras de los utopistas franceses Charles Fourier, Henri de Saint-Simon y del economista Sismondi.

Thompson defendió la teoría del valor-trabajo propuesta por Ricardo en los Principios de Economía Política.

Sin embargo, él caracterizó como explotación, la apropiación de la parte del león de la plusvalía por el capitalista.

Rechazó la tesis de Malthus y Ricardo según la cual cualquier aumento de los salarios de los trabajadores sólo puede resultar en su miseria posterior, y enfatizó en la naturaleza interesada de esta teoría en favor de los empresarios que reclamaban una legislación que proscribiera los esfuerzos de los trabajadores para elevar sus salarios. Aplicando el principio utilitarista de "el mayor bien para el mayor número" a los esquemas alternativos existentes y posibles de distribución, Thompson abogó por una distribución igualitaria del producto.

Uno de sus compañeros en el movimiento cooperativo, John Minter Morgan, observó que Thompson fue el primero en acuñar el término "competitivo" para describir el sistema económico existente.

La originalidad de esta obra es ampliamente tratada por Max Nettlau, quien declara que

"El libro [de Thompson], sin embargo, revela su propia evolución; habiendo comenzado con reivindicar todo el producto del trabajo, así como la regulación de la distribución, finaliza con su propia conversión al comunismo, que se desprende de la ilimitada distribución."

En 1827 otro "socialista ricardiano", Thomas Hodgskin, publicó El Trabajo Defendido[2] el cual también caracteriza la apropiación de la parte del león de los frutos del trabajo mediante la explotación de los terratenientes y capitalistas, que defraudan a los trabajadores del producto de su trabajo. Sin embargo, Hodgskin proponía como camino hacia la justicia económica para los trabajadores, la reforma del sistema competitivo. Thompson contestó esta propuesta con Trabajo Premiado[3] defendiendo el comunismo cooperativista como camino alternativo.

Feminismo

Thompson criticó la situación de la mujer en la sociedad de su época y conjuntamente con su compañera, Anna Doyle Wheeler, fue autor de La Demanda de la Mitad de la Raza Humana, las Mujeres,[4] cuya redacción iniciaron en respuesta contra un llamamiento a votar únicamente por hombres. Esta obra ha sido traducida al castellano.[5] Por otra parte, a pesar de rechazar las tesis de Malthus sobre la población, Thompson defendió los eventuales beneficios de los métodos anticonceptivos.

Influencia en el movimiento cooperativo

Debate con Robert Owen

Thompson y en general el movimiento cooperativo tienden a ser identificados con el rótulo de "owenismo", pero ello es inexacto. En efecto, aunque sus escritos y los experimentos en New Lanark ayudaron al conjunto del movimiento cooperativo, muchos, Thompson incluido, fueron críticos de las tendencias autoritarias de Owen.

Thompson, además, desconfiaba del coqueteo de Owen con ricos y poderosos patrones y consideraba que los ricos, en tanto clase, nunca podrían estar realmente a favor de cualquier proyecto de emancipación para los trabajadores pobres, pues amenazaría sus privilegios. También expuso que era necesario que los trabajadores, en cualquier comunidad cooperativa, tuvieran seguridad eventual de la propiedad comunitaria. Se ganó gran número de seguidores de estas concepciones en el movimiento cooperativo, y fue para distinguir a estos de los seguidores de Owen que se les asignó el rótulo de "socialistas" o "comunistas"[6]

Estas diferencias llevaron a abrir la confrontación entre Thompson y Owen en el tercer congreso cooperativo llevado a cabo en 1832, en Londres. Owen, quizá desalentado por el fracaso de su intento de comunidad en New Harmony, sostuvo que era necesario esperar a que el Gobierno e inversionistas de la Bolsa de Valores apoyaran e invirtieran en las comunidades en gran escala. Thompson y sus seguidores afirmaron que deberían moverse hacia el establecimiento de comunidades basadas en sus propios recursos. La cuestión no fue resuelta en el congreso porque Thompson no pudo asistir, posiblemente debido a la enfermedad que le causó la muerte 5 meses después.

Influencia sobre Karl Marx

Karl Marx había recorrido la obra de Thompson en una visita a Manchester en 1845 y cita pasajes suyos en Miseria de la Filosofía (1847) y también en El Capital.[7] Sidney y Beatrice Webb llegan a caracterizar a Marx como "el discípulo ilustre" de Thompson y Hodskin, punto de vista que encontró eco en Harold Laski y otros historiadores del socialismo. Uno de ellos, Anton Menger,[8] fue el creador de la categoría "socialistas ricardianos", en la que quedan incluidos, además de Thompson, Thomas Hodgskin, John Grey, Piercy Ravenstone y John Francis Bray, todos los que Marx denominó "la reacción proletaria basada en Ricardo". Sin embargo, es necesario percibir las diferencias entre el comunista Thompson y el socialista de mercado Hodgskin.

Referencias

↑ Thompson, William, An Inquiry into the Principles of the Distribution of Wealth Most Conducive to Human Happiness; applied to the Newly Proposed System of Voluntary Equality of Wealth, (Longman, Hurst Rees, Orme, Brown & Green: London), 1824.
↑ Labour Defended against the Claims of Capital, or the Unproductiveness of Capital Proved with Reference to the Present Combinations among Journeymen, 1825.
↑ Thompson, William, Labour Rewarded. The Claims of Labour and Capital Conciliated: or, How to Secure to Labour the Whole Products of Its Exertions, Londres: Hunt and Clarke, 1827.
↑ Thompson, William, Appeal of One Half the Human Race, Women, Against the Pretensions of the Other Half, Men, to Retain Them in Political, and thence in Civil and Domestic Slavery, (Longman, Hurst Rees, Orme, Brown & Green: London), 1825.
↑ Wheeler, Anna y W. Thompson. La Demanda de la Mitad de la Raza Humana, las Mujeres. Traducción de Ana de Miguel. Granada: Comares, 2001
↑ Carta a "El Magazin Cooperativo", Londres, Noviembre de 1827, citado por OED como primer documento en que se usó "socialista" en vez de "owenista".
↑ El Capital, libro segundo, capítulo XVII
↑ Right to the Whole Produce of Labour,1899

Bibliografía

Connolly, James, 'The first Irish socialist: A forerunner of Marx' in Labour in Irish History, Dublin, 1910; London, 1987.
Dobb, Maurice 1973. Teorías del valor y de la distribución desde Adam Smith: Ideología y teoría. Siglo XXI, 1995. ISBN 968-23-1734-7
Dooley, Dolores, Equality in Community: Sexual Equality in the Writings of William Thompson and Anna Doyle Wheeler, Cork University Press, 1996.
Dooley, Dolores (Ed.), William Thompson: Appeal of One Half of the Human Race, Cork University Press, Cork, 1997.
Pankhurst, Richard, William Thompson (1775 - 1833) Pioneer Socialist, Londres: Pluto Press, 1991.
Thompson, William, Practical Directions for the Speedy and Economical Establishment of Communities on the Principles of Mutual Co-operation, United Possessions and Equality of Exertions and the Means of Enjoyments, Londres: Strange and E. Wilson, 1830.

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Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/William_Thompson"
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12.4.10

Los Gobiernos, según Aristóteles

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Las negrillas, sangrías y separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio.
Obras de Aristóteles
Política
libro tercero, capítulo V
División de los gobiernos
Siendo cosas idénticas el gobierno y la constitución, y siendo el gobierno señor supremo de la ciudad, es absolutamente preciso que el señor sea o un solo individuo, o una minoría, o la multitud de los ciudadanos. Cuando el dueño único, o la minoría o la mayoría gobiernan consultando el interés general, la constitución es pura necesariamente; cuando gobiernan en su propio interés, sea el de uno sólo, sea el de la minoría, sea el de la multitud, la constitución se desvía del camino trazado por su fin{73}, puesto que, una de dos cosas, o los miembros de la asociación no son verdaderamente ciudadanos o lo son, y en este caso deben tener su parte en el provecho común. [97]
Cuando la monarquía o gobierno de uno sólo tiene por objeto el interés general, se le llama comúnmente reinado. Con la misma condición, al gobierno de la minoría, con tal que no esté limitada a un solo individuo, se le llama aristocracia; y se la denomina así, ya porque el poder está en manos de los hombres de bien, ya porque el poder no tiene otro fin que el mayor bien del Estado y de los asociados. Por último, cuando la mayoría gobierna en bien del interés general, el gobierno recibe como denominación especial la genérica de todos los gobiernos, y se le llama república.
Estas diferencias de denominación son muy exactas. Una virtud superior puede ser patrimonio de un individuo o de una minoría; pero una mayoría no puede designársela por ninguna virtud especial, si se exceptúa la virtud guerrera, la cual se manifiesta principalmente en las masas; como lo prueba el que, en el gobierno de la mayoría, la parte más poderosa del Estado es la guerrera; y todos los que tienen armas son en él ciudadanos.
Las desviaciones de estos gobiernos son: la tiranía que lo es del reinado{74}; la oligarquía que lo es de la aristocracia; la demagogia que lo es de la república. La tiranía es una monarquía que sólo tiene por fin el interés personal del monarca; la oligarquía tiene en cuenta tan sólo el interés particular de los ricos; la demagogia, el de los pobres. Ninguno de estos gobiernos piensa en el interés general.
Es indispensable que nos detengamos algunos instantes a notar la naturaleza propia de cada uno de estos tres gobiernos; porque la materia ofrece dificultades. Cuando observamos las cosas filosóficamente, y no queremos limitarnos tan sólo al hecho práctico, se debe, cualquiera que sea el método que por otra parte se adopte, no omitir ningún detalle ni despreciar ningún pormenor, sino mostrarlos todos en su verdadera luz.
La tiranía, como acabo de decir, es el gobierno de uno sólo, que reina como señor sobre la asociación política; la oligarquía es el predominio político de los ricos; y la demagogia, por lo contrario, el predominio de los pobres con exclusión de los ricos.
Veamos una objeción que se hace a esta última definición. Si la mayoría, dueña del Estado, se compone de ricos, y el gobierno [98] es de la mayoría, se llama demagogia; y, recíprocamente, si da la casualidad de que los pobres, estando en minoría relativamente a los ricos, sean sin embargo dueños del Estado a causa de la superioridad de sus fuerzas, debiendo el gobierno de la minoría llamarse oligarquía, las definiciones que acabamos de dar son inexactas. No se resuelve esta dificultad mezclando las ideas de riqueza y minoría, y las de miseria y mayoría, reservando el nombre de oligarquía para el gobierno en que los ricos, que están en minoría, ocupen los empleos, y el de la demagogia para el Estado en que los pobres, que están en mayoría, son los señores. Porque, ¿cómo clasificar las dos formas de constitución que acabamos de suponer: una en que los ricos forman la mayoría; otra en que los pobres forman la minoría; siendo unos u otros soberanos del Estado?, a no ser que hayamos dejado de comprender en nuestra enumeración alguna otra forma política. Pero la razón nos dice sobradamente, que la dominación de la minoría y de la mayoría son cosas completamente accidentales, ésta en las oligarquías, aquélla en las democracias;
porque los ricos constituyen en todas partes la minoría, como los pobres constituyen dondequiera la mayoría.
Y así las diferencias indicadas más arriba no existen verdaderamente.
Lo que distingue esencialmente la democracia de la oligarquía, es la pobreza y la riqueza; y donde quiera que el poder esté en manos de los ricos, sean mayoría o minoría, es una oligarquía; y donde quiera que esté en las de los pobres, es una demagogia. Pero no es menos cierto, repito, que generalmente los ricos están en minoría, y los pobres en mayoría; la riqueza pertenece a pocos, pero la libertad a todos. Estas son las causas de las disensiones políticas entre ricos y pobres.
Veamos ante todo cuáles son los límites que se asignan a la oligarquía y a la demagogia, y lo que se llama derecho en una y en otra. Ambas partes reivindican un cierto derecho, que es muy verdadero. Pero de hecho su justicia no pasa de cierto punto, y no es el derecho absoluto el que establecen ni los unos ni los otros.
Así la igualdad parece de derecho común, y sin duda lo es, no para todos sin embargo, sino sólo entre iguales; y lo mismo sucede con la desigualdad: es ciertamente un derecho, pero no respecto de todos, sino de individuos que son desiguales entre sí.
Si se hace abstracción de los individuos, se corre el peligro de formar un juicio erróneo.
Lo que sucede en [99] esto es que los jueces son jueces y partes, y ordinariamente es uno mal juez en causa propia.
El derecho limitado a algunos, pudiendo aplicarse lo mismo a las cosas que a las personas, como dije en la Moral, se concede sin dificultad cuando se trata de la igualdad misma de la cosa, pero no así cuando se trata de las personas a quienes pertenece esta igualdad; y esto, lo repito, nace de que se juzga muy mal cuando es uno interesado en el asunto.
Porque unos y otros son expresión de cierta parte del derecho, ya creen que lo son del derecho absoluto: de un lado superiores unos en un punto, en riqueza, por ejemplo, se creen superiores en todo; de otro, iguales otros en un punto, en libertad, por ejemplo, se creen absolutamente iguales.
Por ambos lados se olvida lo capital.
Si la asociación política sólo estuviera formada en vista de la riqueza, la participación de los asociados en el Estado estaría en proporción directa de sus propiedades, y los partidarios de la oligarquía tendrían entonces plenísima razón; porque no sería equitativo que el asociado, que de cien minas sólo ha puesto una, tuviese la misma parte que el que hubiere suministrado el resto, ya se aplique esto a la primera entrega, ya a las adquisiciones sucesivas.
Pero la asociación política tiene por fin, no sólo la existencia material de todos los asociados, sino también su felicidad y su virtud; de otra manera podría establecerse entre esclavos o entre otros seres que no fueran hombres, los cuales no forman asociación por ser incapaces de felicidad y de libre albedrío.
La asociación política no tiene tampoco por único objeto la alianza ofensiva y defensiva entre los individuos, ni sus relaciones mutuas, ni los servicios que pueden recíprocamente hacerse; porque entonces los etruscos y los cartagineses y todos los pueblos unidos mediante tratados de comercio deberían ser considerados como ciudadanos de un solo y mismo Estado, merced a sus convenios sobre las importaciones, sobre la seguridad individual, sobre los casos de una guerra común; aunque cada uno de ellos tiene, no un magistrado común para todas estas relaciones, sino magistrados separados, perfectamente indiferentes en punto a la moralidad de sus aliados respectivos, por injustos y por perversos que puedan ser los comprendidos en estos tratados, y atentos sólo a precaver recíprocamente todo daño.
Pero como la virtud y la corrupción política son las cosas que principalmente tienen en cuenta los que sólo quieren buenas leyes, [100] es claro que la virtud debe ser el primer cuidado de un Estado que merezca verdaderamente este título, y que no lo sea solamente en el nombre.
De otra manera, la asociación política vendría a ser a modo de una alianza militar entre pueblos lejanos, distinguiéndose apenas de ella por la unidad de lugar; y la ley entonces sería una mera convención; y no sería, como ha dicho el sofista Licofron, «otra cosa que una garantía de los derechos individuales, sin poder alguno sobre la moralidad y la justicia personales de los ciudadanos». La prueba de esto es bien sencilla. Reúnanse con el pensamiento localidades diversas, y enciérrense dentro de una sola muralla a Megara y Corinto{75};
ciertamente que no por esto se habrá formado con tan vasto recinto una ciudad única, aun suponiendo que todos los en ella encerrados hayan contraído entre sí matrimonio, vínculo que se considera como el más esencial de la asociación civil.
O si no, supóngase cierto número de hombres que viven aislados los unos de los otros, pero no tanto, sin embargo, que no puedan estar en comunicación; supóngase que tienen leyes comunes sobre la justicia mutua que deben observar en las relaciones mercantiles, pues que son, unos carpinteros, otros labradores, zapateros, etc., hasta el número de diez mil, por ejemplo; pues bien, si sus relaciones se limitan a los cambios diarios y a la alianza en caso de guerra, esto no constituirá todavía una ciudad. ¿Y por qué? En verdad no podrá decirse que en este caso los lazos de la sociedad no sean bien fuertes. Lo que sucede es que cuando una asociación es tal que cada uno sólo ve el Estado en su propia casa, y la unión es sólo una simple liga contra la violencia, no hay ciudad, si se mira de cerca; las relaciones de la unión no son en este caso más que las que hay entre individuos aislados.
Luego evidentemente la ciudad no consiste en la comunidad del domicilio, ni en la garantía de los derechos individuales, ni en las relaciones mercantiles y de cambio; estas condiciones preliminares son muy indispensables para que la ciudad exista; pero aun suponiéndolas reunidas, la ciudad no existe todavía. La ciudad es la asociación del bienestar y de la virtud, para bien de las familias y de las diversas clases de habitantes, para alcanzar una existencia completa que se basta a sí misma. [101]
Sin embargo, no podría alcanzarse este resultado sin la comunidad de domicilio y sin el auxilio de los matrimonios; y esto es lo que ha dado lugar en los Estados a las alianzas de familia, a las fratrias, a los sacrificios públicos y a las fiestas en que se reúnen los ciudadanos. La fuente de todas estas instituciones es la benevolencia, sentimiento que arrastra al hombre a preferir la vida común; y siendo el fin del Estado el bienestar de los ciudadanos, todas estas instituciones no tienden sino a afianzarle. El Estado no es más que una asociación, en la que las familias reunidas por barrios deben encontrar todo el desenvolvimiento y todas las comodidades de la existencia; es decir, una vida virtuosa y feliz.
Y así la asociación política tiene ciertamente por fin la virtud y la felicidad de los individuos, y no sólo la vida común.
Los que contribuyen con más a este fondo general de la asociación tienen en el Estado una parte mayor que los que, iguales o superiores por la libertad o por el nacimiento, tienen, sin embargo, menos virtud política; y mayor también que la que corresponde a aquellos que, superándoles por la riqueza, son inferiores a ellos, sin embargo, en mérito.
Puedo concluir de todo lo dicho, que evidentemente, al formular los ricos y los pobres opiniones tan opuestas sobre el poder, no han encontrado ni unos ni otros más que una parte de la verdad y de la justicia.
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{73} Platón se había anticipado a Aristóteles al probar que el poder sólo debe ejercerse en beneficio de los súbditos. Véase la República, libro I.
{74} Voltaire, al comentar a Montesquieu, dice: la monarquía y el despotismo son dos hermanos que tienen entre sí tanta semejanza, que muchas veces se toma el uno por el otro.
{75} Megara estaba 210 estadios, cerca de ocho leguas, distante de Corinto.
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Proyecto Filosofía en español
© 2005 www.filosofia.org Patricio de Azcárate · Obras de Aristóteles
Madrid 1873, tomo 3, páginas 96-101
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