21.6.07

Sobre el Dinero

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Este trabajo podría llamarse con propiedad "sobre el dinero". Su autor Alfred Marshall desarrolla la lógica de los teóricos de la utilidad y refleja en el razonamiento que la Economía es una ciencia que tiene más relación con la Sociología, la Historia, la Filosofía que con la Matemática. Y esto dicho por un marginalista como Marshall y a quien se reputa como uno de los constructores de la "Economía Matemática".

Las negrillas, citas en bloque y separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio.

Alfred Marshall

Cap. IV, del Libro 1, de la obra Money Credit and Commerce, Londres, 1923.


1. Funciones del dinero

El dinero, o moneda corriente, se desea como un medio para lograr un fin; sin embargo, en este caso no es de aplicación la regla general de que cuanto mayores sean los medios de que se dispongan para cumplir un fin determinado mejor se logrará éste. Puede, pues, compararse al aceite necesario para que una máquina funcione fácilmente. Una máquina no puede funcionar a menos que se engrase, de lo que un novicio pudiera inferir que cuanto más aceite ponga mejor funcionará, pero, en realidad, si se pone más aceite del necesario la máquina quedará obstruida.
De la misma manera, un aumento excesivo de dinero disminuye el crédito de éste, e incluso puede hacerlo dejar de circular.
A primera vista puede parecer que esta analogía es algo artificiosa. Pero debemos tener en cuenta lo siguiente:

El dinero no se desea por sí mismo, sino porque su posesión proporciona una disponibilidad inmediata de poder adquisitivo general en forma adecuada. Un billete de ferrocarril se desea por la utilidad del viaje a que da derecho. Si las compañías de ferrocarril ajustan sus billetes a la longitud de los trayectos respectivos, un billete que proporcione un viaje largo es más deseable que el que sólo da derecho a uno corto; y en el caso de que las longitudes de todos los viajes se duplicaran, este aumento de longitudes ocasionaría únicamente una perturbación muy pequeña. De igual manera, un aumento en el volumen de dinero de un país, permaneciendo iguales los demás factores, rebajará proporcionalmente el valor de cada unidad. De hecho, si existe el peligro de que dicho aumento se repita, el valor de cada unidad puede descender en mayor proporción que el aumento ya verificado.

Así como el billete de ferrocarril se valora de acuerdo con la longitud del viaje a que da derecho, así el dinero se valora según la cantidad de poder adquisitivo inmediato que proporcione. Si una ampliación de las ventajas así obtenidas pudiera adquirirse sin esfuerzo, todos podrían conservar una mayor cantidad de poder adquisitivo a mano en forma de dinero. Pero el dinero que se conserva de esta manera no produce ingresos; por tanto, todos (más o menos automática o instintivamente) pesan los beneficios que podrían obtener aumentando la cantidad de dinero que guardan en efectivo con los que lograrían invirtiendo alguna parte de la misma, bien en la adquisición de una cosa cualquiera -un abrigo o un piano, por ejemplo- de la que pudieran obtener algún beneficio, bien montando o participando en un negocio, o comprando un valor cotizable en bolsa que pueda proporcionarles un ingreso en dinero. Así se impide que el valor total del circulante que una nación tiene caiga muy por abajo, o suba muy por encima, de la cantidad de poder adquisitivo disponible que sus miembros desean tener en efectivo. y si entonces el descubrimiento de nuevas minas, o cualquier otra causa, aumenta considerablemente el acervo de dinero, el valor de éste desciende hasta que la caída determina que la adquisición de crecientes cantidades de oro deje de ser provechosa. Esto es, el valor de una moneda de oro, acuñada libremente, tiende a ligarse bastante estrechamente al coste de adquisición del oro que contiene.

Lo que un país desea no es determinada cantidad de dinero metálico (o de otra naturaleza), sino una cantidad de él que tenga un poder adquisitivo determinado. Sus existencias de oro en todo tiempo tienden a ser iguales a la cantidad que (a dicho valor) sea equivalente al poder adquisitivo que los individuos deseen conservar en forma de oro -bien en su propio poder, bien en el de los bancos- en unión de la cantidad que la industria del país quiera absorber a dicho valor.

Si el país tiene minas de oro propias, el monto de su existencia oro se regulará por el coste de producción, sujeto a la influencia indirecta de las alteraciones de la demanda de exportación, etc. Si no tiene minas de oro, su acervo tenderá a ser tal que pueda absorberlo más o menos a la tasa de coste al que pueda fabricar y exportar mercancías que los países productores de oro acepten a cambio del metal. La forma que adopta este proceso la estudiaremos más tarde.

Si sus depósitos de oro están fijados por la propia naturaleza, si el oro se utiliza únicamente para la acuñación de moneda, y todos los demás medios de cambio son en efecto pedidos por cierta cantidad de oro, entonces el valor total de este oro sería siempre el mismo, cualquiera que fuera su cantidad. Pero el oro pasa generalmente de un país a otro con plena libertad, y, por consiguiente, la existencia que cada país tiene del mismo se ajusta a la demanda que exista para acuñación o para otros usos.

El poder adquisitivo del oro dentro de cada territorio debe estar en tal relación respecto a su poder adquisitivo en los demás países, que ni sus exportadores ni sus importadores encuentren una ventaja considerable en sustituir el oro, en gran escala, por otros productos. Por tanto, las reservas de oro nunca difieren mucho, durante un tiempo considerable, de las cantidades necesarias para conservar el nivel general de precios en armonía con el de otros países, teniendo en cuenta, cuando esto sea preciso, el coste de transporte y los impuestos de aduana.

Desde luego, la demanda total de cada metal precioso está constituida por la demanda para su uso como moneda y por la demanda para usos industriales y personales. Estos incluyen los servicios de mesa de plata y plateados, los artículos de oro como los relojes y cadenas, el dorado de marcos de retratos y cuadros, etcétera. Cada una de estas demandas tiene su propia ley de variación. Cuanto más difícil sea la obtención de la plata, menos uso se hará de ella en cada país, pero su poder de facultar a una persona para hacer compras considerables con ella se aumentará con el alza de su valor. Muchas personas suelen llevar consigo, y conservar en sus casas, un peso mayor de moneda de plata que de cobre porque muchas de sus necesidades no pueden ser satisfechas con el gasto de unas cuantas monedas de esta última clase. (1)

2) En tiempos anteriores solía afirmarse que el valor del oro y de la plata era "artificial". Pero, de hecho, este valor está regulado, en cuanto a su oferta, por el coste de su obtención, y en cuanto a su demanda, por la necesidad de las gentes de poseer poder adquisitivo disponible basado en el oro y en la plata, junto con la demanda de estos metales para fines industriales y personales.

La observación de que el valor de una moneda se eleva con frecuencia sobre el del metal que contiene, induce a pensar que el valor del dinero es, realmente, un valor "artificial"; es decir, debido a un convencionalismo, a una costumbre, o a cualquier otro esfuerzo imaginativo. Pasaron muchos siglos antes de que se prestara atención al fenómeno de que el valor de cada unidad monetaria de un volumen dado podía depender de la cantidad de funciones que la moneda debía desempeñar. Pero algo progresó el pensamiento humano en esta dirección, cuando, con alguna frecuencia, la irregularidad de la oferta natural de metales preciosos, o la negligencia excepcional de aquellos que eran los encargados de cuidar de la calidad de la moneda, provocaban, o amenazaban con provocar, grandes cambios en los precios en general. Las discusiones respecto al valor del dinero fueron muy vehementes -aunque desprovistas de buena información- en Inglaterra, cuando Enrique VIII envileció la moneda; igualmente, cuando las minas del Nuevo Mundo enviaron los primeros cargamentos importantes a Europa; y de nuevo alcanzaron gran actualidad en el siglo XVIII, cuando el comercio pedía un sistema de acuñación más exacto que los anteriores y cuando el pensamiento económico comenzaba a ser más sereno y más sólido.

Al fin se vio que las condiciones del país regían en todo momento la cantidad de poder adquisitivo disponible que era preciso en tal instante para el debido funcionamiento de la actividad económica. En una palabra, las condiciones generales del país imponen un determinado número de funciones a su moneda. Por consiguiente, cuanto mayor sea la cantidad de dinero, menor número de funciones tendrá que desempeñar cada parte de la cantidad total, y, por tanto, será menor la demanda efectiva de cada pieza acuñada y menor el valor de éstas. El paso próximo a realizar era tener también en cuenta la medida en que las funciones del dinero en sí mismo podían ser facilitadas por la ayuda del crédito. (2)

No obstante, hasta principios del siglo XIX no se emprendió en serio el estudio de las causas que regían el valor del dinero. El pensamiento humano había estado hasta entonces muy preocupado con averiguar las bases económicas de la seguridad política y las del bienestar general. Al fin, la perturbación violenta del crédito público y de los precios, causada por los destrozos y las perturbaciones de las guerras napoleónicas, determinó que un grupo de hombres de estudio y de hombres de negocios, capacitados y bien enterados, comenzaran a investigar de nuevo el problema, dejando ya poco trabajo a sus sucesores en cuanto se refiere a sus líneas fundamentales. (3)

Ricardo fue uno de los pensadores más influyentes y redactó sobre este tema su famoso informe sobre los metales preciosos (Bullion Report) en 1810. En él declara que "el dinero efectivo de un país depende de la velocidad de su circulación y del número de operaciones que realiza en un momento dado, tanto como de la cantidad acuñada; toda circunstancia que muestre una tendencia a apresurar o a retrasar el ritmo de la circulación hace que la misma cantidad de dinero sea más o menos adecuada para satisfacer las necesidades del comercio. Se requiere menor cantidad de dinero cuando el crédito público consigue un alto nivel de estimación que cuando la alarma obliga a los individuos a retirar sus anticipos y protegerse contra el peligro atesorando su dinero; y en un período de seguridad comercial y confianza privada que cuando la desconfianza origina el aplazamiento de toda operación monetaria hasta que vengan mejores tiempos. Pero, sobre todo, la misma cantidad de dinero será más o menos adecuada en relación a la habilidad que las grandes entidades prestamistas muestren en la administración y economía del medio circulante. . . El progreso que ha habido últimamente en este país, singularmente en el distrito de Londres, en relación con el empleo y economía del dinero entre los banqueros, y en la manera de concertarse los pagos comerciales. . . consiste principalmente en la utilización creciente de giros bancarios para los pagos generales en Londres; el artificio de reunir a diario todos los títulos bancarios en un local común donde son compensados unos con otros; la intervención de los agentes de letras comerciales; y algunas otras novedades en las' prácticas de los banqueros de Londres, han tenido el mismo efecto de hacer innecesaria para ellos la conservación de los grandes depósitos de dinero que antes estaban obligados aguardar". Esta concisa explicación sigue siendo exacta.

Sabemos que las existencias de oro y de plata del mundo occidental han aumentado rápidamente durante las últimas décadas, aunque no poseemos estadísticas definitivas al respecto. Pero parece ser que la producción anual de plata casi se ha decuplicado desde la mitad del siglo XIX.

El acervo de oro también se ha decuplicado entre 1840 y 1855, pero su aumento ha sido más lento durante los cuarenta años siguientes; últimamente ha vuelto a ser rápido. (4)

Mientras tanto, el uso del oro en la orfebrería ha aumentado mucho; y la parte considerable del mismo que se emplea en dorar queda inutilizada para nuevos empleos. Es posible, no obstante, que en el curso de algunos pocos siglos las existencias de oro lleguen a ser pequeñas y que su poder adquisitivo esté expuesto a grandes cambios debidos a pequeñas causas. En tal caso surgirán fuertes argumentos en pro de basar todos los pagos a largo plazo en unidades de medida de poder adquisitivo general que gocen de evidente autoridad.

En Inglaterra, una compra importante se realiza, generalmente, no por la transferencia de dinero, sino por la de un cheque (u otro documento) que proporciona un título sobre dinero. Por esta razón la demanda de dinero en Inglaterra no es típica de las condiciones generales, ni siquiera en el mundo occidental; pero, por ahora, hagamos caso omiso de la influencia que en los precios ejercen los cheques y otros documentos privados; más tarde se dirá algo al respecto.

3) El valor total de la circulación de un país, multiplicado por el número medio de veces que cambia de manos con fines comerciales en un año, es, evidentemente, igual a la cantidad total que importan las transacciones realizadas en dicho país por pagos directos en dinero en el citado año. Pero esta misma definición no indica las causas que gobiernan la rapidez de circulación del dinero; para descubrir éstas debemos considerar las cantidades de poder adquisitivo que los ciudadanos de tal país deciden conservar en forma de dinero.
Los hechos fundamentales son: 1) cada cambio en la rapidez de circulación de las mercancías tiende a originar un cambio correspondiente en la rapidez de circulación del dinero y de los sucedáneos de éste, y, 2), el principal de estos sucedáneos son los cheques y, en algunos casos, las letras de cambio. Pero los motivos que gobiernan la velocidad de circulación del dinero no son evidentes; consideremos, pues, cuáles pueden ser.
Aparecerá, al tratar de averiguarlos, que los cambios en la velocidad de circulación del dinero están ligados a los cambios en la cantidad de poder adquisitivo disponible que los ciudadanos de un país encuentran conveniente conservar en su propia posesión. Esta cantidad está gobernada por causas diversas, siendo fácil de comprender la principal de ellas. Es bien cierto que, relativamente, pocas personas analizan los motivos que les impulsan a obrar en tales materias, pero se advierten sugerencias implícitas de tales motivos en observaciones tales como: "he guardado una cantidad de dinero mayor de la que realmente necesito; podía haber usado parte de ella en comprar artículos de uso personal o en alguna inversión". Se producen reflexiones opuestas cuando una persona ha gastado o ha invertido casi todo el dinero que tiene a su disposición y no puede, por tanto, aprovechar una buena oportunidad cuando ésta se le presenta. O puede estar obligado a comprar a los comerciantes al por menor, que le cargan un precio alto y le surten géneros de inferior calidad, aprovechando la ventaja de conocer que no puede protestar, ya que en este caso le pueden perjudicar exigiéndole un pago inmediato. El consumidor puede, desde luego, vencer la dificultad obteniendo crédito de un banco, pero no siempre es posible utilizar este recurso. (5)

Esta exposición general indica la naturaleza general de la demanda de un país de poder adquisitivo disponible en forma de dinero; o, por lo menos, de disponibilidad inmediata de dinero, tal como se deriva de conservar una considerable suma de él en cuenta corriente en un banco.

Para precisar más este concepto, supongamos que los habitantes de un país, juntos unos con otros (e incluyendo, por tanto, todas las variedades de carácter y profesión) estiman que les vale la pena conservar en su poder, por término medio, un poder adquisitivo disponible equivalente al décimo de su ingreso anual, más la quinceava parte del valor de sus propiedades; entonces, el valor total de la moneda del país tenderá a ser igual a la suma de dichas cantidades. Supongamos que la suma de sus ingresos puede cifrarse en cinco millones de arrobas de trigo (en un año normal) y la de sus propiedades en veinticinco millones de la misma unidad. En este caso el valor total del dinero sería un millón de arrobas de trigo, porque, a dichos tipos, cada uno podría tener tanto poder adquisitivo disponible a su disposición como desee, después de compensar, unas con otras, las ventajas de una mayor disponibilidad inmediata y las desventajas de colocar una gran parte de sus recursos en forma que no pueda producirle ingreso directo ni otros beneficios. Si en dicha ocasión el total de dinero contiene un millón de unidades, cada una equivaldrá a una arroba; si contiene dos millones de unidades cada una equivaldrá a media arroba; etc.

Así, la posición es ésta: en cada estado de desarrollo de la sociedad hay una parte de su ingreso que los individuos estiman conveniente conservar en forma monetaria y que puede ser un quinto, un décimo o un vigésimo. Una mayor disponibilidad de recursos en forma de dinero les proporciona mayor facilidad y comodidad en sus negocios y les coloca en situación ventajosa para sus tratos, pero, por otra parte, les inutiliza recursos que pueden producirles un beneficio compensador si los emplean, por ejemplo, en adquirir un mayor número de muebles o artículos mejores, o un ingreso monetario si los invierten en nueva maquinaria o más ganado. En un estado primitivo de la sociedad, incluso en alguno tan avanzado como el de la India, sólo los ricos se preocupan de conservar una parte de sus recursos en efectivo. En Inglaterra, excepto los muy pobres, todos conservan una buena parte -la clase media inferior guarda una cantidad relativamente muy grande- en tanto que los muy ricos, que pagan todas sus compras por medio de cheques, guardan relativamente una muy pequeña. Pero, sea cual fuera el estado de desarrollo de una sociedad, existe un cierto volumen de recursos que las personas de todas las clases sociales, unas con otras, se cuidan de conservar en efectivo, y, en el caso de que todos los demás factores permanezcan iguales, existe tal relación directa entre la cantidad de dinero y el nivel de precios que, si una aumenta en un diez por ciento, el otro se eleva el mismo diez por ciento. Evidentemente, cuanto menor sea la proporción de sus recursos que los individuos guarden en efectivo más baja será la suma total de dinero, es decir, mayores serán los precios, dada una cantidad igual de dinero.

Esta relación entre la cantidad de circulante y el nivel general de precios puede modificarse permanentemente por diversas causas; primero, por cambios en la población y riqueza, que varíen el ingreso total; segundo, por el desarrollo de las entidades de crédito, que suplen el dinero con otros medios de pago, y tercero, por los cambios en los procedimientos de transporte, de producción y de los negocios en general, que afectan el número de manos por las cuales van pasando las mercancías en su proceso de fabricación y venta, y puede ser modificada temporalmente por las fluctuaciones de la actividad y de la confianza comercial en general. (6)

Sin duda alguna, el valor total del dinero necesario para la vida comercial inglesa es relativamente pequeño. Las clases medias y altas de la sociedad liquidan la mayor parte de sus pagos importantes por medio de cheques, y sólo una pequeña parte de éstos se hacen efectivos, ya que su mayor parte se liquidan meramente transfiriendo de una a otra cuenta bancaria el derecho a reclamar una determinada cantidad de dinero.

Como ya se ha indicado, los metales preciosos (ya sea en forma de barras o de monedas acuñadas) suelen atesorarse con objeto de prevenirse contra necesidades futuras, conocidas o desconocidas. No otra es la práctica que aún prevalece entre los campesinos de todas las partes del mundo. Pero en los países occidentales, incluso los campesinos, si son gente acomodada, se sienten inclinados a invertir la mayor parte de sus ahorros en valores de bolsa, oficiales o bien acreditados, o a confiar su administración a un banco; y, especialmente en los pueblos anglosajones, la mayor parte de la moneda que los particulares guardan se utiliza como previsión para alguna oportunidad en que pueda ser usada como poder adquisitivo directo en un futuro no muy lejano.

4) Influencias que ejercen las ocupaciones y los temperamentos sobre la cantidad de dinero que las personas con ingresos semejantes suelen guardar como disponibilidad inmediata.

La imprevisión de una persona sujeta a un salario semanal puede originar que las monedas de oro o de plata que lleguen a su poder circulen, en general, más rápidamente cuando salgan de su posesión; pero como, a menos de que se trate de una persona excepcionalmente irresponsable, conserva por lo menos un chelín hasta el final de la semana, no gasta probablemente sus monedas de cobre más rápidamente que las demás personas. De igual manera, la imprevisión de quien recibe sus ingresos por trimestre puede producir una elevación de la rapidez media de circulación de las monedas de oro que llegan a su poder, pero como sería muy raro que no conserve por lo menos una libra esterlina, no afectará directamente la rapidez con que las monedas de plata y de cobre entren y salgan de su poder.

Los comerciantes importantes conservan relativamente poco dinero en su poder en los países modernos, en los cuales casi todos los pagos importantes se realizan por medio de cheques. Pero cuando no existen instrumentos de crédito auxiliares del dinero, cada comerciante depende del acervo de poder adquisitivo que conserve en forma monetaria, con objeto de aprovechar las buenas oportunidades que se le presenten. Por instinto, y por experiencia, calcula las ventajas y desventajas de tener grandes existencias en efectivo; sabe que si conserva muy poco poder adquisitivo a su disposición pasará apuros con frecuencia, y que si guarda una cantidad excesiva disminuirá las fuentes materiales de sus ingresos y, además, que encontrará sólo muy pocas ocasiones en que emplear la totalidad de su poder adquisitivo disponible para conseguir un verdadero beneficio.

Resumiendo: la norma conveniente para una persona puede no ser buena para otra en condiciones semejantes; pero, como dijo Petty, "las personas más prósperas conservan poco. . . dinero en su poder, más bien lo gastan y emplean en adquirir productos diversos de los que obtienen gran provecho". (7)

5) Aunque el poder adquisitivo de una unidad monetaria varía, a igualdad de otros factores, inversamente al número de unidades, una emisión creciente de moneda papel no convertible puede rebajar aún más su crédito y, por tanto, disminuir la cantidad de poder adquisitivo disponible que los particulares deseen conservar. Es decir, puede rebajar el valor de cada unidad en proporción mayor al aumento de su número.

Hasta ahora no hemos tenido en cuenta la influencia que el prestigio de una moneda ejerce en el deseo de la población respectiva de conservar una parte de sus recursos, directamente en metálico en su bolsillo o en un banco o, indirectamente, en forma de valores o títulos cotizables en bolsa que producen una renta fija expresada en dinero.

Pero esta influencia puede ser muy importante, si está en peligro el crédito de la moneda. De hecho, todo aumento desproporcionado en el volumen de moneda inconvertible tiende fácilmente a rebajar el valor de cada unidad en proporción superior a dicho aumento: porque rebajará el crédito de la moneda y porque inducirá a todos a conservar en tal forma una cantidad de sus recursos menor a la que de otra manera conservarían. Conforme se aumenta el circulante, cada unidad representará, por consiguiente, una parte inferior de esta misma parte más reducida de sus recursos, y su valor sufrirá así una doble reducción. El valor total de la moneda papel inconvertible no podrá, por consiguiente, incrementarse por un aumento de su cantidad: todo aumento de su cantidad, que pueda juzgarse se repita, rebajará el valor de cada unidad en proporción superior a dicho aumento.

Esta noción de que la cantidad de poder adquisitivo disponible que necesita la población de un país en un tiempo dado es una cantidad fija está implícita, aun cuando no se manifieste de manera explícita, en la doctrina ahora tan extendida de que el valor de una unidad monetaria varía, a igualdad de otros factores, inversamente al número de unidades y a su velocidad media de circulación.

Esta "doctrina cuantitativa" contribuye eficazmente al estudio del problema sólo hasta cierto punto, pues no indica cuales son los "demás factores" que se presume que permanecen iguales para poder justificar la proposición, y no explica cuáles son las causas que rigen la "velocidad de circulación".

Se trata, casi, de una perogrullada, porque si en una columna de un libro de contabilidad se registran cuidadosamente todas las transacciones en dinero de un año, con sus valores, y en otra se especifica el número de unidades monetarias empleadas en cada transacción, las sumas de ambas columnas serán idénticas. La segunda columna representaría, desde luego, el valor total del número total de cambios de propiedad de todas las unidades monetarias, y esto es lo mismo, en otras palabras, que el valor total del dinero multiplicado por el promedio de los cambios de propiedad de cada unidad, dejando aparte los debidos a donaciones, robos, etc.

Los demás factores, que se presume que permanecen iguales para los fines de la exposición, incluyen: a) la población; b) el volumen de operaciones verificadas por habitante; c), el por ciento de dichas operaciones que se verifica directamente en dinero; y d), la eficiencia (o velocidad media de circulación) del dinero. Sólo si se cumplen estas condiciones puede comprobarse la validez de la doctrina, y, si se cumplen, la doctrina es casi una perogrullada.

6) El dinero se diferencia de otras cosas en que un aumento en su cantidad no ejerce influencia directa en la suma de servicios que proporciona.

Moneda papel inconvertible.

El carácter excepcional de esta doctrina "cuantitativa" del valor del dinero ha sido descrito de muchas maneras distintas. Pero el hecho central en la exposición que ahora realizamos es que 1m aumento en la cantidad de dinero de mI país no aumenta los servicios totales que proporciona. Esta declaración no es incompatible con el hecho de que un aumento de la cantidad de oro en el sistema monetario de un país aumenta su capacidad para obtener productos exportando oro, y le proporciona también la ventaja de poder convertir parte de su dinero en artículos de lujo y ornamento. Significa meramente que la finalidad de una moneda es, ante todo, facilitar las operaciones comerciales, y, para cumplir esta finalidad, necesita estar definida con toda claridad y ser aceptada por la generalidad de las gentes. A continuación, necesita representar un poder adquisitivo estable; pudiendo ser lograda tal estabilidad por una moneda papel in convertible en tanto que el gobierno, primero, pueda evitar que circulen billetes falsificados, y, segundo, pueda llevar al convencimiento de las gentes de manera absoluta que no se emitirán billetes en número excesivo. Las monedas de oro tal vez se consideren como verdadero dinero en la creencia de que la naturaleza no permitirá un aumento violento de la suma de dinero extraída de su seno. Si se descubriera (en contra de la opinión de geólogos y mineralogistas de que tal cosa es físicamente imposible) una mina de oro que contuviera un volumen de este metal tan vasto como el mineral que contiene una mina de carbón, las monedas de oro dejarían de prestar toda utilidad. (8)

Evidentemente, la estabilidad del valor de las monedas de oro se debe a veces a la estabilidad de la demanda de oro para fines ornamentales y para algunos usos industriales; pero el descubrimiento, si esto fuera posible, de un gran yacimiento de oro, produciría la gran dificultad de encontrar buenos usos para su empleo. Podríamos concebir un planeta cuya constitución fuera diferente de la del nuestro, en el cual una pequeña cantidad de mineral de hierro -por ejemplo, el necesario para fabricar una sierra- tuviera un valor en cambio superior al de medio kilo de oro. (9)

Si un gobierno fuerte regula una moneda inconvertible, el volumen de su _misión se determinará de tal suerte que el valor de cada una de sus utilidades se mantengan a un nivel fijo. Este debe ser tal que, primero, el nivel medio de precios permanezca inalterable según un sistema fidedigno de números índices; segundo, que este nivel medio se ajuste por sí mismo a los cambios generales en los precios en países cuyas monedas están ligadas efectivamente a los metales preciosos; o, tercero, que el gobierno del país en cuestión publique una lista cuidadosamente redactada de los precios generales dentro de su territorio respectivo, ajustando a los mismos el volumen de sus emisiones, es decir, por ejemplo, que un millar de unidades permita la adquisición, por término medio, de una suma uniforme de productos en general, a base de un plan como el sugerido en el capítulo III del libro I de esta obra.

Los billetes "convertibles" -esto es, billetes que puedan ser cambiados con toda certeza, al ser presentados, por oro u otro metal autorizado- ejercen aproximadamente la misma influencia en el nivel nacional de precios que el que ejercen las monedas acuñadas legalmente de valor nominal idéntico. Evidentemente, si surge la más pequeña duda acerca de su convertibilidad absoluta en moneda acuñada legal, cundirá la desconfianza respecto a los mismos, y si llegan a no ser totalmente convertibles, su valor caerá por bajo de la cantidad de oro (o plata) que nominalmente dicen representar.

Debe tenerse en cuenta que este capítulo se refiere a la demanda de dinero sólo cuando las condiciones del crédito en general son normales. Cuando el crédito se conmueve, entonces es aconsejable adoptar medidas anormales, o, si' fuese posible decir, medicinales, en relación a la oferta de dinero. Algo se dice al respecto en relación con las fluctuaciones de crédito en el Libro IV de esta obra.

NOTAS

(1) Este asunto se analiza con mayor detalle en la obra del autor Principios de Economía, Libro III, capítulo VI, así como en las notas del apéndice matemático y en el apéndice C de la misma obra.

(2) Así Petty, en su Taxes and Contributions (1667), consideraba cómo los títulos de propiedad de las tierras, bajo un buen sistema de registro público, y los "certificados expedidos por los depositarios de metales, tejidos, lienzos, cueros y otros productos de primera necesidad", en unión de los "créditos lombardos" y de los bancos de depósito, hacían que "fuese necesario menos dinero para las atenciones del comercio". Quería decir, sin duda, menos cantidad de dinero de poder adquisitivo igual al anterior y la misma cantidad de dinero de un poder adquisitivo inferior. Locke hizo un interesante estudio sobre este asunto, de! que se ocupó también el genio irresponsable y desequilibrado, pero fascinante, de John Law Harris y el agudo, pero menos conocido, CantilIon, en unión de otros, prepararon el camino a Hume y a Adam Smith.

(3) Ricardo es la figura principal entre ellos, y su gran prestigio ha dejado en la sombra la obra de los demás.
El profesor Hollander (Quartely Journal of Economics, 1911) ha demostrado cómo casi todas las partes de la doctrina de Ricardo fueron anticipadas por uno u otro de sus predecesores, pero su genio magistral, como ocurre con Adam Smith, le llevó a realizar la superior tarea de construir, con un número de verdades fragmentarias, una doctrina coherente.
Y esta doctrina constituye una fuerza constructiva precisamente por ser un todo orgánico.

(4) El profesor Lexis, en el artículo sobre el oro que publicó en Handwörterbuch der Staatswissenschaften, dice que cuatro quintos de la producción de oro entre 1801 y 1908 se obtuvieron durante los últimos sesenta años de dicho período.

(5) Es evidente que una persona particular que compra a base de crédito a largo plazo sin un motivo especial para ello paga más caro por sus compras, por una u otra razón, pues el comerciante trata de obtener una ganancia sobre su capital y los particulares raramente obtienen algo más que un pequeño tipo de interés para el suyo. No siempre beneficia a los comerciantes el llamar la atención sobre este hecho, en parte porque, cuando los clientes tardan mucho en liquidar, no están en posición de reclamar contra los fraudes que observan entre los géneros que se les sirve. El beneficio total que esto produce a los comerciantes, en unión del que les suponen las ventas al contado, varía con el importe del trabajo extraordinario de contabilidad, el riesgo de las malas deudas y otras circunstancias. En algunos casos, el obrero que sólo esté atrasado en sus pagos una semana se encuentra obligado a pagar un interés no menor de medio penique por chelín cada semana, esto es, un 200 % al año, teniendo en cuenta únicamente el interés simple.

(6) Esta exposición reproduce la contestación que di a las preguntas 11,759 a 11,761 formuladas por el Comité para el Estudio de la Situación Monetaria de la India en 1899. Una considerable parte de esta discusión sobre los problemas de moneda y crédito puede asimismo encontrarse en mis contestaciones a las preguntas 11,757 a 11,850 del cuestionario de dicho Comité y en mis contestaciones a las preguntas 9,623 a 10,014 y 10,121 a 10,126 del cuestionario formulado por la Comisión del Oro y de la Plata durante los años 1887 y 1888.

(7) Petty pensaba que el dinero "suficiente" para la nación era "aquél que se necesite para pagar las rentas de medio año de todas las propiedades rurales de Inglaterra, una cuarta parte del alquiler de las propiedades urbanas, los gastos de una semana de toda la población, y alrededor de una cuarta parte del valor de todas las mercancías exportadas". (Véase: preguntas 23 y 25 de Quantulumcunque, el capitulo IX de Political Arithmetic y el capítulo VI de Verbum Sapienti). Locke calculaba que "una cincuentava parte de los salarios, un cuarto de las rentas de los propietarios de tierras y una vigésima parte de los ingresos anuales de un corredor, en moneda disponible, puede ser bastante para mantener el comercio de cualquier país". Cantillon (1755), después de una larga y sutil exposición, deduce que el valor preciso es un noveno de la producción total del país, o, lo que él estima equivalente, un tercio de la renta de la tierra. Adam Smith, más próximo al escepticismo moderno, dice: "es imposible determinar la proporción", aun cuando "diversos autores la han calculado en un quinto, en un décimo, un vigésimo o una treintava parte del valor total de la producción anual".

(8) La complicada y cuidadosa impresión de los billetes de banco determina el que las buenas imitaciones sean muy caras y, por tanto, permite su fácil descubrimiento. La falsificación de los billetes del Banco de Inglaterra se evita, como es bien sabido, por procedimientos y medidas realmente excepcionales.

(9) Este ejemplo puede multiplicarse. Si los diamantes llegaran a ser abundantes, revolucionarían y ampliarían varios tipos de industrias para las cuales el acero no es bastante duro, pero en ese caso sería preciso utilizados con gran mesura para el adorno personal. Por otra parte, si una baja en el precio de la lana, o de cualquier otro producto realmente útil, determinara que se consumiese una mayor cantidad del mismo a un coste total inferior, produciría un aumento aproximadamente proporcional en la riqueza real del mundo; los ricos ganarían solo un poco, pero los pobres podrían tener un abrigo mucho más caliente.

Reroducido por evaristo-hernandez el 10/06/2007 18:47

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