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20.2.08

Biografía neoliberal de un liberal

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http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/744

Nº 31 - RETRATOS
Condillac
Por Gabriel Calzada

Étienne Bonnot nació en Grenoble el 30 de septiembre de 1714. Como vástago menor de la familia, parecía abocado a hacer carrera en el seno de la Iglesia. Sin embargo, su padre, Gabriel Bonnot, que logró amasar una considerable fortuna, al morir dejó a cada uno de sus hijos 25.000 libras, de las que podrían hacer uso cuando cumplieran los 25 años (en el momento de la muerte de Gabriel, Étienne contaba 22). Esta circunstancia hizo posible que nuestro personaje diera esquinazo al destino y se dedicase a sus grandes pasiones.

Étienne, que acabaría siendo conocido como Condillac porque fue abad de la villa francesa del mismo nombre, eligió estudiar. En 1733 se trasladó a París, donde ya se encontraba su hermano Gabriel. Hasta los años 40, los datos que se tienen sobre su vida son escasos. Está prácticamente confirmado que acudió al Collège Mazarin, donde habría cursado Filosofía, Física y Matemáticas. Lo que sí es seguro es que ingresó posteriormente en La Sorbona. Tras completar satisfactoriamente los estudios de Teología, ingresó en el seminario de Saint Sulpice. En 1741 fue ordenado sacerdote, pero nunca llegó a ejercer: no hay indicio alguno de que llegara a oficiar una sola misa.

Durante los años 40, Étienne y su hermano Gabriel participaron regularmente en las reuniones que se celebraban en el salón de Madame de Tecin –de cuyo hermano, el cardenal Tecin, era secretario Gabriel–, donde entraron en contacto con algunos de los grandes pensadores y literatos del momento (entre los asiduos se contaba, por ejemplo, el Barón de Montesquieu). Asimismo, por aquel entonces Condillac mantuvo encuentros semanales con Diderot y Rousseau en el Hotel du Panier-Fleuri.

Rousseau reparó inmediatamente en el gran talento para la filosofía del joven abad de Condillac. Fue él, de hecho, quien le puso en contacto con Diderot, con vistas a que pudiera publicar su primera obra, el Ensayo sobre el origen del conocimiento humano. Diderot no dudó en usar sus influencias para que el Ensayo... pasara por la imprenta. D'Alembert, hijo ilegítimo de Madame de Tecin, era otro de los estrechos amigos de Condillac: en la década siguiente coincidirían a menudo en las famosas reuniones auspiciadas por el Marqués d'Argenson, en las que se juntaba la alta sociedad parisina para debatir todo tipo de cuestiones literarias, políticas y filosóficas.

Para mediados de la década de los 50 nuestro personaje era ya conocido como filósofo dentro y fuera de Francia. Gran seguidor de Locke, abogaba por el empleo de la observación como método de aproximación científica a los fenómenos sujetos a estudio. Es más que posible que su entusiasmo por Locke no se limitara a las obras metodológicas, y que también se viera influido por el liberalismo del inglés.

En 1758 aceptó convertirse en tutor del Príncipe de Parma. En algún momento de su estancia de casi siete años en Italia, Condillac dirigió su atención hacia la obra de Ferdinando Galiani Della moneta, publicada en 1751 y centrada en la relación entre valor y utilidad. A juzgar por el parecido tratamiento que dan al valor Galiani y Condillac, resulta verosímil pensar que Della moneta influyó lo suyo en el francés. En cualquier caso, los años que pasó como director de estudios del Príncipe de Parma son cruciales para entender su obra económica.

De vuelta a Francia (a punto estuvo de impedírselo la viruela; de hecho, se le llegó a dar por muerto, y su recuperación fue lo más parecido a un milagro), Condillac fue designado miembro de la Academia. Durante los ocho años siguientes se dedicó a "resumir" lo que, a su juicio, debía saber un príncipe como el de Parma para desempeñarse como gobernante. Fruto de ello fue su Cours d'etudes, una obra que terminó ocupando 17 volúmenes.

Disertar sobre el arte del buen gobierno sin entrar en materia económica es misión imposible. El buen gobierno está tan estrechamente relacionado con el buen entendimiento de los fenómenos económicos que no es de extrañar que Condillac profundizase extraordinariamente en los diversos problemas teóricos de la economía. Esta forma de acercarse a la economía no es singular; algo parecido hizo, por ejemplo, Juan de Mariana: las magistrales, sinceras y atrevidas lecciones que preparó para la educación de Felipe III le llevaron a plantearse los límites de la política económica de acuerdo con las leyes naturales de la economía. Esas reflexiones le servirían de base para escribir, nueve años más tarde, su famoso y pionero Tratado y discurso sobre la moneda de vellón.

Pero volvamos a Condillac; para hablar, ya, de su gran obra económica: El comercio y el gobierno considerados en su relación mutua. En ella, Condillac erige todo un corpus teórico partiendo de fenómenos generales como el valor y estudiando seguidamente asuntos como los precios (y la determinación de los mismos), los intercambios, la generación de riqueza, el dinero, los monopolios, la soberanía del consumidor o la asignación de recursos en el mercado. A continuación (y tal y como haría Ludwig von Mises dos siglos más tarde en La acción humana) dirige su mirada a los dañinos efectos del intervencionismo gubernamental en el proceso del mercado.

Profundo conocedor de las leyes naturales del mercado, Condillac defendió aquellas políticas económicas que respetaran en todo momento la propiedad privada y ligó las posibilidades de crecimiento económico al respeto escrupuloso de la libertad de los individuos. Asimismo, previó las consecuencias del intervencionismo económico:

Si los Estados europeos persisten en rechazar la libertad total de comercio, nunca llegarán a los niveles de riqueza y población que podrían alcanzar. Si uno de ellos se decanta por la libertad completa y permanente mientras que los otros sólo acceden a una libertad temporal y limitada, aquél será, si todo lo demás permanece igual, el más rico de todos. Finalmente, si todos dejan de poner obstáculos al comercio, serán tan ricos como puedan serlo. Y entonces la riqueza de cada uno de ellos dependerá… de la fertilidad de sus suelos y de lo duro que trabajen sus habitantes.

La obra magna de nuestro personaje tropezaría con varios obstáculos importantes para su difusión y aceptación. En el ámbito de la teoría, Condillac, al demostrar que la tierra no es la única fuente de riqueza, no hizo sino situarse en una posición de marginalidad frente a la corriente dominante de la época, la fisiocracia. Asimismo, su sistema sobre la teoría subjetiva del valor sería arrinconado por espacio de cien años. En el ámbito de la política, sus análisis y conclusiones chocaron frontalmente con el colbertismo ambiente, que llevó el intervencionismo hasta sus últimas consecuencias. Proclamar las bondades de la libertad económica y denunciar los males del dirigismo estatal no era la mejor forma de hacer amigos en la Francia del siglo XVIII.

El destino quiso que El comercio y el gobierno viera la luz en 1776, el mismo año en que Adam Smith publicó La riqueza de las naciones. Tanto una como otra obra pueden ser consideradas importantes piedras fundacionales de dos tradiciones en la historia del pensamiento económico: la continental y la anglosajona, y precursoras de dos corrientes liberales: la austriaca y la neoclásica. La tibia acogida que recibió El comercio... contrasta con el ardor con que se saludó la aparición de La riqueza... El texto del francés era conciso y claro, y no dejaba lugar al intervencionismo estatal.

Dado el marcado carácter liberal de sus principios y conclusiones, a nadie debería extrañar que El comercio y el gobierno tuviese problemas con la censura. Ya el Cours d´études había tenido serias dificultades para ver la luz. De no haber sido por las gestiones de Turgot, a la sazón ministro de Marina e Inspector General de Finanzas, no está claro cuál hubiese sido la suerte de las reflexiones económicas de Condillac.

Fieles a la tradición continental de la teoría subjetiva del valor, Condillac y Turgot tuvieron que batallar a contracorriente por sus ideas. Ambos llegaron a conclusiones extremadamente liberales, y hubieron de soportar críticas generalizadas.

Con todo, el mensaje de Condillac acabó calando, y la importancia de El comercio y el gobierno puede calificarse perfectamente de crucial. Gracias a esta obra, la teoría subjetiva del valor cobró nuevos bríos. Por otro lado, Condillac dio un paso más hacia la fusión coherente de la ética de la propiedad privada con la ciencia económica.

Sin hacer ruido, el magisterio de Condillac se abriría paso hasta la revolución marginalista. Wilhelm Roscher (1817-1894), uno de los mayores conocedores de la historia del pensamiento económico, colocó la explicación del francés sobre el valor en el centro de su tratado de economía, lo que le valió ser atacado por Karl Marx. No es de extrañar: la explicación deductiva del valor disolvía instantáneamente la teoría del valor trabajo y, por lo tanto, la teoría marxista de la explotación.

Unos años después de que Roscher aprovechara los valiosos conocimientos de Condillac en su System der Volkswirtschft, William Stanley Jevons afirmaría, en Theory of Political Economy, que la de Condillac fue "la primera aseveración clara sobre la verdadera conexión entre valor y utilidad". Carl Menger, por su parte, siguió los pasos de Roscher, a quien dedicó sus Principios de Economía Política, y a la hora de explicar los fundamentos del valor citará a Condillac más que a ningún otro autor.

Podemos afirmar que la obra económica de Condillac sitúa a éste a medio camino entre la escolástica tardía y el liberalismo económico contemporáneo. Su figura es clave para entender la tradición continental que une a la Escuela de Salamanca con la Austriaca. De no haber sido por su aportación a la ciencia económica, la tradición subjetivista continental se hubiese visto aún más silenciada por la corriente anglosajona liderada por Adam Smith, David Ricardo y John Stuard Mill. Es difícil valorar en qué medida su esfuerzo permitió, cien años más tarde, la superación de la teoría anglosajona del valor y el retorno a un enfoque metodológico deductivo, al menos en lo que a Menger y su escuela se refiere; pero de lo que no cabe duda es de que fue fundamental.

El 3 de agosto de 1780, cuatro años después de que viera la luz El comercio..., moría repentinamente el hombre que, según Terence Hutchinson, "tiene más derecho que ningún otro a ser considerado el padre fundador del análisis subjetivista en teoría económica". Dos siglos más tarde, la importancia y profundidad de sus ideas contrasta con el desconocimiento que tanto del hombre como de su obra tiene la inmensa mayoría de los economistas contemporáneos.

Quizá la Escuela Austriaca debería hacer un esfuerzo por dar a conocer a uno de sus predecesores más ilustres: Étienne Bonnot, abad de Condillac, pionero en el análisis deductivo y subjetivista de la economía y un liberal íntegro, digno de la mayor admiración.

Nueva Economía Keynesiana

Una puntualización esquemática y matemáticamente formalizada de conceptos básicos del neokernianismo puede verse en:

http://iei.uv.es/~rdomenec/ma/tr_tema5.PDF

Teoría General de la Ocupación

El texto completo en su idioma original, el inglés, del libro clásico de Keynes, Teoría General de la Ocupaciòn, el Interés y el Dinero puede leerse en línea en:

http://etext.library.adelaide.edu.au/k/keynes/john_maynard/k44g/

Tomamos la anterior referencia de wikipedia, que además expresa específicamente una valoración resumida sobre el texto de la siguiente forma:

http://es.wikipedia.org/wiki/Teoría_general_de_la_ocupación,_el_interés_y_el_dinero

"La Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero se considera el trabajo magistral del economista británico John Maynard Keynes. En gran medida, creó la terminología de la moderna macroeconomía. Se publicó en febrero del 1936, en una época marcada por la Gran Depresión estadounidense. El libro desencadenó una revolución en el pensamiento económico, comúnmente denominada la "Revolución Keynesiana", en la forma en la que los economistas pensaban en el fenómeno económico, y especialmente en cómo pensaban acerca de la viabilidad y conveniencia de la gestión del sector público del nivel agregado de la demanda en la economía.

En el libro de Keynes, «Ensayos en Persuasión», el autor recordó sus frustrados intentos por influir en la opinión pública durante la Gran Depresión, a comienzos de los años treinta. La "Teoría General", representó los intentos de Keynes para cambiar la opinión general en el pensamiento que existía en el entorno macroeconómico.

Resumiendo, la "Teoría General" argumentaba que el nivel de empleo en la economía moderna estaba determinado por tres factores: la inclinación marginal a consumir (el porcentaje de cualquier incremento en la renta que la gente destina para gasto en bienes y servicios), la eficiencia marginal del capital (dependiente de los incrementos en las tasas de retorno), y la tasa de interés. El argumento clave en el pensamiento de Keynes es que una economía debilitada por la baja demanda (como por ejemplo, en una depresión), donde hay un problema desencadenante (dificultad en conseguir una economía que crezca vigorosamente), entonces el gobierno (más concretamente el sector público) puede incrementar la demanda agregada, incrementando sus gastos (aunque se incurra en déficit público), sin que el sector público incremente la tasa de interés lo suficiente como para minar la eficacia de esta política.

Keynes previó en la "Teoría General" que su libro probablemente iba a liderar una revolución en la forma que los empresarios pensarían sobre los temas de interés público, y el pensamiento keynesiano (los intentos del gobierno intentando influir en la demanda a través de los impuestos, el gasto público, y la política monetaria) fue muy influyente en la época de la postguerra tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la estanflación de la década de 1970 hizo que el enfoque intervencionista keynesiano perdiera su atracción en los círculos políticos y de los teóricos económicos. En la mayoría de las economías, se comenzó a creer que el manejo keynesiano de la demanda era complejo, y que acarreaba sutiles daños en la economía, como deteriorar los beneficios de un presupuesto público equilibrado, así como favorecer la inflación. Hasta cierto punto, la teoría keynesiana sufrió debido a su propio éxito en la postguerra, durante la que terminó con largos periodos de paro y pérdida de producción. De todas las maneras, el keynesianismo todavía existe en la forma de la denominada Nueva Economía Keynesiana, que intenta combinar la economía neoclásica con algunas conclusiones de la política keynesiana.

Además, Keynes fue un maravilloso comunicador de la lengua inglesa, con una escritura muy fluida que se evidencia a veces en la "Teoría General". Un ejemplo es el capítulo 12, en el que habla del "Estado de las Expectativas a largo plazo", que es considerado por muchos como un ejemplo de los mejores textos sobre bolsa. Sin embargo, gran parte del libro muestra el peor Keynes a la hora de usar el lenguaje, con frases complejas y largas, que no son nada características del estilo de escritura de otras obras previas."