31.3.08

Un esquema para entender la Tabla Económica de Quesnay

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[FISIOCRATAS+3.gif]
Esquema para explicar la Tabla Económica de Quesnay.
Los números indican Miles de Millones de unidades monetarias que expresan el tipo y "valor" e las transacciones entre clases sociales.

1. Los fisiócratas y especialmente Francois Quesnay, son la referencia histórica de la teoría moderna de la Economía Política. Fueron los primeros en sostener la teoría del valor trabajo, solamente que aplicado a la tierra. Por ello la clase productiva para ellos eran los arrendatarios de la tierra, agrupando, en un solo concepto, nos parece, a arrendatarios, campesinos y trabajadores de la agricultura.

2. El esquema arranca con la producción de 5 mil millones de la clase productiva. Estos 5 mil se dividen en 3 mil en forma de producto agrícola y 2 mil en forma de dinero.


3. 2 mil en forma de dinero se van en concepto de renta de la tierra hacia la clase rentista.

4. Los 3 mil de producto: 1 mil para rentistas en forma de alimentos, 1 mil en forma de materias primas para la clase estéril. Estéril (artesanos e industriales en un solo "saco") en el sentido de que solamente produce su propio equivalente y no genera excedente.

5. La clase rentista gasta 1 mil en alimentos y retorna este dinero a la clase productiva y compra 1 mil en productos manufacturados a la clase estéril.


6. La clase estéril compra 1 mil en materias primas a la clase productiva con el dinero (1 mil) que le ha pagado la clase rentista por productos manufacturados. Esos mil, los usa la clase productiva para comprar productos manufacturados (herramientas y otros) a la clase esteril y esta, a su vez, compra a la clase productiva alimentos por ese mismo valor.

Aquí se completa un ciclo de "circulación perfecta", entre las tres clases sociales: los 1 mil que la clase productiva entregó a la clase rentista en forma de renta y esta a la clase estéril para comprar productos manufacturados, retornan a su origen cuando la clase estéril compra 1 mil en materias primas a la clase productiva.

Para los fisiócratas la circulación imperfecta se da solamente entre dos clases sociales.

7. En el esquema no salen las cuentas cabales, si lo observamos con ojos de Economía Política contemporánea. Por ejemplo, como anotó Marx, el producto que circula no son 9 sino 7, que es el nuevo valor creado por la clase productiva y la clase estéril; no se oberva la creación de valor en la clase estéril, en la manufactura. Y quedan muchas preguntas y observaciones algunas de las cuales, como dejamos dicho, las hizo el mismo Marx en su Historia Crítica de las Teorías de la Plusvalía.


8. Pero queda claro que Quesnay fué el primero en hacer una especie de matriz insumo producto de la economía de su época, contablemente coherente y que su preocupación era cómo la riqueza se distribuía y producía entre diversas clases sociales.


Tómense estas notas como una primera aproximación a un esquema para explicar la Tabla Económica.


Otro esquema simplificado para entender la Tabla Económica se encuentra en:

http://cspoliticassantabarbara.wordpress.com/tabla-economica/

En este esquema se destacan con originalidad y digo, con pureza, sin introducir elementos monetarios, las relaciones de transacciones entre las clases sociales y en el caso de los arrendatarios la transacción que se realiza al interior de su propia clase.


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27.3.08

Condillac como Sensualista

En esta biografía se destaca la influencia de Condillac en la, podríamos decir, epistemología de las sensaciones:

http://es.wikipedia.org/wiki/Condillac

Tomás Moro: nota biográfica

En esta biografía de Tomás Moro se destaca:

1. El concepto de "parasitismo social". Todavía Moro, consideraba que el trabajo aplicado a la tierra, de los arrendatarios, era la fuente del valor, de la riqueza. El resto de la sociedad vivía de éste trabajo y la nobleza inglesa peor, porque vivía sin trabajar.

2. Teoría de la negatividad de la propiedad privada.

3. Conceptos de relación entre trabajo manual e intelectual, oposición campo y ciudad.

4. Igualdad humana y régimen político.

5. Distribución en base a necesidades. Incluso esto debe analizarse nos parece como un antecedente teórico no del socialismo, sino del comunismo.

Se enfatiza en Moro como un Socialista Utópico. Y al recordar su biografía, se encuentra una situación trágicamente consecuente de la dicotomía histórica entre poder político y poder científico, resuelta a lo Sócrates, con el sacrificio del científico.


En:

http://www.eumed.net/cursecon/dic/bzm/m/Moro.htm

MORO, TOMÁS (1478-1535):

Pensador y humanista inglés, uno de los fundadores del socialismo utópico. Jurista por su formación. Ocupó altos cargos en el gobierno inglés, entre ellos el de Lord Canciller. Fue decapitado por negarse a reconocer al rey Enrique VIII como jefe de la Iglesia. En su “Libro de oro, tan útil como festivo, sobre la mejor organización del Estado y sobre la nueva Isla de Utopía” (1516), sometió a dura crítica al feudalismo y las relaciones capitalistas que entonces estaban naciendo en Inglaterra.

Condenando el parasitismo de la nobleza inglesa, Moro escribió que ésta, “como los zánganos, vive del trabajo ajeno”, concretamente del trabajo de los arrendatarios, a los que “monda hasta la carne viva” sin la menor compasión.

Veía en la propiedad privada la causa principal de las calamidades sociales.

Escribió que, en el régimen de propiedad privada por más que la sociedad florezca, el hombre muere de hambre “si no se preocupa de si mismo”.

Soñando con una mejor organización de la sociedad, Moro traza en su libro la imagen del régimen socialista ideal del país de Utopía.

En este país impera la igualdad entre los hombres, no existe la propiedad privada, la producción es social, aunque distribuida en talleres independientes (con entrega del producto a los depósitos colectivos), no se da la oposición entre la ciudad y el campo, entre el trabajo físico y el intelectual, los productos se distribuyen según las necesidades, el régimen político es de tipo republicano.

La idea de Moro acerca de un régimen ideal de la sociedad influyó en sentido progresivo sobre la evolución del pensamiento social: en pleno siglo XVI, Moro se asomó al futuro y predijo genialmente algunos de sus rasgos.

20.3.08

Marginalismo y sus bases

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La obra cumbre de Jevons, que construye dos pilares del marginalismo:

1. La teoría subjetiva del valor matematizada. Su sistematizador, Carl Menger no la matematizó.

2. Pionero en la aplicación del cálculo diferencial a la economía.

Puede leerse en inglés en:

http://www.econlib.org/LIBRARY/YPDBooks/Jevons/jvnPE.html
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18.3.08

Crisis Comerciales

El texto completo en francés de las crisis comerciales de Juglar:

http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k83714z

Historia del Pánico

Juglar puso a una de sus obras el sugestivo título de "Breve historia de los pánicos en los Estados Unidos". Juglar es el precursor moderno, del capitalismo en el análisis de los ciclos económicos, Marx es el precursor del análisis de las CRISIS capitalistas. Después de Keynes sabemos que un ciclo puede terminar en una crisis o no o más bien que el comportamiento crítico de la economía capitalista es cíclico.

Nos llama la atención el término "pánico" usado por Juglar pues refleja el contenido social del ciclo económico en su fase recesiva. El pánico significa miedo, terror; el dios griego pan se aparecía en las noches y eso causaba
. (http://etimologias.dechile.net/?pa.nico).

La recesión es como el dios griego pan, con la diferencia que es real, es un hecho social, que ocasiona terror al poner en peligro aspectos vitales de la sociedad, individuales y colectivos. La recesión atenta contra la subsitencia misma del ser humano, al poner en riesgo la existencia de los bienes materiales necesarios para su vida.

Las recesiones son la parte negativa de los ciclos (las expansiones o recuperaciones son la parte positiva) y ocasionan trastornos sociales que bien podrían incluirse en una sociología del miedo. (http://www.noticiasdelsur.com/nota.php?nota=489).

El pánico es una dimensión superlativa del miedo. Se tendría miedo en un primer nivel cuando se presenta un proceso de desaceleración de la economía, pánico en una prolongada recesión y terror en una crisis cuando la economía toca fondo, como en 1930.

Los Estados Unidos de América, son la primera potencia capitalista del mundo, cuyo producto interno bruto solamente es superado por la Unión Europea "en vaca", en conjunto; ha sentido históricamente como nadie estos procesos sociológicos de pánico. Pero en el actual período recesivo existen posibilidades de que la fase depresiva sea más amplia y profunda y probablemente más frecuente pero seguramente más global; solamente atenuada por medidas keynesianas de política monetaria y fiscal.

Recordemos algunos planteamientos de Juglar, con este texto, que desafortunadamente lo hemos encontrado en inglés y no en español:

http://www.gutenberg.org/dirs/etext05/panic10.txt

Un fragmento del compilador, DECOURCY W. THOM, que resumió el libro de Juglar:

"A Crisis or Panic may be defined as a stoppage of the rise of prices:
that is to say, the period when new buyers are not to be found. It is
always accompanied by a reactionary movement in prices.

A panic may be broadly stated as due to overtrading, which causes
general business to need more than the available capital, thus producing
general lack of credit. Its precipitating causes are broadly anything
leading to overtrading:

In the United States they may be classed as follows:

I. PANICS OF CIRCULATION, as in 1857, when the steadily increased
circulation, which had almost doubled in nine years, had rendered it
very easy to grant excessive discounts and loans, which had thus
over-stimulated business, so that the above relapse occurred; or, we may
imagine the converse case, leading to a quicker and even greater
disaster: a sudden and proportionate shrinkage of circulation, which, of
course, would have fatally cut down loans and discounts, and so
precipitated general ruin.

2. A PANIC OF CREDIT, as in 1866, when the failure of Overend, Gurney, &
Co. rendered the whole business world over cautious, and led to a
universal shrinkage of credit. [I take the liberty of adding that it
seems evident to me that such a danger must soon confront us in the
United States, unless our Silver Law is changed, because of a finally
inevitable distrust of the government's ability to keep 67-cent silver
dollars on an equality with 100-cent gold dollars.]

3. PANICS OF CAPITAL, as in 1847, when capital was so locked up in
internal improvements as to prove largely useless.

4. GENERAL TARIFF CHANGES. To the three causes given above the
translator adds a fourth and most important one: Any change in our
tariff laws general enough to rise to the dignity of a new tariff has
with one exception in our history precipitated a panic. This exception
is the tariff of 1846, which was for revenue only, and introduced after
long notice and upon a graduated scale. This had put the nation at large
in such good condition that when the apparently inevitable Decennial
Panic occurred in 1848 recovery from it was very speedy."

(...)

Juglar: referencia biográfica

En:

http://es.wikipedia.org/wiki/Clement_Juglar

Joseph Clement Juglar (1819-1905). Médico y economista francés.

Publicó Las crisis comerciales y su reaparición periódica en Francia, Inglaterra y Estados Unidos (1862), donde demostró que las crisis económicas no son sucesos casuales o debidos a continencias, sino parte de una fluctuación cíclica de la actividad comercial, industrial y financiera y que los períodos de prosperidad y crisis se seguían unos a otros, por lo que se considera el descubridor de los ciclos económicos.

En reconocimiento a su trabajo estadístico, se ha dado su nombre al ciclo medio, de ocho años y medio de duración en promedio, el Ciclo de Juglar, el básico de la actividad económica en el capitalismo.

7.3.08

Valor de uso y de cambio; comercio y usura


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El descubrimiento central de Aristóteles sobre el valor de uso y el valor de cambio, se encuentra en este extracto. También sus valoraciones sobre la economía natural y la economía artificial, la primera es aceptable y la segunda despreciable, una acrecienta el patrimonio la otra acrecienta el dinero por el dinero mismo.

En:


Política · libro primero, capítulo III

De la adquisición de los bienes

Puesto que el esclavo forma parte de la propiedad, vamos a estudiar, siguiendo nuestro método acostumbrado, la propiedad en general y la adquisición de los bienes.

La primera cuestión que debemos resolver, es si la ciencia de adquirir es la misma que la ciencia doméstica, o si es una rama de ella o sólo una ciencia auxiliar. Si no es más que esto último, ¿lo será al modo que el arte de hacer lanzaderas es un auxiliar del arte de tejer? ¿O como el arte de fundir metales sirve para el arte del estatuario?
Los servicios de estas dos artes subsidiarias son realmente muy distintos: lo que suministra la primera es el [29] instrumento, mientras que la segunda suministra la materia. Entiendo por materia la sustancia que sirve para fabricar un objeto; por ejemplo, la lana de que se sirve el fabricante, el metal que emplea el estatuario.
Esto prueba, que la adquisición de los bienes no se confunde con la administración doméstica, puesto que la una emplea lo que la otra suministra. ¿A quién sino a la administración doméstica pertenece usar lo que constituye el patrimonio de la familia?

Resta saber si la adquisición de las cosas es una rama de esta administración, o si es una ciencia aparte. Por lo pronto, si el que posee esta ciencia debe conocer las fuentes de la riqueza y de la propiedad, es preciso convenir en que la propiedad y la riqueza abrazan objetos muy diversos. En primer lugar puede preguntarse, si el arte de la agricultura, y en general la busca y adquisición de alimentos, están comprendidas en la adquisición de bienes, o si forman un modo especial de adquirir. Los modos de alimentación son extremadamente variados, y de aquí esta multiplicidad de géneros de vida en el hombre y en los animales, ninguno de los cuales puede subsistir sin alimentos; variaciones que son precisamente las que diversifican la existencia de los animales. En el estado salvaje unos viven en grupos, otros en el aislamiento, según lo exige el interés de su subsistencia, porque unos son carnívoros, otros frugívoros y otros omnívoros. Para facilitar la busca y elección de alimentos es para lo que la naturaleza les ha destinado a un género especial de vida. La vida de los carnívoros y la de los frugívoros difieren precisamente en que no gustan por instinto del mismo alimento, y en que los de cada una de estas clases tienen gustos particulares.

Otro tanto puede decirse de los hombres, no siendo menos diversos sus modos de existencia. Unos, viviendo en una absoluta ociosidad, son nómadas que sin pena y sin trabajo se alimentan de la carne de los animales que crían. Sólo que, viéndose precisados sus ganados a mudar de pastos, y ellos a seguirlos, es como si cultivaran un campo vivo. Otros subsisten con aquello de que hacen presa, pero no del mismo modo todos; pues unos viven del pillaje{12}, y otros de la pesca, cuando habitan en las orillas de los estanques o de los lagos, o en las orillas de los [30] ríos o del mar; y otros cazan las aves y los animales bravíos. Pero los más de los hombres viven del cultivo de la tierra y de sus frutos.

Estos son, poco más o menos, todos los modos de existencia, en que el hombre sólo tiene necesidad de prestar su trabajo personal, sin acudir para atender a su subsistencia al cambio ni al comercio: nómada, agricultor, bandolero, pescador o cazador. Hay pueblos que viven cómodamente combinando estos diversos modos de vivir y tomando del uno lo necesario para llenar los vacíos del otro: son a la vez nómadas y salteadores, cultivadores y cazadores, y lo mismo sucede con los demás que abrazan el género de vida que la necesidad les impone.

Como puede verse, la naturaleza concede esta posesión de los alimentos a los animales a seguida de su nacimiento, y también cuando llegan a alcanzar todo su desarrollo. Ciertos animales en el momento mismo de la generación producen para el nacido el alimento que habrá de necesitar hasta encontrarse en estado de procurárselo por sí mismo. En este caso se encuentran los vermíparos{13} y los ovíparos. Los vivíparos llevan en sí mismos, durante un cierto tiempo, los alimentos de los recién nacidos pues no otra cosa es lo que se llama leche. Esta posesión de alimentos tiene igualmente lugar cuando los animales han llegado a su completo desarrollo, y debe creerse que las plantas están hechas para los animales, y los animales para el hombre. Domesticados, le prestan servicios y le alimentan; bravíos, contribuyen, si no todos, la mayor parte, a su subsistencia y a satisfacer sus diversas necesidades, suministrándole vestidos y otros recursos. Si la naturaleza nada hace incompleto, si nada hace{14} en vano, es de necesidad que haya creado todo esto para el hombre.
La guerra misma es en cierto modo un medio natural de adquirir, puesto que comprende la caza de los animales bravíos y de aquellos hombres que, nacidos para obedecer, se niegan a someterse; es una guerra que la naturaleza misma ha hecho legítima.
He aquí, pues, un modo de adquisición natural que forma [31] parte de la economía doméstica, la cual debe encontrárselo formado o procurárselo, so pena de no poder reunir los medios indispensables de subsistencia, sin los cuales no se formarían ni la asociación del Estado ni la asociación de la familia.

En esto consiste, si puede decirse así, la única riqueza verdadera, y todo lo que el bienestar puede aprovechar de este género de adquisiciones, está bien lejos de ser ilimitado, como poéticamente pretende Solón:

«El hombre puede aumentar ilimitadamente sus riquezas.»

Sucede todo lo contrario, pues en esto hay un límite como lo hay en todas las demás artes. En efecto, no hay arte, cuyos instrumentos no sean limitados en número y extensión; y la riqueza no es más que la abundancia de los instrumentos domésticos y sociales.

Existe por tanto evidentemente un modo de adquisición natural, que es común a los jefes de familia y a los jefes de los Estados. Ya hemos visto cuáles eran sus fuentes.

Resta ahora este otro género de adquisición que se llama más particularmente y con razón la adquisición de bienes, y respecto de la cual podría creerse que la fortuna y la propiedad pueden aumentarse indefinidamente.

La semejanza de este segundo modo de adquisición con el primero es causa de que ordinariamente no se vea en ambos más que un solo y mismo objeto. El hecho es, que ellos no son ni idénticos, ni muy diferentes; el primero, es natural, el otro no procede de la naturaleza, sino que es más bien el producto del arte y de la experiencia. Demos aquí principio a su estudio.
Toda propiedad tiene dos usos que le pertenecen esencialmente, aunque no de la misma manera: el uno es especial a la cosa, el otro no lo es. Un zapato puede a la vez servir para calzar el pie o para verificar un cambio. Por lo menos puede hacerse de él este doble uso. El que cambia un zapato por dinero o por alimentos con otro que tiene necesidad de él, emplea bien este zapato en tanto que tal, pero no según su propio uso, porque no había sido hecho para el cambio. Otro tanto diré de todas las demás propiedades; pues el cambio efectivamente puede aplicarse a todas, puesto que ha nacido primitivamente entre los hombres de la abundancia en un punto y de la escasez en otro de las cosas necesarias para la vida. Es demasiado claro, que en este sentido la venta no forma en manera alguna parte de la [32] adquisición natural.
En su origen, el cambio no se extendía más allá de las primeras necesidades, y es ciertamente inútil en la primera asociación, la de la familia. Para que nazca, es preciso que el círculo de la asociación sea más extenso.

En el seno de la familia todo era común; separados algunos miembros, se crearon nuevas sociedades para fines no menos numerosos, pero diferentes que los de las primeras, y esto debió necesariamente dar origen al cambio. Este es el único cambio que conocen muchas naciones bárbaras; el cual no se extiende a más que al trueque de las cosas indispensables; como, por ejemplo, el vino que se da a cambio de trigo.
Este género de cambio es perfectamente natural, y no es, a decir verdad, un modo de adquisición, puesto que no tiene otro objeto que proveer a la satisfacción de nuestras necesidades naturales.
Sin embargo, aquí es donde puede encontrarse lógicamente el origen de la riqueza. A medida que estas relaciones de auxilios mutuos se transformaron, desenvolviéndose mediante la importación de los objetos de que se carecía y la exportación de aquellos que abundaban, la necesidad introdujo el uso de la moneda, porque las cosas indispensables a la vida son naturalmente difíciles de transportar.

Se convino en dar y recibir en los cambios una materia, que, además de ser útil por sí misma, fuese fácilmente manejable en los usos habituales de la vida; y así se tomaron el hierro, por ejemplo, la plata, u otra sustancia análoga, cuya dimensión y cuyo peso se fijaron desde luego, y después, para evitar la molestia de continuas rectificaciones, se las marcó con un sello particular, que es el signo de su valor.

Con la moneda, originada por los primeros cambios indispensables, nació igualmente la venta, otra forma de adquisición excesivamente sencilla en el origen, pero perfeccionada bien pronto por la experiencia, que reveló cómo la circulación de los objetos podía ser origen y fuente de ganancias considerables.
He aquí cómo, al parecer, la ciencia de adquirir tiene principalmente por objeto el dinero, y cómo su fin principal es el de descubrir los medios de multiplicar los bienes, porque ella debe crear la riqueza y la opulencia.

Esta es la causa de que se suponga muchas veces, que la opulencia consiste en la abundancia de dinero, como que sobre el dinero giran las adquisiciones y las ventas; y sin embargo, este dinero no es en sí mismo más que una cosa absolutamente vana, no [33] teniendo otro valor que el que le da la ley, no la naturaleza, puesto que una modificación en las convenciones que tienen lugar entre los que se sirven de él, puede disminuir completamente su estimación y hacerle del todo incapaz para satisfacer ninguna de nuestras necesidades.

En efecto, ¿no puede suceder que un hombre, a pesar de todo su dinero, carezca de los objetos de primera necesidad?, y ¿no es una riqueza ridícula aquella cuya abundancia no impide que el que la posee se muera de hambre?{15} Es como el Midas de la mitología que, llevado de su codicia desenfrenada, hizo convertir en oro todos los manjares de su mesa.

Así que con mucha razón los hombres sensatos se preguntan si la opulencia y el origen de la riqueza están en otra parte, y ciertamente la riqueza y la adquisición naturales, objeto de la ciencia doméstica, son una cosa muy distinta.

El comercio produce bienes, no de una manera absoluta, sino mediante la conducción aquí y allá de objetos que son preciosos por sí mismos.

El dinero es el que parece preocupar al comercio, porque el dinero es el elemento y el fin de sus cambios; y la fortuna, que nace de esta nueva rama de adquisición, parece no tener realmente ningún límite.

La medicina aspira a multiplicar sus curas hasta el infinito, y como ella todas las artes colocan en el infinito el fin a que aspiran y pretenden alcanzarlo empleando todas sus fuerzas. Pero, por lo menos, los medios que les conducen a su fin especial son limitados, y este fin mismo sirve a todas de límite.

Lejos de esto, la adquisición comercial no tiene por fin el objeto que se propone, puesto que su fin es precisamente una opulencia y una riqueza indefinidas.

Pero si el arte de esta riqueza no tiene límites, la ciencia doméstica los tiene, porque su objeto es muy diferente. Y así podría creerse a primera vista, que toda riqueza, sin excepción, tiene necesariamente límites. Pero ahí están los hechos para probarnos lo contrario: todos los negociantes ven acrecentarse su dinero sin traba ni término.
Estas dos especies de adquisición tan diferentes, emplean el mismo capital a que ambas aspiran, aunque con miras muy distintas, pues que la una tiene por objeto el acrecentamiento [34] indefinido del dinero, y la otra otro muy diverso; esta semejanza ha hecho creer a muchos, que la ciencia doméstica tiene igualmente la misma extensión, y están firmemente persuadidos de que es preciso a todo trance conservar o aumentar hasta el infinito la suma de dinero que se posee.

Para llegar a conseguirlo, es preciso preocuparse únicamente del cuidado de vivir, sin curarse de vivir como se debe<. No teniendo límites el deseo de la vida, se ve uno directamente arrastrado a desear, para satisfacerle, medios que no tiene.

Los mismos que se proponen vivir moderadamente, corren también en busca de goces corporales, y como la propiedad parece asegurar estos goces, todo el cuidado de los hombres se dirige a amontonar bienes, de donde nace esta segunda rama de adquisición de que hablo.

Teniendo el placer necesidad absoluta de una excesiva abundancia, se buscan todos los medios que pueden procurarla<. Cuando no se pueden conseguir éstos con adquisiciones naturales, se acude a otras, y aplica uno sus facultades a usos a que no estaban destinadas por la naturaleza.

Y así, el agenciar dinero no es el objeto del valor, que sólo debe darnos una varonil seguridad; tampoco es el objeto del arte militar ni de la medicina, que deben darnos, aquél la victoria, ésta la salud; y sin embargo, todas estas profesiones se ven convertidas en un negocio de dinero, como si fuera éste su fin propio, y como si todo debiese tender a él. Esto es lo que tenía que decir sobre los diversos medios de adquirir lo superfluo; habiendo hecho ver lo que son estos medios, y cómo pueden convertirse para nosotros en una necesidad real.

En cuanto al arte que tiene por objeto la riqueza verdadera y necesaria, he demostrado que era completamente diferente del otro, y que no es más que la economía natural, ocupada únicamente con el cuidado de las subsistencias; arte que, lejos de ser infinito como el otro, tiene, por el contrario límites positivos.

Esto hace perfectamente clara la cuestión que al principio proponíamos; a saber, si la adquisición de los bienes es o no asunto propio del jefe de familia y del jefe del Estado. Ciertamente es indispensable suponer siempre la preexistencia de estos bienes.

Así como la política no hace a los hombres, sino que los toma como la naturaleza se los da, y se limita a servirse de ellos; en igual forma a la naturaleza toca suministrarnos los primeros [35] alimentos que proceden de la tierra, del mar o de cualquier otro origen, y después queda a cargo del jefe de familia disponer de estos dones, como convenga hacerlo; así como el fabricante no crea la lana, pero debe saber emplearla, distinguir sus cualidades y sus defectos, y conocer la que puede o no servir.

También podría preguntarse cómo es que mientras la adquisición de bienes forma parte del gobierno doméstico, no sucede lo mismo con la medicina, puesto que los miembros de la familia necesitan tanto la salud como el alimento o cualquier otro objeto indispensable para la vida. He aquí la razón: si por una parte el jefe de familia y el jefe del Estado deben ocuparse de la salud de sus administrados, por otra parte este cuidado compete, no a ellos, sino al médico. De igual modo lo relativo a los bienes de la familia hasta cierto punto compete a su jefe, pero bajo otro no, pues no es él y sí la naturaleza quien debe suministrarlos.

A la naturaleza, repito, compete exclusivamente dar la primera materia. A la misma corresponde asegurar el alimento al ser que ha creado, pues en efecto, todo ser recibe los primeros alimentos del que le transmite la vida; y he aquí por qué los frutos y los animales forman una riqueza natural, que todos los hombres saben explotar.
Siendo doble la adquisición de los bienes, como hemos visto, es decir, comercial y doméstica, ésta necesaria y con razón estimada, y aquélla con no menos motivo despreciada{16}, por no ser natural y sí sólo resultado del tráfico, hay fundado motivo para execrar la usura, porque es un modo de adquisición nacido del dinero mismo, al cual no se da el destino para que fue creado. El dinero sólo debía servir para el cambio, y el interés, que de él se saca, le multiplica, como lo indica claramente el nombre que le da la lengua griega. Los padres en este caso son absolutamente semejantes a los hijos. El interés es dinero producido por el dinero mismo; y de todas las adquisiciones es esta la más contraria a la naturaleza.[36]
———

{12} Como observa Tucídides (lib. I, cap. V), el hacer esto no era una cosa deshonrosa en los primeros tiempos de la Grecia.

{13} Sin duda Aristóteles se refiere a aquellos insectos cuyos huevos son demasiado pequeños para poderse descubrir a simple vista.

{14} Principio de las causas finales de que Aristóteles hace un uso muy frecuente.

{15} Montesquieu observa, que las inmensas cantidades de oro y plata del nuevo mundo no impidieron que España cayera en la miseria, ocasionada por una multitud de causas.

{16} Platón ha explicado con gran claridad y con más moderación que Aristóteles las causas del desprecio en que cayó en general el comercio.
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Proyecto Filosofía en español
© 2005 www.filosofia.org Patricio de Azcárate · Obras de Aristóteles
Madrid 1874, tomo 3, páginas 28-35

La Política, índice


*

En:

http://www.filosofia.org/cla/ari/azc03.htm

Aristóteles· Política
Libro I· II· III· IV· V· VI· VII· VIII
Patricio de Azcárate· Obras de Aristóteles· volumen 3· Madrid 1874

Biblioteca Filosófica. Aristóteles. Política. Obras filosóficas de Aristóteles. Obras de Aristóteles, puestas en lengua castellana por D. Patricio de Azcárate, socio correspondiente de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia de la Historia. Madrid [1874], Medina y Navarro, Editores. Calle del Rubio, núm. 25. (Imprenta de la Biblioteca de Instrucción y Recreo, Rubio 25, Madrid.) 302 páginas.

Índice y sumario

Observaciones acerca del orden en que aparecen colocados los libros de la Política de Aristóteles, 7

La Política

Libro primero
De la sociedad civil. De la esclavitud.
De la propiedad. Del poder domestico
.

Capítulo primero. Origen del Estado y de la sociedad.

La sociedad es un hecho natural. – Elementos de la familia; el marido y la mujer, el señor y el esclavo. – El pueblo se forma mediante la asociación de familias. – El Estado se forma mediante la asociación de pueblos: es el fin de todas las demás asociaciones: el hombre es un ser esencialmente sociable. – Superioridad del Estado sobre los individuos; necesidad de la justicia social, 17

Capítulo II. De la esclavitud.

Opiniones diversas en pro y en contra de la esclavitud: opinión de Aristóteles; necesidad de instrumentos sociales; necesidad y utilidad del poder de la obediencia. – La superioridad y la inferioridad naturales determinan la existencia de los señores de los esclavos: la esclavitud natural es necesaria, justa y útil; el derecho de la guerra no puede fundar la esclavitud. – Ciencia del señor; ciencia del esclavo, 21

Capítulo III. De la adquisición de los bienes.

De la propiedad natural y de la artificial. – Teoría de la adquisición de los bienes; la adquisición de los bienes no afecta directamente a la economía doméstica, que emplea los bienes, pero no los crea. – Diversos modos de adquirir: la agricultura, el pastoreo, la caza, la pesca, la piratería &c. Todos estos modos constituyen la adquisición natural. – El comercio es un modo de adquisición que no es natural; doble valor de las cosas, uso y cambio; necesidad y utilidad de la moneda: la venta; codicia insaciable del comerciante; reprobación de la usura, 28

Capítulo IV. Consideraciones prácticas sobre la adquisición de bienes.

Riqueza natural, riqueza artificial; explotación de los bosques y de las minas como una tercera especie de riqueza. – Autores que han escrito sobre estas materias: Carés de Paros y Apolodoro de Lemnos. – Especulaciones ingeniosas y seguras para adquirir fortuna: especulación de Tales; monopolios utilizados por los particulares y por los Estados, 36

Capítulo V. Del poder doméstico.

Relaciones del marido a la mujer y del padre a los hijos. – Virtudes particulares y generales del esclavo, de la mujer y del hijo. – Diferencia profunda entre el hombre y la mujer: error de Sócrates: trabajos estimables de Gorgias. – Cualidades del obrero. Importancia de la educación de las mujeres y de los hijos, 38

Libro segundo

Examen crítico de las teorías anteriores
y de las principales constituciones


Capítulo primero. Examen de La República de Platón.

Crítica de sus teorías sobre la comunidad de las mujeres y de los hijos. – La unidad política tal como la concibe Platón, es una quimera, y destruiría el Estado, lejos de fortificarle. – Indiferencia que ordinariamente, tienen los asociados respecto de las propiedades comunes; imposibilidad de ocultará los ciudadanos los lazos de familia que los unen; peligros de ignorarlos; crímenes contra naturaleza; indiferencia de unos ciudadanos para con otros. – Condenación absoluta de este sistema, 43

Capítulo II. Continuación del examen de La República de Platón.

Crítica de sus teorías sobre la comunidad de bienes; dificultades generales que nacen de la mancomunidad, cualquiera era que ella sea. – La benevolencia recíproca de los ciudadanos puede, hasta cierto punto, reemplazar la mancomunidad, y vale mas que ella; importancia del sentimiento de propiedad; el sistema de Platón sólo tiene una apariencia seductora; es impracticable, y no tiene las ventajas que su autor dice. – Observaciones críticas sobre la posición excepcional de los guerreros y sobre la perpetuidad de las magistraturas, 49

Capítulo III. Examen del Tratado de las Leyes de Platón.

Relaciones y diferencias entre las Leyes y la República. – Observaciones críticas: el número de guerreros es excesivo, y no se toma en cuenta para nada la guerra exterior; falta de claridad y de precisión en lo relativo a los límites de la propiedad; olvido en lo concerniente al número de hijos; no se advierte en Fidon este vacío; el carácter general de la constitución propuesta en las Leyes es sobre todo oligárquico, como lo prueba el modo de elección los magistrados, 54

Capítulo IV. Examen de la Constitución propuesta por Faleas de Calcedonia.

De la igualdad de bienes; importancia de esta ley política; la igualdad de los bienes lleva consigo la igualdad de educación. – Insuficiencia de este principio. – Faleas nada ha dicho de las relaciones de su ciudad con los Estados vecinos: es preciso extender la igualdad de bienes hasta los muebles, no limitarla a los bienes raíces. – Disposición de Fáleas sobre los artesanos, 58

Capítulo V. Examen de la Constitución ideada por Hipódamo de Mileto.

Análisis de esta constitución; división de las propiedades; edades, tribunal supremo de apelación; recompensa a los inventores de descubrimientos políticos; educación de los huérfanos de los guerreros. – Crítica de la división de las clases y de la propiedad; crítica del sistema propuesto por Hipódamo respecto al tribunal de apelación; cuestión relativa a las innovaciones en materia política; es conveniente dejar de hacer innovaciones, para no debilitar el respeto debido a la ley, 62

Capítulo VI. Examen de la Constitución de Lacedemonia.

Crítica de la organización de la esclavitud en Esparta; vacío de la legislación lacedemoniana respecto a las mujeres. – Desproporción enorme de las propiedades territoriales causada por la imprevisión del legislador; consecuencias fatales. – Defectos en la institución de los éforos; defectos en la institución del senado; defectos en la institución del reinado. – Organización viciosa de las comidas comunes. – Los almirantes tienen demasiado poder. – Esparta, según Platón , sólo ha desarrollado la virtud guerrera. – Organización defectuosa de las rentas públicas, 67

Capítulo VII. Examen de la Constitución de Creta.

Sus relaciones con la constitución de Lacedemonia; admirable posición de Creta; siervos, Cosmos, Senado; la organización de las comidas públicas y comunes es mejor en Creta que en Esparta. – Costumbres viciosas de los cretenses autorizadas por el legislador; desórdenes monstruosos del gobierno cretense, 73

Capítulo VIII. Examen de la Constitución de Cartago.

Su mérito probado por la tranquilidad interior que ha disfrutado y la estabilidad del Estado; analogías entre la constitución de Cartago y la de Esparta. – Defectos de constitución cartaginesa; demasiado poder de las magistraturas; estimación exagerada de la riqueza; acumulación de empleos; la constitución cartaginesa no es bastante fuerte para que el Estado pueda soportar un contratiempo, 76

Capítulo IX. Consideraciones acerca de varios legisladores.

Solon: verdadero espíritu de sus reformas. – Zaleuco, Carondas, Onomacrito; Filolao, legislador de Tebas; ley de Carondas contra los testigos falsos; Dracon, Pitaco, Androdamas, 79

Libro tercero
Del Estado y del ciudadano.
Teoría de los gobiernos y de la soberanía. Del reinado


Capítulo primero. Del Estado y del ciudadano.

Condiciones necesarias para ser ciudadano: el domicilio no basta; el carácter distintivo del ciudadano es la participación en las fusiones de juez y de magistrado: esta definición general varía según los gobiernos, y se aplica principalmente al ciudadano de la democracia; insuficiencia de las definiciones que ordinariamente se dan. – De la identidad del Estado en sus relaciones con los ciudadanos; la identidad del suelo no constituye la identidad del Estado; el Estado varía con la constitución misma, 83

Capítulo II. Continuación del mismo asunto.

La virtud del ciudadano no se confunde con la del hombre privado; el ciudadano está siempre en relación con el Estado. La virtud del individuo es absoluta, sin que las relaciones exteriores la limiten; estas dos virtudes no se confunden en la república perfecta: sólo se dan reunidas en el magistrado digno de mandar; cualidades muy diversas que exigen el mando y la obediencia, bien que el buen ciudadano debe saber igualmente obedecer que mandar; la virtud especialmente propia del mando es la prudencia, 88

Capítulo III. Conclusión del asunto anterior.

Los artesanos no pueden ser ciudadanos en un Estado bien constituido; excepciones diversas a este principio; posición de los artesanos en las aristocracias y en las oligarquías; necesidades a que los Estados deben someterse a veces. – Concepto definitivo del ciudadano, 92

Capítulo IV. División de los gobiernos y de las constituciones.

Idea general y fin del Estado; el amor instintivo de la vida y la sociabilidad en el hombre; el poder, en la comunión política, debe tener siempre por mira el bien de los administrados. según este principio, se dividen los gobiernos en gobiernos de interés general, que son los buenos, y gobiernos de intereses particular, que son los corrompidos, 94

Capítulo V. División de los gobiernos.

Gobiernos puros: reinado, aristocracia, república; gobiernos corrompidos: tiranía, oligarquía, demagogia. – Las objeciones que se hacen a esta división general, se apoyan en hipótesis y no en hechos. – Disentimiento de los ricos y de los pobres sobre la justicia y el derecho políticos; unos y otros ven tan solo una parte de la verdad. – Noción exacta y esencial de la ciudad y de a asociación política que tienen principalmente en cuenta la virtud y la felicidad de los asociados, no tan sólo la vida común. Solución general del litigio entre la riqueza y la pobreza, 96

Capítulo VI. De la soberanía.

El gobierno del Estado puede ser profundamente injusto; pretensiones recíprocas e igualmente inicuas de la mayoría y de la minoría. – Argumentos diversos en favor de la soberanía popular, y enumeración de los objetos a que pueden extenderse; objeciones a estos argumentos y respuesta a estas objeciones. – La soberanía debe residir en las leyes fundadas en la razón; estrecha relación entre las leyes y la constitución, 101

Capítulo VII. Continuación de la teoría de la soberanía.

Para saber a quien pertenece la soberanía, deben tenerse en cuenta las condiciones verdaderamente políticas, y no otras, cualesquiera que ellas sean: la nobleza, la libertad, la fortuna, la justicia, el valor militar, la ciencia, la virtud. – Insuficiencia de las pretensiones exclusivas: la igualdad es, en general, el fin que el legislador debe proponerse a fin de conciliar aquellas, 106

Capítulo VIII. Continuación de la teoría de la soberanía.

Excepción al principio de igualdad en favor del hombre superior; origen y justificación del ostracismo; uso del ostracismo en los gobiernos de todas clases; el ostracismo no es posible en la ciudad perfecta; el Estado debe someterse al hombre superior; apoteosis del genio, 110

Capítulo IX. Teoría del reinado.

De la utilidad o de los peligros de esta forma de gobierno. – Cinco especies diversas de reinado, que debe ser siempre legal: la primera especie no es más que un generalato vitalicio; la segunda es la que tienen ciertos pueblos bárbaros, y se aproxima a la tiranía por lo ilimitado de su poder; la tercera comprende las esimenetías o tiranías voluntarias consentidas por un tiempo más o menos largo; o la cuarta es el reinado de los tiempos heroicos; la quinta, en fin, es aquella en que el rey es dueño absoluto del poder a la manera que lo es el padre en el seno de la familia, 112

Capítulo X. Continuación de la teoría del reinado.

Las cinco especies pueden reducirse a dos principales. – Del reinado absoluto: vale más encomendar el poder a un sólo individuo que a las leyes hechas por ciudadanos ilustrados y hombres de bien. – Argumentos en pro y en contra del reinado absoluto; la aristocracia es muy preferible; causas que han producido el establecimiento y después la ruina de los reinados. – La sucesión hereditaria del poder real no es admisible. – De la fuerza pública puesta a disposición del reinado, 115

Capítulo XI. Conclusión de la teoría del reinado.

Superioridad de la ley; aun cuando ésta disponga siempre de una manera general, vale más que el poder arbitrario de un individuo; auxiliares precisos de que el monarca ha de servirse siempre para poder ejercer la autoridad; condenación en general del reinado absoluto. Única excepción en favor del genio. – Fin de la teoría del reinado, 118

Capítulo XII. Del gobierno perfecto o de la aristocracia, 122

Libro cuarto
Teoría general de la ciudad perfecta


Capítulo primero. De la vida perfecta.

Teoría de la república perfecta. Indagación preliminar de la vida mas perfecta; división de los bienes de que el hombre puede gozar; bienes exteriores bienes del alma: superioridad de estos últimos; la felicidad está siempre en proporción de la virtud; los hechos y la razón lo prueban, 125

Capítulo II. De la felicidad con relación al Estado.

¿La felicidad tiene los mismos elementos cuando se trata del Estado que cuando del individuo? Ventajas e inconvenientes de la dominación; ejemplos diversos de algunos pueblos que siempre la han ambicionado; condenación de este sistema político; la conquista no debe ser la aspiración de la ciudad, 128

Capítulo III. De la vida política.

Examen de las opiniones que recomiendo proscriben la vida política; la actividad es el verdadero fin de la vida, lo mismo para los individuos que para el Estado; la verdadera actividad es la del pensamiento, que prepara y rige los actos exteriores, 131

Capítulo IV. De la extensión que debe tener el Estado.

De la extensión que el Estado perfecto debe tener; hay límites que no deber traspasarse; aunque no se deba fijar un número exacto de ciudadanos, es preciso que sea tal, que pueda bastar a todas las necesidades de la vida común, y no sea tan excesivo que puedan los ciudadanos evitar la vigilancia de la autoridad: peligros de una excesiva población, 133

Capítulo V. Del territorio del estado perfecto.

Condiciones militares que debe reunir: la ciudad debe de ser marítima; medios seguros de sacar partido de la proximidad del mar; peligros de la preocupación exclusiva del comercio marítimo; Precauciones que el legislador debe tomar para que las relaciones marítimas no perjudiquen al buen orden de la ciudad, 135

Capítulo VI. De las cualidades naturales que deben tener los ciudadanos en la república perfecta

Caracteres diversos de los pueblos según el clima; diversidad de sus instituciones políticas. – Superioridad incontestable de la raza griega; un pueblo debe tener a la vez inteligencia y valor; papel notable que desempeña el corazón en la vida humana, 137

Capítulo VII. De los elementos indispensables a la existencia de la ciudad.

Son de seis especies: subsistencias, artes, armas, rentas públicas, sacerdocio, y gestión de los intereses generales y decisión de los juicios; sin estos elementos la ciudad no puede subsistir ni ser independiente, 139

Capítulo VIII. Elementos políticos de la ciudad.

Reducción de los mismos a dos en el gobierno perfecto; son ciudadanos únicamente los que empuñan las armas y tienen derecho a votar en la asamblea pública; exclusión de todos los artesanos; los bienes raíces deben pertenecer sólo a los ciudadanos; entre los ciudadanos, las armas deben confiarse a la juventud; las funciones públicas, a los de edad madura, y el sacerdocio a los ancianos, 141

Capítulo IX. Antigüedad de ciertas instituciones políticas.

Antigüedad de la división en castas y de las comidas en común; ejemplos del Egipto y de la Italia: de la división de la propiedad en la república perfecta; de la elección de esclavos, 143

Capítulo X. De la situación de la ciudad.

Condiciones que debe procurarse que tenga: la salubridad, las aguas; de las fortificaciones de la ciudad; necesita de murallas que sirvan de auxiliar al valor de sus habitantes; falsas teorías que se han expuesto sobre este punto; los progresos del arte de sitiar exigen que las ciudades sepan defenderse con tanta habilidad como la que pueda emplearse en el ataque, 145

Capítulo XI. De los edificios públicos y de la policía.

De los edificios consagrados al culto en la república perfecta; las comidas en común; de los magistrados; de las plazas públicas y de los gimnasios; de la policía de la ciudad; la policía rural debe organizarse poco más o menos de la misma manera, 148

Capítulo XII. De las cualidades que los ciudadanos deben tener en la república perfecta.

Condiciones generales de la felicidad; influencia de la naturaleza, de los hábitos y de razón; unión necesaria de estos tres elementos para constituir la felicidad del individuo y de la ciudad; es preciso que se dan reunidos en la ciudad perfecta, 149

Capítulo XIII. De la igualdad y de la diferencia entre los ciudadanos en la ciudad perfecta.

Subordinación natural según las diversas edades. – Las ocupaciones de la paz constituyen la vida verdadera de la ciudad; es preciso saber emplear convenientemente el tiempo de sobra; la cultura de la razón debe ser el principal objeto que se han de proponer el hombre en la vida y el legislador en la educación e los ciudadanos, 152

Capítulo XIV. De la educación de los hijos en la ciudad perfecta.

Cuidados que el legislador debe tomar en lo relativo a la generación; de la edad de los esposos; osos; condiciones indispensables para que la unión sea lo que debe de ser peligros de las uniones demasiado precoces; cuidados que deben tenerse con las mujeres en cinta; abandono de los hijos cuando son deformes o numerosos; el aborto; castigo de la infidelidad conyugal, 157

Capítulo XV. De la educación durante la primera infancia.

Cuidados higiénicos; ejercicios corporales. Debe evitarse el roce con los esclavos; debe proscribirse toda palabra o acción deshonesta delante de los niños; importancia de las primeras impresiones. – De cinco a siete años los niños deben asistir a las lecciones sin tomar parte en ellas; hay que distinguir dos épocas en punto a la educación; de los siete años a la pubertad; de la pubertad a los veintiún años, 161

Libro quinto
De la educación en la ciudad perfecta


Capítulo primero. Condiciones de la educación.

Importancia capital de esta cuestión; la educación debe de ser pública; diversidad de opiniones sobre los objetos que la educación debe comprender, generalmente si bien se está de acuerdo sobre el fin que debe proponerse, 165

Capítulo II. Cosas que debe comprender la educación.

Cosas que deben ser objeto de ella: las letras, la gimnástica, la música y el dibujo; límites en que debe encerrarse el estudio para los hombres libres. Del lugar que en otro tiempo ocupó la música en la educación; es una ocupación propia de los momentos de ocio, 166

Capítulo III. De la gimnástica como elemento de la educación.

De la utilidad de la gimnástica excesos cometidos en este punto por algunos gobiernos; no debe intentarse hacer que los ciudadanos sean atletas ni guerreros feroces; sólo debe procurarse dar al cuerpo robustez y destreza y al espíritu valor generoso; la experiencia de diversos pueblos basta para fijar con certidumbre los limites en que conviene encerrar la gimnástica; edad en que debe el hombre dedicarse a ella, 169

Capítulo IV. De la música como elemento de educación.

De la música; no todos están de acuerdo acerca de la naturaleza y utilidad de la música; si es un puro pasatiempo, se le puede obtener lo mismo oyendo a artistas de profesión que ejercitándose uno mismo; análisis de las diversas objeciones que se hacen al estudio de la música, 171

Capítulo V. Continuación de lo relativo a la música.

La música no es un mero placer; puede ejercer un gran influjo sobre las almas; diversos hechos que lo prueban; diferencia entre la música y las demás artes, particularmente la pintura; siendo incontestable el poder moral de la música, es preciso hacerla entrar en la educación; en este sentido es en el que es útil, 173

Capítulo VI. Continuación de lo relativo a la música.

Conviene que los niños practiquen la música; ventajas de esta ejecución; límites en que debe encerrarse se elección de instrumentos; no todos deben admitirse; proscripción de la flauta; diversas fases porque ha pasado el estudio de este instrumento; ha sido condenado por la misma Minerva, si hemos de dar crédito a la fábula, 176

Capítulo VII. Continuación de lo relativo a la música.

Elección de las armonías y de los ritmos, que deben entrar en la educación de los niños; los cantos son de tres especies: moral, animado, apasionado; los primeros son los que casi exclusivamente deben constituir esta enseñanza; el modo dórico es sobre todo el conveniente; crítica de lo dicho por Platón, 178

Libro sexto
De la democracia y de la oligarquía.
De los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial

Capítulo primero. De los deberes del legislador.

No debe limitarse el legislador a conocer el mejor gobierno posible; debe saber también mejorar en la práctica los elementos actuales de que puede disponer; de aquí nace para él la necesidad de conocer las diversas especies de constituciones y las leyes especiales que son esenciales a cada una de ellas, 183

Capítulo II. Resumen de lo precedente e indicación de lo que sigue.

Subordinación de los malos gobiernos; matices diversos de la democracia y de la oligarquía; la teoría de las revoluciones deberá ser la conclusión de esta obra, 185

Capítulo III. Relación de las constituciones con los elementos sociales.

La diferencia de constituciones nace de la diferencia misma de los elementos sociales; la pobreza y la riqueza dan origen a dos formas principales de constituciones, la democracia y la oligarquía. – Carácter esencial de la una y de la otra; el número no es su condición capital; es la fortuna. – Enumeración de las partes necesarias del Estado; crítica del sistema de Platón; todas las funciones sociales pueden acumularse; sólo la pobreza y la riqueza no pueden reunirse en las mismas manos, 187

Capítulo IV. Especies diversas de democracia.

Sus caracteres y sus causas; son cinco. – Influencia desastrosa de los demagogos en las democracias en que la ley ha cesado de ser soberana; tiranía del pueblo extraviado por sus aduladores, 192

Capítulo V. Especies diversas de oligarquía.

Son éstas cuatro. – Influencia general de las costumbres sobre la naturaleza del gobierno. – De las causas de las diversas especies de democracia y de oligarquía. – Examen de las formas de gobierno distintas de la democracia y de la oligarquía. – Algunas palabras sobre la aristocracia, 194

Capítulo VI. Idea general de la república.

Sus relaciones con la democracia. – Elementos que el Estado debe combinar: la libertad y la riqueza constituyen principalmente la república, mezclándose de diversos modos. – Relaciones de la república con la aristocracia, 198

Capítulo VII. Más sobre la república.

La república es una combinación de la oligarquía y de la democracia; medios diversos de hacer esta combinación. – Carácter de una verdadera república; ejemplo tomado del gobierno de Lacedemonia; la república debe sostenerse sólo por el amor de los ciudadanos, 200

Capítulo VIII. Breves consideraciones sobre la tiranía.

Sus relaciones con el reinado y la monarquía absoluta; siempre es un gobierno fundado en la violencia, 202

Capítulo IX. Continuación de la teoría de la república propiamente dicha.

Excelencia política de la clase media; diversas cualidades sociales que solamente ella presenta: es la verdadera base de la república. Esta forma de gobierno se encuentra raras veces, 203

Capítulo X. Principios generales aplicables a estas diversas especies de gobiernos.

Calidad y cantidad de los ciudadanos que gozan de derechos políticos; es necesario combinar con equidad los diversos elementos del Estado, y dar a cada cual su parte; ardides de la oligarquía; ardides contrarios de la democracia reglas que deben seguirse respecto de los pobres. Consideraciones históricas; Consideraciones históricas importancia creciente de la infantería procedente de las filas del pueblo, 207

Capítulo XI. Teoría de los tres poderes en cada clase de gobierno: poder legislativo.

Teoría de los tres poderes: legislativo o de la asamblea general, ejecutivo o de los magistrados, y judicial o de las tribunales. Organización del poder legislativo sus formas diversas en la democracia y en la oligarquía. De las sentencias judiciales encomendadas a la decisión de la asamblea general vicios del sistema actual, 211

Capítulo XII. Del poder ejecutivo.

De la organización de las magistraturas. Dificultades de esta cuestión idea general del magistrado su carácter distintivo diferencia en este respecto entre los grandes Estados y los pequeños: en los unos se pueden dividir las magistraturas en los otros es preciso con frecuencia reunirlas en una sola mano. Las magistraturas versan con las constituciones diferentes combinaciones según las cuales se pueden establecer los electores; los elegibles modo de nombramiento matices diversos según las diversas constituciones, 214

Capítulo XIII. Del poder judicial.

De la organización de los tribunales su personal sus atribuciones su modo de formación; especies diversas de tribunales; nombramiento de los jueces; formas distintas según la diversidad de constituciones, 220

Libro séptimo
De la organización del poder en la democracia
y en la oligarquía


Capítulo primero. De la organización del poder en la democracia.

Consecuencias que se desprenden del principio de la democracia; aplicaciones más o menos completas que pueden hacerse. Carácter de la democracia la libertad del turno en el poder y de la independencia absoluta de las acciones individuales como consecuencia de aquella organización especial del poder en la democracia; la asamblea general; el Senado; retribución de los funcionarios; de la igualdad democrática, 223

Capítulo II. Organización del poder en la democracia: continuación.

El pueblo agricultor es el más acomodado para la democracia; instituciones que convienen al mismo; leyes hechas en algunos Estados para favorecer la agricultura. De los Pueblos pastores. – De la demagogia extrema; medios propios de la misma, 228

Capítulo III. Continuación de lo relativo a la organización del poder en la democracia.

Condiciones necesarias para la duración de las democracias: no exagerar las consecuencias del Principio democrático; evitar la opresión de los ricos y las confiscaciones en Provecho del tesoro público; procurar proporcionar al pueblo un bienestar general. Medios empleados por algunos gobiernos, 232

Capítulo IV. De la organización del poder en las oligarquías.

Las bases son generalmente las opuestas a las de la democracia; condiciones diversas del censo. La administración de las oligarquías exige mucha prudencia, porque su principio es malo; necesidad del orden debido; relación de las diversas formas o grados de la oligarquía con la composición del ejercito. – Los oligarcas deben hacer ciertos gastos; faltas que cometen las más de las oligarquías, 234

Capítulo V. De las diversas magistraturas indispensables o útiles a la ciudad.

Objetos a que se aplican estas magistraturas: el mercado la limpieza y mantenimiento de calles y caminos & c.; los campos; las rentas del Estado; los actos y contratos; la ejecución de las sentencias; los negocios militares; el ajuste de las cuentas públicas; presidencia de la asamblea general; el culto religioso y civil; inspección de las mujeres y de los jóvenes. Fin de la teoría sobre la organización del Poder, 236

Libro octavo
Teoría general de las revoluciones


Capítulo primero. Procedimientos de las revoluciones.

Teoría de las revoluciones; su lugar en esta obra; causa general de la diversidad de constituciones: la necesidad de igualdad mal comprendida. – Procedimientos generales de las revoluciones; se dirigen ya a las cosas, ya a las personas. – De la igualdad positiva y de la igualdad proporcional; la república tiene en especial probabilidades de estabilidad, 243

Capítulo II. Causas diversas de las revoluciones.

Disposición de los espíritus; fin de las revoluciones; circunstancias determinantes; estas circunstancias son muy complejas; el ansia de riquezas y de honores, el insulto, el miedo, el desprecio, el aumento desproporcionado de una clase las cábalas, a negligencia, las causas imperceptibles, la diversidad de origen. Citas históricas en apoyo de estas consideraciones, 246

Capítulo III. Continuación de la teoría precedente.

Las causas verdaderas de las revoluciones son siempre muy graves, pero la ocasión puede ser fútil; la igualdad de los partidos produce muchas veces las revoluciones; procedimientos empleados ordinariamente por los revolucionarios, 251

Capítulo IV. De las causas de las revoluciones en las democracias.

El carácter turbulento de los demagogos es la más común, como lo prueba la historia. De los demagogos que son al mismo tiempo jefes del ejército; peligros que tiene el reunir grandes atribuciones en una misma mano; utilidad y ventaja del voto por fracciones en lugar del voto en masa, 254

Capítulo V. De las causas de las revoluciones en las oligarquías.

División entre los mismos oligarcas: los que se ven excluidos del poder se sublevan, y a veces se hacen demagogos; conducta de los oligarcas que no saben conservar su propia fortuna; causas de las revoluciones en la oligarquía en tiempo de guerra; violencias de unos oligarcas contra otros; circunstancias accidentales. – Las oligarquías y las democracias se convierten raras veces en los gobiernos contrarios, 256

Capítulo VI. De las causas de las revoluciones en las aristocracias.

Minoría demasiado limitada de los miembros del gobierno; infracción del derecho constitucional; influencia de los dos partidos contrarios, que exageran su principio; fortuna excesiva de los principales ciudadanos; causas imperceptibles; causas exteriores de destruccion. Fin de la teoría de las revoluciones en los Estados republicanos, 260

Capítulo VII. Medios generales de conservación y de prosperidad, en los Estados democráticos, oligárquicos y aristocráticos.

Respeto a las leyes; franqueza en las cosas políticas; corta duración de las funciones; inspección activa ejercida por todos los ciudadanos; revisión frecuente del censo; precauciones que deben tomarse contra las notabilidades políticas; inspección de las costumbres de los ciudadanos; integridad de los funcionarios públicos; concesión de los empleos poco importantes al pueblo; amor de la mayoría de los ciudadanos a la constitución; moderación en el ejercicio del poder; esmero en lo relativo a la educación pública, 263

Capítulo VIII. De las causas de revolución y de conservación en las monarquías.

Diferencia entre el rey y el tirano; las causas de revolución en las monarquías son idénticas en parte a las de las repúblicas; conspiraciones contra las personas y contra el poder; insultos hechos por los tiranos; influencia del miedo y sobre todo del desprestigio; conspiraciones tramadas por el deseo de la gloria; ataques exteriores contra la tiranía; ataques de sus propios partidarios; causas de ruina para el reinado; peligros de la sucesión hereditaria, 271

Capítulo IX. De los medios de conservación en los Estados monárquicos.

El reinado se salva por la moderación. Las tiranías tienen dos sistemas muy diferentes para sostenerse: la violencia unida a la astucia y la buena administración; examen del primer sistema: sus vicios; examen del segundo sistema: sus ventajas; retrato del tirano; duración de las diversas tiranías; datos históricos, 278

Capítulo X. Crítica de la teoría de Platón sobre las revoluciones.

Errores cometidos por Platón con relación al orden en que se suceden más comúnmente los diversos gobiernos; Platón ha reducido a límites demasiado estrechos la cuestión, 286
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Nota sobre esta edición digital (mayo de 2005)
Esta edición del texto en español de la Política de Aristóteles, en versión de Patricio de Azcárate, que ofrece libremente por internet el Proyecto Filosofía en español, se ha realizado directamente a partir de un ejemplar de la edición impresa, Madrid 1874. Se hace figurar entre corchetes el número y el lugar donde continúa el texto en cada página de esa edición impresa. Se han renumerado correlativamente las 203 notas puestas al texto de Aristóteles (que en la versión impresa van referidas a cada página). Se reproduce con la mayor fidelidad el texto ofrecido por Azcárate, en el que sólo se ha españolizado su forma de transcribir algunos nombres clásicos. Para cuanto tiene que ver con la ordenación de los libros en esta edición y otras circunstancias remitimos al lector al informe:

Versiones de la Política de Aristóteles en español desde 1509
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Proyecto Filosofía en español
© 2005 www.filosofia.org Patricio de Azcárate · Obras de Aristóteles
Madrid 1874, tomo 3, portada y páginas 289-301

Indice de Etica a Nicómano

*
La Etica a Nicómano, puede leerse en
:


Son centrales para la Ciencia Económica, los planteamientos de Aristóteles contenidos en el Libro V, relacionados con la justicia distributiva (así textualmente la llama), la equidad, la igualdad y las funciones de la moneda.

Es determinante observar en el índice el tratamiento, cercano al principio de la contradicción dialéctica de Hegel, las afirmaciones de Aristóteles sobre la "oposición de los contrarios justicia e injusticia". Ha distinguido entre justicia en economía y política y justicia en jurisprudencia. Hemos puesto en negrillas los mencionados elementos.

Índice de la Ética a Nicómano

Moral a Nicómaco
Libro I· II· III· IV· V· VI· VII· VIII· IX· X
Patricio de Azcárate· Obras de Aristóteles· volumen 1· Madrid 1874

Biblioteca Filosófica. Aristóteles. Moral, tomo primero. Moral a Nicómaco. Obras filosóficas de Aristóteles. Obras de Aristóteles, puestas en lengua castellana por D. Patricio de Azcárate, socio correspondiente de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia de la Historia. Madrid [1874], Medina y Navarro, Editores. Calle del Rubio, núm. 25. (Imprenta de la Biblioteca de Instrucción y Recreo, Rubio 25, Madrid.) XXIV + 319 páginas.

Índice y sumario

Vida y obras de Aristóteles, V

Moral a Nicómaco

Libro primero
Teoría del bien y de la felicidad


Capítulo primero. El bien es el fin de todas las acciones del hombre.

Diversidad y subordinación de los fines que nuestra actividad se propone. – Importancia del fin y del bien supremos. – Superioridad de la ciencia política, única que nos los puede dar a conocer; grado de exactitud que se puede exigir de esta ciencia. – La juventud es edad poco a propósito para el estudio de la política, 3

Capítulo II. El fin supremo del hombre es la felicidad.

Diversidad de opiniones sobre la naturaleza de la felicidad; estudio de las más célebres e importantes. – Diferencia de métodos según que se parte de los principios o se sube hasta los mismos. – Cada cual juzga en general de la felicidad por lo que es su vida; al vulgo le basta ir en pos de los placeres; el amor a la gloria es el patrimonio de las naturalezas superiores, así como el amor a la virtud. – Insuficiencia de la virtud para producir por sí sola la felicidad; desprecio de la riqueza, 6

Capítulo III. De la Idea general de la felicidad.

Crítica del sistema de las ideas de Platón. Objeciones diversas; el bien no es uno, puesto que se da en todas las categorías, y que hay muchas ciencias del bien; el bien en sí y el bien se confunden. – Los pitagóricos y Espeusipo. – Distinción de los bienes que son bienes por sí mismos, y de los que sólo lo son a causa de otra cosa; dificultades de esta distinción. – El medio más seguro de conocer el bien es estudiarle en los bienes particulares que el hombre posee y utiliza, 10

Capítulo IV. El bien en cada género de cosas es el fin en vista del cual se hace todo lo demás.

La felicidad es el fin último de todos los actos del hombre; es independiente y perfecta. – La felicidad no se comprende bien sino mediante el conocimiento de la obra propia del hombre. Esta obra es la actividad del alma dirigida por la virtud, 13

Capítulo V. Imperfección inevitable de esta indagación de la felicidad.

El tiempo completará estas teorías; no debe exigirse en todas las cosas una precisión igual. – Importancia de los principios, 17

Capítulo VI. Justificación de la definición de la felicidad dada más arriba.

Para darse bien cuenta de esta definición, es preciso combinarla con los atributos diversos que vulgarmente se dan a la felicidad. – División de los bienes en tres especies: bienes del cuerpo, bienes del alma y bienes exteriores. – La felicidad implica necesariamente la actividad. – La actividad regida por la virtud es la más alta condición de la felicidad del hombre. Sin embargo de esto, los bienes exteriores completan también la felicidad y parecen accesorios indispensables, 18

Capítulo VII. La felicidad no es un efecto del azar; es a la vez un don de los dioses y el resultado de nuestros esfuerzos.

Dignidad de la felicidad comprendida de esta manera. Esta teoría concuerda perfectamente con el fin que se propone la política. – Entre todos los seres animados, sólo el hombre puede ser dichoso, porque es el único capaz de virtud. – No puede decirse que un hombre es dichoso mientras vive y está expuesto a los azares de la fortuna. – ¿Se sienten los bienes y los males después de la muerte?, 21

Capítulo VIII. La virtud es la verdadera felicidad.

No hay necesidad de esperar la muerte de un hombre para decir que es dichoso; la virtud es la que constituye la verdadera felicidad; y no hay nada más seguro en la vida humana que la virtud. – Distinción entre los acontecimientos de nuestra vida, según que son más o menos importantes. – Las pruebas fortifican y apoyan la virtud; el hombre de bien nunca se muestra abatido; serenidad del sabio y constancia de su carácter. – Necesidad de los bienes exteriores hasta cierto punto, 24

Capítulo IX. Influjo del destino de nuestros hijos y de nuestros amigos sobre nosotros.

Es también probable que después de nuestra muerte nos interesemos aún por ellos. Naturaleza de las impresiones que se pueden experimentar después que ha abandonado uno la vida; estas impresiones deben ser muy poco vivas, 27

Capítulo X. La felicidad no merece nuestras alabanzas: merecería más bien nuestro respeto.

Naturaleza relativa y subordinada de las cosas que pueden ser alabadas; no hay alabanzas posibles para las cosas perfectas; sólo cabe admirarlas; teoría ingeniosa de Eudoxio sobre el placer. – La felicidad merece tanto más nuestro respeto, cuanto que es el principio y la causa de los bienes que deseamos al esforzarnos por conseguirla, 28

Capítulo XI. Para darse cuenta de la felicidad es preciso estudiar la virtud que la produce.

La virtud es el objeto principal del hombre de Estado. Para gobernar bien los hombres, es preciso haber estudiado el alma humana. Límites en que debe encerrarse este estudio. – Cita de las teorías que el autor ha expuesto sobre el alma en sus obras exotéricas: dos partes principales en el alma, una irracional, otra dotada de razón. distinción en la irracional de una parte animal y vegetativa, y de otra que sin poseer la razón, puede por lo menos obedecer a esta. – división de las virtudes en intelectuales y morales, 29

Libro segundo
Teoría de la virtud


Capítulo primero. De la distinción de las virtudes en intelectuales y morales. La virtud y el hábito.

La naturaleza sólo nos da disposiciones; nosotros las convertimos en cualidades precisas y determinadas mediante el empleo que hacemos de las mismas. Haciendo esto aprendemos a obrar bien. – Importancia soberana del hábito; es preciso contraer buenos hábitos desde la más tierna infancia, 33

Capítulo II. Un tratado de moral no debe ser una pura teoría, sino ante todo un tratado práctico.

Debe de ser esto cualquiera que sea por otra parte la indecisión inevitable en los pormenores en que debe entrarse. Necesidad de la moderación; todo exceso en más o en menos destruye la virtud y la prudencia, 35

Capítulo III. Inmenso influjo del placer y de la pena en el destino humano y en la virtud.

Para juzgar bien de las cualidades que se poseen, es preciso atender a los sentimientos de placer y de pena que se experimentan después de haber obrado; el hombre de bien se complace en obrar bien; el malo, en obrar mal. – Máxima de Platón. – Inmenso influjo del placer y de la pena sobre el destino humano y sobre la virtud; el uso bueno o malo del placer o de la pena distingue profundamente a los hombres entre sí. – La moral y la política deben ocuparse sobre todo de los placeres y de las penas; también será esto objeto del presente tratado, 37

Capítulo IV. Explicación del principio, según el que se hace uno virtuoso ejecutando actos de virtud.

Diferencia entre la virtud y las artes ordinarias. Tres condiciones se requieren para que un acto sea verdaderamente virtuoso: saber, voluntad, y constancia. La primera condición es la menos importante. – Extraña manera que tienen los más de los hombres de entender la filosofía y la virtud; creen que bastan para esto vanas palabras, 40

Capítulo V. Teoría general de la virtud.

Hay tres elementos principales en el alma: las pasiones, las facultades y los hábitos. Definición de las pasiones y de las facultades. – Las virtudes y los vicios no son pasiones; tampoco son facultades; son hábitos, 41

Capítulo VI. De la naturaleza de la virtud.

Es en toda cosa la cualidad que completa y perfecciona esta misma cosa: virtud del ojo, virtud del caballo. – Definición del medio en matemáticas. El medio moral es más difícil de encontrar; el medio varía individualmente para cada uno de nosotros. – Exceso o defecto en los sentimientos y actos del hombre. – La virtud depende de nuestra voluntad; es en general un medio entre dos vicios. El uno peca por exceso, el otro por defecto. – Excepciones, 43

Capítulo VII. Aplicación de las generalidades que preceden a los casos particulares.

El valor, medio entre la temeridad y la cobardía. – La templanza, medio entre la corrupción y la insensibilidad. – La liberalidad, medio entre la prodigalidad y la avaricia. – La magnificencia. – La grandeza de alma, medio entre la insolencia y la bajeza. – La ambición, medio entre dos excesos que no han recibido nombre especial. – Numerosos vacíos que hay en las lenguas para expresar todos estos diversos matices. – La veracidad, medio entre la fanfarronería y disimulo. – La gracia, medio entre la bufonería y la rusticidad. – La amistad, medio entre la adulación y la aspereza. – La modestia, la imparcialidad, la envidia, la malevolencia, 46

Capítulo VIII. Oposición de los vicios extremos entre sí y con la virtud que ocupa el medio.

Oposición del medio a los dos extremos. Los extremos están más distantes uno de otro que lo están del medio que los separa. – En ciertos casos, uno de los extremos se aproxima más al medio. La temeridad está más cerca del valor que la cobardía; por lo contrario, la insensibilidad está más cerca de la templanza que la relajación. Dos causas de estas diferencias: una procedente de las cosas y otra de nosotros, 51

Capítulo IX. Dificultad de ser virtuoso, y consejos prácticos para serlo.

Deben estudiarse las tendencias naturales que sienta cada cual en sí e inclinarse al extremo contrario; medio de reconocer aquellas; necesidad de resistir al placer. – Insuficiencia de los consejos por precisos que sean; es necesario ejercitarse constantemente en la práctica, 52

Libro tercero
Continuación de la teoría de la virtud. Del valor y de la templanza


Capítulo primero. La virtud sólo puede aplicarse a actos voluntarios.

Definición de lo voluntario y de lo involuntario. – Dos especies de cosas involuntarias, según que se hacen por fuerza o por ignorancia. – Primera especie de cosas involuntarias. Diversos ejemplos de casos de fuerza mayor; acciones mixtas; son siempre en parte voluntarias. – La muerte es preferible a ciertos actos: el Alcmeon de Eurípides. – Definición general de lo voluntario y de lo involuntario. El placer y el bien no ejercen sobre nosotros un imperio irresistible. Con frecuencia es más justo culparse a sí propio que no a las causas exteriores, 55

Capítulo II. Continuación del mismo asunto: segunda especie de cosas involuntarias.

Las cosas involuntarias por ignorancia; dos condiciones; deben ir seguidas por el dolor y el arrepentimiento. – Es preciso distinguir entre obrar por ignorancia y obrar sin saber lo que se hace. – Ejemplos diversos. – Definición del acto voluntario; las acciones inspiradas por la pasión y el deseo no son involuntarias, 58

Capítulo III. Teoría de la preferencia moral o intención.

No se la puede confundir, ni con el deseo, ni con la pasión, ni con la voluntad, ni con el pensamiento; relaciones y diferencias de la intención con todas estas cosas. – La preferencia moral puede confundirse con la deliberación que precede a nuestras resoluciones, 61

Capítulo IV. De la deliberación.

La deliberación sólo puede recaer sobre cosas que están en nuestro poder; no hay deliberación posible respecto de las cosas eternas, ni en las ciencias exactas; sólo hay deliberación en las cosas oscuras y dudosas. – La deliberación recae sobre los medios que se deben emplear y no sobre el fin que se desea. Sólo afecta a las cosas que creemos posibles. Descripción del objeto de la deliberación. La preferencia viene después de la deliberación; ejemplo tomado de Homero. – Última definición de la preferencia moral, 63

Capítulo V. El objeto verdadero de la voluntad es el bien.

Explicación de esta teoría; dificultades de los sistemas según los que el hombre aspira al verdadero bien o sólo aspira al bien aparente. – Ventaja del hombre virtuoso; sólo el sabe encontrar la verdad en todos los casos, 67

Capítulo VI. La virtud y el vicio son voluntarios.

Refutación de una teoría contraria; el ejemplo de los legisladores y las penas que consignan en sus códigos prueban claramente que creen que las acciones de los hombres son voluntarias. – Respuesta a algunas objeciones contra la teoría de la libertad. Nosotros disponemos de nuestros hábitos; y a nosotros toca regirlos para evitar que nos arrastren al mal. – El deseo del bien no es efecto de una disposición puramente natural: resulta del hábito, que nos prepara a ver las cosas bajo cierto aspecto. – Resumen de todas las teorías anteriores; indicación de las que van a exponerse, 68

Capítulo VII. Del valor.

Es un medio entre el miedo y la temeridad. – Lo que se teme en general son los males. distinción de los males; hay unos que se deben temer y otros que es preciso saber despreciar; sólo deben temerse los males que proceden de nosotros. – El verdadero valor es el que se muestra en los mayores peligros y enfrente de los males más temibles; el mayor peligro es el peligro de la muerte en los combates. Belleza de una muerte gloriosa, 73

Capítulo VIII. De los objetos temibles.

Diferencias según los individuos; reglas generales que impone la razón; definición del verdadero valor. – Excesos y defectos relativos al valor; los celtas; el hombre temerario; el fanfarrón; el cobarde. – Relaciones del valor con la temeridad y con la cobardía. – El suicidio no es una prueba de valor. – Resumen, 74

Capítulo IX. Especies diversas de valor.

Hay cinco principales: – 1ª El valor cívico; los héroes de Homero; soldados que obedecían por temor a sus jefes: – 2ª El valor de la experiencia; ventajas de los soldados aguerridos; los soldados son muchas veces menos bravos que los simples ciudadanos; batalla de Hermaeum: – 3ª El valor de la cólera; efectos de la cólera; si a la par se puede reflexionar, se convierte en verdadero valor: – 4ª El valor que procede de la confianza que se tiene en el buen éxito; intrepidez y sangre fría en los peligros imprevistos: – 5ª El valor de la ignorancia, desaparece delante del verdadero peligro, 77

Capítulo X. Estimación del valor.

El valor es siempre muy penoso, y por esta causa merece tanta estimación. – Los atletas. – La virtud en general exige sacrificios y dolorosos esfuerzos. – Fin de la teoría del valor, 81

Capítulo XI. De la templanza.

Sólo se aplica a los placeres del cuerpo y no a todos. – No puede haber intemperancia en los placeres de la vista y del oído; sólo la hay indirectamente en los placeres del olor. – La intemperancia afecta más particularmente al sentido del gusto, y en general al del tacto; ejemplo de Filoxenes de Erix. – Carácter degradante y brutal de la intemperancia; no goza, ni aun mediante el tacto, más que en ciertas partes del cuerpo, 82

Capítulo XII. Más sobre la templanza.

Deseos naturales y generales; deseos particulares y facticios. Se peca raras veces en punto a deseos naturales; se peca las más a causa de las pasiones particulares, entregándose a ellas en condiciones poco convenientes. – La templanza en los dolores es más difícil de definir que la templanza en los placeres. – La insensibilidad respecto a los placeres es muy rara y no es propia del hombre. – Retrato del hombre verdaderamente templado, 84

Capítulo XIII. Comparación de la intemperancia con la cobardía.

La intemperancia parece que es más voluntaria, porque no es otra cosa que el resultado del placer que el hombre busca naturalmente. – Intemperancia y desorden de los niños; es preciso que el hombre someta sus deseos a la razón, como el niño debe someterse a las órdenes de su preceptor. – Fin de la teoría de la templanza, 87

Libro cuarto
Análisis de las diferentes virtudes


Capítulo primero. De la liberalidad.

Su definición; la prodigalidad, la avaricia. Caracteres generales de la liberalidad; virtudes accesorias que ella supone. – La liberalidad debe graduarse por la fortuna del que da. – El liberal no siente excesivamente la pérdida de dinero; es dispuesto para los negocios. – La prodigalidad es mucho menos reprensible que la avaricia, por más que produzca algunas veces los mismos efectos. – La avaricia es incurable; grados diversos de la avaricia, 89

Capítulo II. De la magnificencia.

Su definición; su diferencia de la liberalidad. Defecto y exceso relativos a la magnificencia. – Cualidades del magnífico; sus designios; su manera de hacer las cosas. – Gastos en que se ejercita más especialmente la magnificencia; gastos públicos, gastos privados. – Exceso en la magnificencia: fausto grosero y sin gusto. – Defecto en la magnificencia : mezquindad, 96

Capítulo III. De la magnanimidad.

Definición. Los dos vicios opuestos: pequeñez de alma y vanidad presuntuosa. – El magnánimo no tiene otro norte que el honor; es el más virtuoso de los hombres. – Moderación del magnánimo en todos los grados de fortuna; con las ventajas de una gran posición se desenvuelve la magnanimidad. – Elevación y grandiosidad del magnánimo; su valor, su desinterés, su independencia, su lentitud y su indolencia, su franqueza, su gravedad silenciosa, sus maneras. – El hombre sin grandeza de alma. El necio vanidoso, 100

Capítulo IV. Del justo medio entre la ambición excesiva y la completa indiferencia respecto de la gloria.

No tiene nombre especial; es a la magnanimidad lo que la liberalidad a la magnificencia: Sentido equívoco de la palabra ambicioso, tomada ya en buen sentido, ya en malo. – El justo medio carece de nombre en muchos casos, 106

Capítulo V. De la mansedumbre, medio entre la irascibilidad y la indiferencia.

Descripción de la dulzura y de los dos extremos contrarios. Del carácter irascible; los hombres irascibles se irritan pronto y se calman pronto; con los atrabiliarios sucede todo lo contrario. – Dificultad de fijar con precisión los límites en que debe encerrarse la cólera, 107

Capítulo VI. Del espíritu sociable.

El hombre amable y el hombre que quiere complacer con demasía. La disposición media en este carácter se aproxima a la amistad. – El hombre que quiere agradar debe manifestar firmeza en ciertos casos y hacer sufrir también cuando sea necesario; sabe asimismo tratar las gentes según su posición. – Defectos opuestos a este carácter; la disposición media en este género no ha recibido nombre especial, 110

Capítulo VII. De la veracidad y de la franqueza.

Es un medio entre la vana jactancia, que hace que se suponga uno con cualidades que no tiene, y la reserva, que hace que se rebajen las que se tienen. – Carácter del verídico: detesta la mentira y la evita así en las cosas pequeñas como en las grandes. – El fanfarrón y el charlatán; sus motivos diversos. – Carácter reservado o irónico; Sócrates; la ironía, cuando es moderada, es digna de estimación y graciosa, 112

Capítulo VIII. Del donaire en el decir.

El hombre de buen tono sabe guardar un justo medio entre el bufón, que sólo se propone hacer reír, y el hombre de humor áspero que de nada se ríe. – Límites de la gracia de buen género; ejemplo tomado de la comedia antigua y de la nueva; regla por que se rige siempre el hombre bien educado. – Resumen, 114

Capítulo IX. Del pudor y de la vergüenza.

Es más bien una afección corporal que una virtud; sólo cuadra bien a la juventud. Más tarde, la vergüenza, que consiste en ruborizarse por lo que se hace, no puede nunca darse en el hombre de bien, el cual no hace jamás cosa mala. – La vergüenza indica por otra parte un sentimiento de honradez, 116

Libro quinto
Teoría de la justicia


Capítulo primero. Definición de la justicia.

Oposición general de los contrarios, y en especial de estos dos contrarios: lo justo y lo injusto. – Sentido diverso en que puede tomarse la palabra justicia. – Relaciones de la justicia con la legalidad y con la igualdad. – La justicia se refiere sobre todo a los demás; no es puramente individual; de aquí una diferencia entre ella y la virtud, con la que se confunde muchas veces, 119

Capítulo II. Distinción que debe hacerse entre la justicia o la injusticia y la virtud o el vicio. Especies de justicia.

La justicia es una especie de virtud distinta de la virtud en general, como la parte es distinta del todo. – Es preciso distinguir igualmente la justicia o la injusticia tomadas en general de la justicia o la injusticia en un caso particular. – La justicia de las acciones está de ordinario de acuerdo con su legalidad. – Es preciso distinguir dos especies de justicia; justicia distributiva, política y social; justicia legal y reparadora. Las relaciones de unos ciudadanos con otros son de dos especies, voluntarias e involuntarias, 123

Capítulo III. Primera especie de justicia.

La justicia distributiva o política se confunde con la igualdad. Lo justo es un medio como lo igual. La justicia supone necesariamente cuatro términos: dos personas que se comparan y dos cosas que se atribuyen a las personas. Pero es preciso tener en cuenta el mérito relativo de las personas, que es lo difícil. – La justicia distributiva puede representarse por medio de una proporción geométrica, en la que los cuatro términos están entre sí en las relaciones fijadas por los matemáticos, 126

Capítulo IV. Segunda especie de justicia.

Justicia legal y reparadora. La ley no debe tener en cuenta las personas; debe tender únicamente a restablecer la igualdad entre la pérdida causada al uno y el provecho que haya sacado el otro en aquellas relaciones que no son voluntarias. Esta especie de justicia es como a manera de una proporción aritmética. demostración gráfica. – Resumen de la teoría general de la justicia, 128

Capítulo V. La reciprocidad o el talión no puede ser la regla de la justicia.

Error de los Pitagóricos. – La reciprocidad proporcional de los servicios es el lazo de unión en la sociedad. Regla del cambio: papel de la moneda en todas las transacciones sociales. La función de la moneda, medida común de todo, es puramente convencional. – Definición general de la justicia y de la injusticia, 131

Capítulo VI. De los caracteres y condiciones de la injusticia y del delito.

Puede cometerse un crimen sin ser uno absolutamente criminal. – De la justicia social y política; del magistrado civil; su elevada función; su noble recompensa. – El derecho del padre y del amo o señor no puede confundirse con el derecho político; hay una especie de justicia política entre marido y mujer, 135

Capítulo VII. Distinción de lo natural y de lo puramente legal en la justicia social y en el derecho civil y político.

Las cosas naturales, sin ser inmutables, están sin embargo menos sujetas a cambios que las leyes humanas. En el fondo de cada disposición particular de la ley hay principios generales que no cambian. – Distinción del delito especial y de lo injusto en general, 137

Capítulo VIII. De la intención como elemento necesario del delito y de la injusticia.

Los actos involuntarios, o impuestos por una fuerza superior, no son actos culpables. De la premeditación; la cólera excusa en parte las acciones que bajo su influjo se cometen. – De las faltas que pueden perdonarse; de las faltas imperdonables, 139

Capítulo IX. Refutación de algunas definiciones de la injusticia.

Error de Eurípides. La injusticia que se hace es siempre voluntaria; la que se sufre, realmente no lo es nunca. Respuesta a algunas objeciones. Definición más completa de la injusticia. – No puede uno hacerse injusticia a sí mismo; Glauco y Diómedes. En un repartimiento inicuo, el culpable es el que lo hace y no el que lo acepta. – De los deberes del juez. – Dificultad y grandeza de la justicia. Clase especial de seres que pueden practicarla. Es una virtud esencialmente humana, 142

Capítulo X. De la equidad.

Relaciones y diferencias entre ella y la justicia. La equidad en ciertos casos está por encima de la justicia misma tal como la ley la determina. La ley necesariamente debe emplear fórmulas generales, que no pueden aplicarse a todos los casos particulares; la equidad repara y completa la ley. – Definición del hombre equitativo, 146

Capítulo XI. Imposibilidad de que sea uno realmente injusto para consigo mismo.

Del suicidio. La sociedad tiene razón en condenarlo; es un crimen para con ella. – Vale más sufrir una injusticia que cometerla. – Explicación de esta opinión, según la que puede uno ser injusto para consigo mismo: una parte del alma puede ser injusta con una de las otras partes. – Fin de la teoría de la justicia, 148

Libro sexto
Teoría de las virtudes intelectuales


Capítulo primero. De las virtudes intelectuales en general.

Necesidad de dar más precisión a las teorías precedentes; insuficiencia de las reglas generales. – Para explicar debidamente las virtudes intelectuales, se necesita hacer un estudio exacto del alma. En la razón hay dos partes distintas: una relativa a la ciencia y a los principios eternos e inmutables, la otra que delibera y calcula sobre las cosas contingentes. Destino diverso que tienen en el alma del hombre la sensación, la inteligencia y el instinto; la libre preferencia del alma, ilustrada por la razón, es siempre el principio del movimiento. La preferencia y la deliberación no se aplican nunca sino a lo venidero, 151

Capítulo II. De los medios que tiene el alma para alcanzar la verdad. De la ciencia.

El alma tiene cinco medios de alcanzar la verdad: el arte, la ciencia, la prudencia, la sabiduría y la inteligencia. – De la ciencia; definición de la ciencia; lo que se sabe no puede saberse de otra manera que como se sabe; el objeto de la ciencia es necesario, inmutable, eterno; la ciencia se funda en principios indemostrables, que da la inducción, y sobre los cuales se apoya el silogismo para sacar una conclusión, cierta, pero menos evidente que ellos. – Cita de los Analíticos, 154

Capítulo III. Del arte.

Definición del arte: es el resultado de la facultad de producir y no del acto propiamente dicho; sólo se aplica a las cosas contingentes, que pueden existir o no existir. La razón verdadera dirige el arte; y la inhabilidad es dirigida por una razón falsa, 155

Capítulo IV. De la prudencia.

Definición de la prudencia; sólo se aplica a las cosas contingentes; en qué se diferencia del arte y de la ciencia. Ejemplo de Pericles. Lamentable influjo de las emociones del placer y del dolor sobre la prudencia y conducta del hombre. – La prudencia, una vez adquirida, no se pierde jamás, 157

Capítulo V. De la ciencia y de la inteligencia.

La inteligencia, el entendimiento, es la facultad que conoce directamente los principios indemostrables. – La sabiduría o la perfecta habilidad debe ser considerada como el más alto grado de la ciencia: se eleva por encima de los bienes humanos y de los intereses personales: Fidias, Policleto, Anaxágoras, Tales. – La prudencia, que es esencialmente práctica, debe conocer ante todo los pormenores y los hechos particulares, 159

Capítulo VI. Relaciones de la prudencia con la ciencia política.

Aquella sólo se refiere al individuo, y rige como conviene sus intereses personales. El interés del individuo no puede separarse del de la familia y del Estado. – La juventud no puede tener prudencia, porque sólo se adquiere mediante una larga experiencia. – La prudencia no puede confundirse con la ciencia; se aproxima más a la sensación, 162

Capítulo VII. De la deliberación.

Carácter de la sabia deliberación; difiere de la ciencia; supone siempre una indagación y un cálculo; tampoco es obra del azar ni de la simple opinión. – Definición de la sabia deliberación; es un juicio recto aplicado a lo que es verdaderamente útil; puede ser absoluta o especial, 164

Capítulo VIII. De la inteligencia o comprensión y de la ininteligencia.

La inteligencia no se confunde con la ciencia ni con la opinión; se aplica a los mismos objetos que la prudencia; se manifiesta sobre todo en la rapidez para aprender y comprender las cosas. – Del buen sentido, 166

Capítulo IX. Fin a que tienden todas las virtudes intelectuales.

Se refieren todas a las acciones, es decir, a los términos inferiores y últimos. En general son dones de la naturaleza y no pueden adquirirse. Se producen y se aumentan con la edad. – Importancia que debe darse a los consejos de los hombres experimentados y de los ancianos, 167

Capítulo X. De la utilidad práctica de las virtudes intelectuales.

Comparación de la sabiduría con la prudencia. La sabiduría no tiene por fin especial la felicidad; la prudencia ilustra al hombre sobre los medios de llegar a la felicidad; pero en realidad no le hace más capaz de tenerla. La sabiduría y la prudencia contribuyen, sin embargo, a la felicidad del hombre, así como la virtud al señalar un fin loable a sus esfuerzos. – De la habilidad en el régimen de la vida; sus relaciones con la prudencia; no hay prudencia sin virtud, 169

Capítulo XI. De las virtudes naturales.

Las virtudes, que debemos a la naturaleza, no son hablando con propiedad virtudes, en tanto que no las hemos ilustrado por la razón ni fortificado mediante un hábito voluntario. Teoría de Sócrates, en parte verdadera y en parte falsa, sobre la naturaleza de la virtud. – La virtud no puede confundirse con la razón; pero sin razón no hay virtud. La prudencia es por otra parte inferior a la sabiduría, 171

Libro séptimo
Teoría de la intemperancia y del placer


Capítulo primero. Nuevo objeto de estudio. El vicio, la intemperancia y la brutalidad.

La virtud contraria a la brutalidad es un heroísmo casi divino; dicho de los espartanos. Método que debe seguirse en estas nuevas indagaciones: exponer ante todo los hechos y las opiniones más generalmente recibidos; y después discutir las cuestiones controvertibles. – De la templanza y de la firmeza en el sufrimiento, 175

Capítulo II. Explicación de la intemperancia.

Uno es intemperante sabiendo que lo es. – Refutación de Sócrates, el cual sostiene que el vicio es resultado de la ignorancia; objeciones contra esta teoría. – Grados diversos de la templanza y de la intemperancia, según los casos. El Neoptolemo de Sófocles; peligro de los sofismas. – De la intemperancia absoluta y general. – Fin de las cuestiones preliminares sobre la intemperancia, 177

Capítulo III. De la ignorancia del intemperante.

La intemperancia, ¿se aplica a todo o sólo a los actos de cierto orden? Evidentemente la falta es mucho más grave cuando se comete conociéndola. – Explicación del error en que cae el intemperante; puede conocer la regla general, aunque no conocerla ni aplicarla en el caso particular de que se trate. – El silogismo del acto; el intemperante sólo conoce el último término y no el término universal. – Justificación definitiva de las teorías de Sócrates, que cree que el hombre hace el mal por ignorancia, 180

Capítulo IV. Especies de placeres y de penas con relación a la intemperancia.

¿Qué debe entenderse por la intemperancia tomada de una manera absoluta? – Especies diversas de placeres y de penas; placeres necesarios nacidos de las necesidades del cuerpo; placeres voluntarios. – La intemperancia y la templanza se refieren sobre todo a los goces corporales. – Distinción entre los deseos que son legítimos y laudables y los que no lo son; en los deseos de esta primera especie sólo es reprensible el exceso: Niobé, Sátiro. – La intemperancia y la templanza corresponden a la incontinencia y a la sobriedad, 184

Capítulo V. De las cosas que son naturalmente agradables y de las que se hacen tales mediante el hábito.

Gustos monstruosos y feroces; ejemplos diversos; gustos ridículos y malignos; no puede decirse que estos gustos sean prueba de intemperancia. – La intemperancia tomada en un sentido absoluto es lo opuesto a la sobriedad, 187

Capítulo VI. La intemperancia en la cólera es menos culpable que la intemperancia en los deseos.

El deseo está más desnudo de razón aún que la cólera. Ejemplos diversos. – Tres clases de placeres; la condición de los brutos no es tan baja como la del hombre degradado por el vicio, 190

Capítulo VII. Diversas disposiciones de los individuos relativamente a la templanza y a la incontinencia.

Carácter propio del hombre incontinente; su definición. – La violencia de los deseos hace las faltas más excusables. – Definición de la molicie. – La intemperancia puede tener dos causas, el arrebato o la molicie. Diferencia entre estas dos causas, 192

Capítulo VIII. Comparación de la intemperancia con el espíritu de incontinencia.

La intemperancia es menos culpable; no es reflexiva; es intermitente. La incontinencia, por lo contrario, es una perversidad profunda. – Retrato del intemperante, 195

Capítulo IX. El hombre templado sólo obedece a la recta razón.

La terquedad tiene alguna relación con el dominio de sí misma: motivos comunes de la terquedad. Del cambio de opinión; se puede cambiar de opinión solamente por motivos laudables; ejemplo de Neoptolemo. – La templanza se encuentra entre la insensibilidad, que rechaza los placeres más lícitos, y el desarreglo completo que hace perder el dominio de si mismo. – Relaciones de la templanza con la sobriedad; sus diferencias, 197

Capítulo X. La prudencia y la intemperancia son incompatibles.

Otro retrato del intemperante. – La intemperancia natural es más difícil de curar que la intemperancia que es resultado del hábito. – Resumen de las teorías sobre la intemperancia, 199

Capítulo XI. Naturaleza del placer.

Importa al filósofo, que estudia la ciencia política, conocer a fondo la naturaleza del placer y del dolor. – ¿Es el placer un bien? ¿Es el bien supremo? Argumentos en sentido diverso sobre esta cuestión. – De las especies y de las causas del placer. Respuesta a las diversas objeciones hechas contra el placer. El hombre prudente evita los placeres que no son absolutamente placeres, y que van acompañados de una mezcla de dolor, 201

Capítulo XII. Opiniones comúnmente seguidas sobre el dolor y el placer.

Error de Espeusipo. – Relaciones del placer con la felicidad; peligros de una excesiva prosperidad. La felicidad es el desenvolvimiento completo de todas nuestras facultades; y la actividad es por sí misma un verdadero placer, 204

Capítulo XIII. De los placeres del cuerpo.

Falsas teorías en esta materia; no deben proscribirse los placeres del cuerpo absolutamente; pero es preciso reducirlos a los límites dentro en los cuales son necesarios. – Causa del error que hace que se tomen los placeres del cuerpo por únicos placeres; son muchas veces un consuelo en medio de nuestros disgustos. La juventud. Los temperamentos melancólicos. – Naturaleza del hombre; necesidad del cambio que lleva consigo. Sólo Dios en su perfección no muda jamás. El hombre malo tiene gusto en cambiar sin cesar. – Fin de la teoría del placer, 207

Libro octavo
Teoría de la amistad


Capítulo primero. Caracteres generales de la amistad.

Es necesaria para la vida del hombre; su importancia individual: su importancia política. – La amistad es tan honrosa como necesaria. – Teorías diversas sobre la amistad y el amor. Explicaciones físicas: Eurípides, Heráclito, Empedocles. La amistad y el amor deben estudiarse en el hombre, 211

Capítulo II. Del objeto de la amistad.

El bien; el placer y el interés son las tres únicas causas que pueden dar lugar a la amistad. – Del gusto que se experimenta por las cosas inanimadas. – Benevolencia recíproca pero ignorada. Para ser verdaderamente amigos, es preciso conocerse y saber directamente el bien que se desean el uno al otro, 213

Capítulo III. Especies de amistad.

La amistad reviste el carácter de los motivos que la inspiran; y como ellos es de tres especies: por interés, por placer y por virtud. – Fragilidad de las dos primeras especies de amistad; los ancianos sólo aman por interés; y los jóvenes por placer. Amistades pasajeras de la juventud. – La amistad por virtud es la más perfecta y la más sólida. Pero también es la más rara; sólo se forma con el tiempo, y debe ser igual de una y otra parte, 215

Capítulo IV. Comparación de las tres especies de amistad.

Las amistades por interés duran lo que dura el interés mismo; las amistades por placer pasan generalmente con la edad; la amistad por virtud es la única que merece verdaderamente el nombre de amistad; y la única que resiste a la calumnia. – Las otras sólo son amistades en cuanto se parecen a esta, bajo ciertos puntos de vista, 218

Capítulo V. Distinción de la disposición moral y del acto mismo con relación a la amistad.

Puede ser uno sinceramente amigo sin ejercer actos de amistad: efectos de la ausencia. – Los ancianos y los de carácter rudo y austero son poco inclinados a la amistad. – La vida común es sobre todo el fin y la señal de la verdadera amistad. Alejamiento de los ancianos y de las personas de mal humor de la vida común: no por eso su afección puede ser menos verdadera, 220

Capítulo VI. La verdadera amistad no se extiende a más de una persona.

Las relaciones muy numerosas no pueden ser profundas. – La amistad por placer se aproxima más a la verdadera que la amistad por interés. – Amistades de los ricos: tienen amigos muy diversos; la verdadera amistad es muy rara respecto de ellos. – Resumen sobre las dos especies inferiores de amistad, 222

Capítulo VII. De la amistad o afección respecto de los superiores.

El padre y el hijo: el marido y la mujer; el magistrado y los ciudadanos. – Para que la amistad nazca y subsista, es preciso que la distancia entre las personas no sea muy grande; relación de los hombres con los dioses. – Cuestión sutil que esta consideración suscita, 223

Capítulo VIII. En general se prefiere ser amado a amar.

Papel del adulador. – De la causa que motiva el que se busque la consideración de los hombres que ocupan un alto puesto. – Ejemplo del amor materno. – La reciprocidad de afecto es principalmente sólida cuando se funda en el mérito especial de cada uno de los amigos; relación entre gentes desiguales. – Ridículo en que caen los amantes. – Relaciones entre los contrarios; no tienden el uno hacia el otro, sino que tienden al justo medio, 225

Capítulo IX. Relaciones de la justicia y de la amistad bajo todas sus formas.

Leyes generales de las asociaciones, cualesquiera que ellas sean. Todas las asociaciones particulares no son más que partes de la gran asociación política. Cada cual concurre en el Estado al interés común, que es el fin de la asociación general. – Fiestas solemnes; sacrificios, banquetes; origen de las fiestas sagradas, 227

Capítulo X. Consideraciones generales sobre las diversas formas de gobiernos.

Reinado, aristocracia, timocracia o república. Divisiones de estas tres formas: la tiranía, la oligarquía, la demagogia. – Sucesión de las diversas formas políticas. – Comparación de los diferentes gobiernos con las diversas asociaciones que presenta la familia. – Relaciones del padre a los hijos; poder paterno entre los persas; relaciones del marido a la mujer; relaciones de los hermanos entre sí, 229

Capítulo XI. Relación entre los sentimientos de amistad y de justicia bajo todas las formas de gobierno.

Los reyes, pastores de los pueblos. – Beneficios de la asociación paterna. La afección del marido por la mujer es aristocrática; la de los hermanos entre sí es timocrática. – La tiranía es la forma política en la que no hay, ni afección, ni justicia; la democracia es la forma en que se encuentran más estas cualidades, 231

Capítulo XII. De las afecciones de familia.

De la ternura de los padres para con sus hijos y de los hijos para sus padres; la primera es en general más viva que la otra. – Afección de los hermanos entre sí: motivos en que se apoya. – Afección conyugal: los hijos son un lazo más entre los esposos. – Relaciones generales de justicia entre los hombres, 233

Capítulo XIII. De las quejas y reclamaciones con relación a las distintas clases de amistad.

Las quejas y las reclamaciones no son de temer en las amistades por virtud; son más frecuentes en las amistades por placer; se producen sobre todo en las relaciones por interés. – Dos especies de relaciones interesadas: una puramente moral, otra legal. – De las reglas que deben seguirse en el justo reconocimiento y pago de las deudas o de las obligaciones que se han contraído. – ¿Debe medirse el valor de un servicio por la utilidad del que se aprovechó de él, o por la generosidad del que lo hizo? Diferentes sentimientos del favorecido y del bienhechor. – Superioridad de las amistades por virtud, 235

Capítulo XIV. De los disentimientos en las relaciones en que uno de los dos es superior.

Cada cual saca de la amistad lo que puede sacar; el uno, el honor; el otro, el provecho. – De los honores públicos. – De las relaciones en las que es imposible al hombre hacer todo lo que debe. – Veneración debida a los dioses y a los padres. – Relaciones del padre con el hijo, 239

Libro noveno
Teoría de la amistad. Continuación


Capítulo primero. De las causas de desavenencia en las relaciones en que los amigos no son iguales.

Equivocaciones recíprocas. – El que ha hecho el primer servicio, ¿deberá ser el que fije la tasa de la remuneración? Proceder de Protágoras y de los sofistas. – Veneración profunda que debe tenerse a los maestros que nos han enseñado la filosofía. – Leyes de algunos Estados en que las transacciones voluntarias no dan lugar a acciones jurídicas, 241

Capítulo II. Distinciones y límites de los deberes según las personas.

Delicadeza de estas cuestiones. Reglas generales; excepciones; casos particulares. – Deberes para con los padres, los amigos, los hermanos, los conciudadanos; deberes para con la ancianidad. – Consideraciones que deben tenerse en cuenta en todo caso, 244

Capítulo III. Rompimiento de la amistad.

Diversas causas que pueden producirlo. No hay motivo para quejarse a no ser que uno haya sido engañado con un afecto fingido. – Hipótesis en que uno de los amigos se hace vicioso; no debe romperse la amistad mientras no se pierda la esperanza de corregirlo. – Hipótesis en que uno de los amigos se hace más virtuoso; no debe este romper la amistad absolutamente, y debe guardar siempre alguna consideración al recuerdo del pasado, 246

Capítulo IV. El amigo de sí mismo y el amigo de los demás. Retrato del hombre bueno y del malo.

La amistad que se tiene con los demás procede de la amistad que se tiene consigo mismo. No puede uno amarse a sí mismo sino en cuanto se considera hombre de bien. – Retrato del hombre de bien; está en paz consigo mismo, porque hace el bien exclusivamente en vista del bien. La vida está para él llena de dulzura. – Relaciones de la amistad y del egoísmo. Retrato del hombre malo; sus desórdenes interiores; discordias de su alma; odio a la vida; horror de sí mismo. – El suicida. – Ventajas de la virtud, 248

Capítulo V. De la benevolencia.

Difiere de la amistad y de la inclinación. – Puede recaer sobre desconocidos y es muy superficial. – Influencia del aspecto en la persona en la amistad y el amor. – Cómo la benevolencia puede convertirse en amistad. – Motivo más común de la benevolencia, 250

Capítulo VI. De la concordia.

Se aproxima a la amistad. – No debe confundírsela con la conformidad de opiniones. – Admirables efectos de la concordia en los Estados; es la amistad civil. – Efectos desastrosos de las discordias: Eterocles y Polinice. – La concordia sólo es posible entre hombres de bien. – Los malos están perfectamente en desacuerdo a causa de su desenfrenado egoísmo, 252

Capítulo VII. Del beneficio.

El bienhechor ama en general más que el favorecido. – Falsas explicaciones de este hecho singular. Indebida comparación con las deudas; Epicharmo. Explicación particular de Aristóteles. – Amor de los artistas por sus obras; amor de los poetas por sus versos. – El beneficiado es en cierta manera la obra del bienhechor. – El placer activo superior al placer pasivo. – Hay complacencia en el bien que se hace; y se estima tanto más cuanto más trabajo ha costado. – Afecto más vivo de las madres para con sus hijos, 253

Capítulo VIII. Del egoísmo o amor propio.

El hombre malo sólo piensa en sí mismo: el hombre de bien sólo piensa en hacer el bien, sin tener en cuenta su propio interés. – Sofisma para justificar el egoísmo. Es preciso distinguir lo que se entiende por esta palabra. egoísmo reprensible y vulgar. El egoísmo que consiste en ser más virtuoso y más desinteresado que todo el mundo es muy laudable. – Sacrificio en obsequio de los amigos y de la patria; desdén de las riquezas. pasión excesiva por el bien y por la gloria, 255

Capítulo IX. Sobre si hay necesidad de amigos en la prosperidad.

Argumentos en diversos sentidos. – ¿Hay más necesidad de amigos en la desgracia que en la prosperidad? – El hombre de bien no puede vivir solitario; tiene necesidad de hacer el bien a sus amigos y de ver sus acciones virtuosas: cita de Theognis. Es obrar virtuosamente contemplar a sus amigos; sentir que se obra y se vive en el seno de sus amigos es un vivísimo placer, el cual sólo se consigue en la intimidad. – El hombre dichoso debe tener amigos virtuosos como él, 258

Capítulo X. Del número de amigos.

Amigos por interés deben tenerse pocos; porque no se puede servir a todos; amigos por placer basta un corto número de ellos; amigos por virtud deben tenerse sólo los que se puedan amar con intimidad; este número siempre es muy limitado. – El amor, que es el exceso del afecto, sólo se dirige a un sólo ser. – Las amistades ilustres no han tenido nunca lugar sino entre dos; pero puede amarse a muchos de sus conciudadanos, 262

Capítulo XI. ¿Cuándo son más necesarios los amigos, en la prosperidad o en la desgracia?

Razones en ambos sentidos: la presencia de los amigos y su simpatía alivian nuestras penas y aumentan nuestra felicidad. – Se debe ser muy parco en llamar a los amigos cuando a uno le ocurre algún disgusto o desgracia, e ir espontáneamente en busca de ellos cuando sufren. – Se debe mostrar poca impaciencia en exigirles servicios, pero tampoco rehusarlos obstinadamente. – Resumen, 264

Capítulo XII. Dulzuras de la intimidad.

La amistad es como el amor; es preciso que los amigos se vean. – Ocupaciones comunes que sirven para aumentar la intimidad. – Los malos se corrompen mutuamente. – Los buenos se mejoran con su trato recíproco. – Fin de la teoría de la amistad, 266

Libro décimo
Del placer y de la verdadera felicidad


Capítulo primero. Del placer.

Es el sentimiento mejor apropiado a la especie humana; inmensa importancia del placer en la educación y en la vida. – Teorías contrarias sobre el placer; tan pronto se dice que es un bien como que es un mal. – Utilidad de concordar nuestra conducta con las máximas que profesamos, 267

Capítulo II. Examen de las teorías antes indicadas sobre la naturaleza del placer.

Eudoxio le suponía el soberano bien, porque todos los seres lo buscan y lo desean. Eudoxio autorizaba sus teorías en el perfecto régimen de su conducta. – Argumentos tomados de la naturaleza del dolor; todos los seres huyen de él. – Opinión de Platón. – Solución particular de Aristóteles. – Lo que todos los seres buscan debe ser un bien. – El argumento tomado de los contrarios no es bueno, porque el mal puede ser lo contrario de otro mal. – Refutación de algunos otros argumentos. – El placer no es una simple cualidad; tampoco es un movimiento; tampoco es la satisfacción de una necesidad. – Los placeres vergonzosos no son verdaderos placeres. – Indicación de algunas soluciones. – Resumen: el placer no es el soberano bien; hay placeres que se desean, 268

Capítulo III. Nueva teoría del placer.

Refutación de algunas otras teorías; el placer no es ni un movimiento ni una generación sucesiva. – Especies diferentes del movimiento. Todos los movimientos en general son incompletos, y jamás son perfectos en un momento dado de la duración. – El placer es un todo indivisible, cualquiera que sea el instante de la duración en que se le observe, 273

Capítulo IV. Continuación de la teoría del placer.

El acto más completo es el que se hace en las mejores condiciones. – El placer completa y perfecciona el acto, cuando el objeto que siente y el objeto sentido están en las condiciones apetecidas. – El placer no puede ser continuo como no lo es tampoco la pena; debilidad humana. – Gusto de la novedad. – El hombre ama el placer, porque ama la vida. Estrecho enlace del placer con la vida, 275

Capítulo V. Diferentes clases de placeres.

Nace de la diferencia de los actos. – Se goza tanto más cuanto más placer se tiene en hacer las cosas. Los placeres propios de las cosas; los placeres extraños; los unos perturban a los otros, porque no pueden hacerse dos cosas a la vez. Ejemplo de los espectadores en el teatro y de sus distracciones. – Placeres del pensamiento; placeres de los sentidos. – El placer varía según los seres, y hasta de un individuo a otro en una misma especie. – La virtud debe de ser la medida de los placeres, 277

Capítulo VI. Rápida recapitulación de la teoría de la felicidad.

No es una simple manera de ser. Es un acto libre e independiente, sin otro fin que el mismo y conforme a la virtud. – La felicidad no puede confundirse con las diversiones y los placeres; la diversión no puede ser el fin de la vida: los jóvenes, los tiranos. – Máxima excelente de Anacarsis. – La diversión no es más que un reposo y una preparación para el trabajo. – La felicidad es un asunto extremadamente serio, 281

Capítulo VII. Continuación de la recapitulación de las teorías sobre la felicidad.

El acto del entendimiento constituye el acto más conforme a la virtud, y por consiguiente el más dichoso; puede ser el más continuo. – Placeres admirables de la filosofía. – Independencia absoluta del entendimiento y de la ciencia; tienen en sí mismos su propio fin; calma y paz profunda del entendimiento. Turbaciones de la política y de la guerra. El entendimiento es un principio divino en el hombre. – Superioridad infinita de este principio; grandeza del hombre; la felicidad consiste en el ejercicio de la inteligencia, 283

Capítulo VIII. Superioridad de la felicidad intelectual.

El segundo grado de la felicidad es el ejercicio de otra virtud, que no sea la sabiduría. La virtud moral se relaciona a veces con las cualidades físicas del cuerpo, y se une muy bien con la prudencia. – Superioridad de la felicidad intelectual. No depende casi en nada de las cosas exteriores. – La virtud consiste a la vez en la intención y en los actos. – La perfecta felicidad es un acto de pura contemplación. Ejemplo de los dioses. Es injuriarles el atribuirles otra actividad que la del pensamiento. – Ejemplo contrario de los animales; no tienen felicidad, porque no piensan. – La felicidad está en proporción del pensamiento y de la contemplación, 286

Capítulo IX. Relación de la felicidad con el bienestar exterior.

La felicidad supone un cierto bienestar exterior; pero este bienestar es muy limitado. – La posición más modesta no es incompatible ni con la virtud ni con la felicidad. – Opinión de Solon; opinión de Anaxágoras. No debe darse crédito a las teorías cuando no se conforman con los hechos. – Grandeza del sabio; es el amigo de los dioses; es el único dichoso, 289

Capítulo X. Importancia de las teorías y de la práctica.

Opinión de Theognis. – La razón sólo habla a los menos. Sólo mediante el temor del castigo puede ser dirigida y corregida la multitud. – Influjo de la naturaleza; necesidad de una buena educación; sólo la ley puede ordenarla. Sabios consejos dados al legislador por Platón. – Empleo simultáneo de la práctica y de la fuerza. Sólo la ley tiene poder para mandar eficazmente. – Educación pública; educación particular; utilidad de las reglas generales y de la ciencia; la experiencia. – Papel admirable del legislador. – Oficio poco útil y poco honroso de los sofistas que enseñan la política. Esta es indispensable. Los estudios teóricos sobre las constituciones pueden ser de alguna utilidad. – Colección de constituciones. – Relación de la política con la moral; anuncio de la Política de Aristóteles como continuación de su moral, 290

Nota sobre esta edición digital (septiembre de 2005)

Esta edición del texto en español de la Moral a Nicómaco de Aristóteles, en versión de Patricio de Azcárate, que ofrece libremente por internet el Proyecto Filosofía en español, se ha realizado directamente a partir de un ejemplar de la edición impresa, Madrid 1874. Se hace figurar entre corchetes el número y el lugar donde continúa el texto en cada página de esa edición impresa. Se han renumerado correlativamente las 210 notas puestas al texto de Aristóteles (que en la versión impresa van referidas a cada página). Se reproduce con la mayor fidelidad el texto ofrecido por Azcárate.

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Patricio de Azcárate · Obras de Aristóteles
Madrid 1874, tomo 1, portada y páginas 299-318
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